El oro Astur: las cicatrices del pasado

Por Alejandro Mazaira Pereira.

A finales de 2010 realicé un pequeño y sencillo trabajo sobre los indicios geomorfológicos que las explotaciones de oro romanas del noroeste peninsular dejaron en los montes, el cual presenté en el máster de la Facultad de Geología de Oviedo. En aquel momento mis conocimientos sobre geología eran más que limitados y, además, era la primera vez que escribía un texto con formato científico (o al menos ese era el objetivo). Si bien es cierto que el resultado no fue demasiado profesional ni original, yo quedé bastante satisfecho, sobre todo porque aprendí mucho sobre algo que desde años fue omnipresente en mis caminatas por los montes maragatos: Las minas romanas de oro.

Para la redacción de este texto consulté varias publicaciones, entre las que no podían faltar las de mi amigo Roberto Matías, excelente y entusiasta investigador del tema. Como hoy en día sé un poco más de geología que cuando escribí el trabajo por primera vez, he realizado algunas pequeñas modificaciones que creo eran necesarias.

Yacimientos auríferos de la Sierra del Teleno y los Montes Aquilanos. Indicadores geomorfológicos de las explotaciones mineras romanas. Por Alejandro Mazaira Pereira.

RESUMEN

Con la conquista de las últimas tribus libres de Hispania por parte del Imperio Romano, se abrieron numerosas explotaciones auríferas en el noroeste de la Península Ibérica. Estas minas dejaron profundas cicatrices en el territorio dependiendo del método de explotación usado. A día de hoy estas huellas  pueden ser detectadas por una serie de indicadores geomorfológicos singulares.

1. INTRODUCCIÓN

Una vez que el noroeste de la Península Ibérica fue pacificado por los romanos en el año 19 a.C., no tardaron en comenzar las explotaciones mineras a gran escala, y a mediados del siglo I d.C., la práctica totalidad de los yacimientos estaban siendo trabajados. El territorio Astur era el que albergaba mayor número de yacimientos de oro, concentrando por ello el mayor número de minas (Fig. 1). Es precisamente en ese territorio, en las actuales comarcas de La Maragatería, El Bierzo y La Cabrera, donde se encuentran las explotaciones mineras de la Sierra del Teleno y los Montes Aquilanos, destacadas por ser, a priori, el mayor conjunto minero de toda la antigüedad.

Fig. 1: Yacimientos de oro en el noroeste de Hispania. El cuadro negro limita los yacimientos de las comarcas de La Cabrera, La Maragatería y El Bierzo, los más importantes del la Península Ibérica (Pérez-García et al., 2000).

 2. GEOLOGÍA DEL ORO

Las características físico-químicas más importantes del oro son: densidad muy elevada (19,3 g/cm3); escasa dureza; el mercurio lo disuelve a temperatura ambiente; se encuentra en estado libre en la naturaleza; tiene una total inalterabilidad ante agentes atmosféricos.

2.1.  YACIMIENTOS PRIMARIOS

La orogenia Hercínica desencadenó procesos hidrotermales en todo el noroeste de la  Península Ibérica que removilizaron paleo-placeres de oro existentes en niveles rocosos más antiguos durante el Devónico y el Carbonífero. El sustrato rocoso más importante de la zona de estudio está compuesto principalmente por areniscas, cuarcitas y pizarras de origen Cámbrico-Ordovícico pertenecientes a la serie Los Cabos. En esta región se desarrollaron zonas extensionales que produjeron la rotura del terreno, permitiendo el flujo de fluidos hidrotermales hacia la superficie a través de las fisuras, en las que precipitaron los minerales debido a la disminución de la presión y la temperatura (Fig. 2). La composición mineralógica de estos depósitos es principalmente cuarzo, arsenopirita, calcopirita, pirita, galena, plata y oro, en diferentes concentraciones.

Fig. 2: Rotura del sustrato rocosos por esfuerzos de cizalla. Los minerales disueltos en fluidos hidrotermales precipitan a medida que éstos ascienden (líneas azules) por las fracturas debido a la disminución de la presión y la temperatura.

 2.2.  YACIMIENTOS SECUNDARIOS

En estos yacimientos el oro se encuentra como sedimento en forma de placer en las zonas bajas de las montañas. En función de la época de formación del placer se diferencian dos tipos: depósitos Terciarios y depósitos Cuaternarios.

