La “Santa Compaña” en Maragatería

La Santa Compaña es uno de los relatos que antaño más repetían al calor de la lareira en las más remotas aldeas gallegas para inspirar terror a los que osaban salir en plena noche, para advertirles del peligro que guarda la oscuridad y evitar que al abrigo de ésta se les pudiera ocurrir hacer cualquier mal. La Santa Compaña no solo se deja ver en la profunda Galicia, también aparece en Asturias donde le llaman la Güestia y en algunos puntos más de la geografía donde el monte se vuelve denso y escarpado y la caída de la noche da pie a los miedos más primitivos. Pero Maragatería también era una tierra que se prestaba a la velada o al filorio y, mientras las huesudas manos de las ancianas tejían las calcetas o los escarpines de lana para las galochas, surgían historias a la luz de la lumbre que hacían que la vuelta a casa fuera rápida y sin volver  la vista, para evitar encontrarse con lo extraño. Bartolo el rondador es la versión maragata de la Santa Compaña. Es el relato que recoge de boca de una viejecita el párroco Jerónimo Probanza Antón en 1930, en su libro “Santa Colomba de Somoza; su pasado y su presente”. Es extraño que un cura escriba sobre este tipo de supercherías y también es raro que el relato se conozca con el nombre de “Bartolo el rondador”, pues seguramente tuviera otro nombre (quizá fuese la hueste de ánimas), que cambió para evitar la censura de la revisión eclesiástica y pasar de puntillas el tema escabroso. Sin más os dejo con este relato estremecedor sacado de uno de los libros qué más me he costado conseguir para mi biblioteca maragata

Bartolo el rondador:

“Había en este pueblo (Santa Colomba de Somoza), hace ya mucho tiempo, un mozo muy rondador, llamado Bartolo. Escondíase en las noches de verano en la casa de la derecha junto al portillo que da entrada a la Vega para, desde una ventanuca, curiosear las conversaciones de las mozas que iban a regar los linares. Mas, he aquí que un día a media noche vio venir de hacia la huerta del cementerio una larga procesión, cuyas personas, de blancas túnicas, traían velas encendidas en sus manos, cerrando aquella imponente comitiva un hombre cojo que también llevaba en su mano su chispeante vela. Musitando oraciones de penitencia, llegaron al portillo dirigiendo sus lentos pasos hacia la Iglesia parroquial