2.2.1. Depósitos aluviales Terciarios

Los depósitos terciarios se desarrollaron durante el Mioceno en un clima tropical muy caluroso y húmedo que favoreció el proceso de formación de laterita, un tipo de suelo pobre en sílice y rico en óxidos de hierro, que le dan un color rojo característico, y aluminio (Fig. 3).

Fuertes procesos erosivos disolvieron y transportaron el oro desde las vetas de los yacimientos primarios hasta las zonas de suelo laterítico. La presencia de iones Fe3+, OH y Mn2+ facilitó la precipitación del oro y la pérdida de la plata que llevaba asociada (Fig. 4).

Dentro de los yacimientos terciaros del noroeste peninsular destaca por su importancia el que dio lugar a la mina de Las Médulas, la mayor explotación minera del la antigüedad, donde se removieron más de 90 millones de m3 de arenas, gravas y arcillas. Este yacimiento está formado por depósitos aluviales de diferente composición y concentración de oro (Fig. 5).

Fig. 3: Formación de laterita (Enciclopedia Británica)

 Fig. 4: Esquema de disolución-transporte-precipitación del oro desde los yacimientos primarios hasta los depósitos terciarios en suelos lateríticos.

 Fig. 5: Características de las formaciones geológicas que componen el yacimiento de la mina de Las Médulas (Pérez-García et al., 2000).

 2.2.2. Depósitos Cuaternarios

Un nuevo cambio climático con intensas etapas de actividad erosiva originó un gran transporte de sedimentos que posteriormente formaron sucesivas terrazas fluviales en los cauces de los actuales ríos. Estos sedimentos tienen distinto origen: Depósitos aluviales miocénicos (Terciario), sedimentos fluvio-glaciares (Cuaternario) y sustrato rocoso (Paleozoico) (Fig. 6). Las características del oro en estos depósitos varían dependiendo de cuál sea el origen del sedimento, pudiendo variar el tamaño de grano, la pureza y la concentración.

Fig. 6: Durante el Cuaternario se formaron depósitos de sedimentos con oro en las terrazas de los ríos actuales. Este oro proviene directamente de los yacimientos primarios paleozoicos y de los yacimientos secundarios terciarios.

 3. INDICADORES GEOMORFOLÓGICOS DE LA MINERÍA ROMANA

Como indicadores geomorfológicos de labores mineras se entiende el conjunto de transformaciones físicas que sufrió el terreno durante su periodo de explotación y que aún son visibles, pudiendo ser confundidas en ocasiones con transformaciones naturales.

Toda la minería superficial romana se basaba en una técnica que los romanos denominaban “arrugia” (descrita por Plinio el Viejo), que consistía en el empleo de la fuerza del agua para remover y lavar grandes cantidades de roca y tierra.

3.1  INDICADORES GENERALES

Existen tres tipos de indicadores geomorfológicos generales en todas las explotaciones mineras romanas de esta región.

– Red hidráulica: Consiste en numerosos canales y balsas que abastecían de agua a cada explotación. Las balsas pueden tener diferentes formas y medidas, siendo las más grandes de hasta 90x40x3 m. (Fig. 7) (Matías, 2006). En la actualidad estas balsas pueden albergar agua formando lagunas o estar totalmente secas (Fig. 8). Los canales pueden llegar a tener más de 100 Km. de longitud y se caracterizan por tener una pendiente muy reducida (0,5-1 grados), por lo que forma líneas prácticamente horizontales en las faldas de las montañas a distintas cotas, siendo visibles desde kilómetros (Fig. 9). Hoy en día aún se sigue usando los canales cercanos a los pueblos para canalizar el agua o como caminos. Algunos de estos canales y balsas están excavados directamente en la roca y pueden albergar túneles al pasar por estratos rocosos de mucha dureza como crestones cuarcíticos.

Fig. 7: Vista aérea de balsas de almacenamiento y canales en Peña Cetrera (Sierra del Teleno). Estas balsas recogían el agua del deshielo y la distribuían a través de los canales.

Fig. 8: Balsa en forma de arco en el Monte Teleno.

 Fig. 9: Varios canales en diferentes cotas en los Montes Aquilanos.

 – Desmontes: Corresponden al volumen de material removido en cada explotación. Dependiendo del tamaño de la mina hay desmontes de mayor o menor tamaño, pudiendo alcanzar decenas de millones de metros cúbicos (más de 100 Mm3 en Las Médulas). En algunos casos podría confundirse estos desmontes con zonas de erosión fluvial natural, grandes deslizamientos o formaciones de índole glaciar (Fig. 10).

Fig. 10: Desmonte de la corta de Pozos, en La Cabrera (Matías, 2006).

 – Murias: Son grandes acumulaciones de estériles de mina. Están compuestos principalmente por cantos rodados (en las zonas de depósitos terciarios y cuaternarios) y por cantos angulosos (cerca de yacimientos primarios). Estos últimos pueden ser confundidos con los típicos canchales de alta montaña que se general por procesos naturales de meteorización térmica y erosión glaciar (Fig. 11).

Fig. 11: Acumulaciones de estériles de mina denominadas murias, en explotaciones de yacimientos secundarios (izquierda, cerca de Tabuyo del Monte) y primarios (derecha, en Llamas de Cabrera).

 3.2 INDICADORES ESPECÍFICOS DE CADA TIPO DE EXPLOTACIÓN

Cada explotación minera tiene así mismo unos indicadores geomorfológicos específicos, que dependerán del método usado en el desarrollo de las labores.

Ruina montium. Consistía en la excavación de una red subterránea de canales ciegos en la zona en la que se deseaba extraer el oro. Se dejaba caer un torrente de agua hacia estos canales ya inundados, de manera que hiciera aumentar la presión hidrostática en la base de la montaña, desestabilizándola y haciendo que se derrumbara. Este fue el principal método usado en la mina de Las Médulas, y fue útil en zonas con grandes potencias de sedimentos. Las minas explotadas por este método presentan grandes desmontes y restos de galerías verticales y horizontales (Fig. 12).

 

 

Fig. 12: Restos de las galerías subterráneas usadas en la técnica ruina montium, en Las Médulas.

 – Lavado superficial. Este método era utilizado para lavar las amplias zonas de sedimentos secundarios, terciarios y cuaternarios (Fig. 13), cuyas potencias no superan los 10m. La técnica más representativa de estas explotaciones es la de tipo “peine”. Estas labores están divididas en grupos de 6 ó 8 canales paralelos entre sí y poco profundos que convergen en un único canal de desagüe, donde se recogía el oro (Fig. 14). Debido a que estos trabajos eran superficiales puede resultar difíciles de ver desde el terreo (Fig. 15), pero destacan sin problemas vistos en fotografía aérea. Otra característica que lo identifica son las grandes acumulaciones de murias a lo largo de los canales. Además, se cree que este tipo de explotación era utilizado como método de prospección intermedio, con el que podían definir bien las zonas con mayores concentraciones oro para su posterior explotación más profunda.

Fig. 13: Explotación minera (en rojo) en depósitos cuaternarios de origen glaciar (morrena) en el valle del Arroyo de Peña Bellos, en La Maragatería.

 Fig. 14: Vista aérea de una explotación superficial de tipo peine sobre sedimentos rojos miocénicos en las inmediaciones de la Sierra del Teleno. Los canales de lavado se han resaltado en azul.

Fig. 15: Vista en terreno de una labor de tipo peine en La Maragatería.

 – Cortas en ladera: Se dan en zonas cercanas a yacimientos primarios en los que el sustrato rocoso está muy meteorizado. Al darse en cotas más elevadas, los desmontes cortan la pendiente de la ladera, formando vaguadas que pueden ser confundidas con actividad fluvial o glacial (Fig. 16). En la parte inferior de estas cortas suelen aparecer importantes acumulaciones de murias.

Fig. 16: Vista de una gran corta en las faldas del Monte Teleno. Se han destacado el desmonte (amarillo) y la zona de lavado con gran acumulación de murias (rojo). La línea azul corresponde a un canal hidráulico que alimentaba una explotación más antigua. La rotura de canales por las explotaciones permiten realizar una datación relativa de unas labores respecto a  otras (Modificada de Matías, 2006)

 – Labores subterráneas: En los yacimientos primarios en donde el sustrato rocoso estaba más o menos sano, se excavaban galerías siguiendo los planos de las vetas de cuarzo que contenían oro (Fig. 17). En estas galerías es normal ver marcas de las herramientas usadas, así como pequeñas oquedades en las paredes donde se colocaban las luces (lucernarios). Las minas subterráneas son fáciles de catalogar, ya que en estos sustratos rocosos (arenisca, pizarras, cuarcitas…) no se dan de forma natural las cuevas, aunque por otro lado, son bastante difíciles de encontrar en el terreno debido al pequeño tamaño de las entradas y el difícil acceso a estas explotaciones.

 

 

 

 

 

 

 

Fig. 17: Galerías de dos explotaciones subterráneas cerca de Montealegre.

 3.3 EL LAGO DE CARUCEDO

En último lugar hay que comentar el curioso caso del Lago de Carucedo, que es en sí mismo un indicador geomorfológico de minería, aunque de forma indirecta (Fig. 18). Situado a varios kilómetros ladera abajo de la mina de Las Médulas, este lago ha sido tema de debate en cuanto a su formación. La explotación ininterrumpida de esta mina durante algo más de dos siglos generó una cantidad ingente de estériles que fueron depositando en la zona noroeste de la misma, llegando a colmar el valle situado más abajo, lo que causó el embalsamiento del rio aguas arriba formando el lago.

Fig. 18: Vista aérea de la mina de Las Médulas (amarillo), los depósitos de estériles (rojo) y el lago de Carucedo (azul).

 4. CONCLUSIÓN

La minería de oro romana dejó profundas cicatrices en el terreno, siendo en algunos casos claramente interpretables, mientras que en otros pueden ser confundidos con procesos naturales. Para la correcta comprensión e identificación de los indicadores geomorfológicos que las distinguen, es fundamental un buen estudio y entendimiento de la propia geología del oro así como de los diferentes métodos usados en las labores mineras romanas.

ANEXO FOTOGRÁFICO

Fig. 19: Labor minera en Filiel. Se ha destacado la corona (amarillo), el perfil del desmonte (negro), las murias (rojo) y los canales (azul) (Foto izquierda: Matías, 2006).

 

Fig. 20: Labor minera en Quintanilla. Se ha destacad0 la corona (amarillo), las murias (rojo) y los canales (azul).

 

 

 

 

Fig. 21: Labor minera en Chana. Se ha destacado las murias (rojo), los canales (líneas azules) y las balsas de almacenamiento de agua (relleno azul).

 Fig. 22: Tramo de canal de transporte de agua en Villalibre.

 Fig. 23: Mi amigo David sobre un canal de transporte de agua en Filiel.

 Fig. 24: Acumulación de estériles (murias) en la mina de Las Médulas.

 Fig. 25: Esquema del método ruina montium, usado en las minas de Las Médulas y La Leitosa, en El Bierzo.

 BIBLIOGRAFÍA

Pérez-García, L.C., Sánchez-Palencia, F.J., Torres-Ruiz, J. (2000). “Tertiary and Quaternary alluvial gold deposits of Northwest Spain and the Roman mining (NW of Duero and Bierzo Basin)”. Journal of Geochemical exploration. Vol. 71: pp. 225-240.

Martín, C. (2006). “El oro en las médulas: su geología y arqueología”. Senderos GeoArqueológicos, 2. Sociedad de amigos del Museo Nacional de Ciencias Naturales.

Matías, R. (2006). “La minería aurífera romana en el noroeste de Hispania: Ingeniería minera y gestión de las explotaciones auríferas en la Sierra del Teleno”. Nuevos elementos de ingeniería romana. III Congreso de las obras púbicas romana (Astorga). Traianvs. (PDF online)

Matías, R. (2004). “El complejo minero de Llamas de Cabrera”. Traianvs. (PDF online)

Sánchez-Palencia, F.J., Orejas, A., Sastre, I., Pérez-García, L.C. (2006). “Las zonas mineras romanas del noroeste peninsular. Infraestructura y organización del territorio”. Nuevos elementos de ingeniería romana. III Congreso de las obras púbicas romanas (Astorga). Traianvs. (PDF online)

Alejandro Mazaira Pereira

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2 respuestas a El oro Astur: las cicatrices del pasado

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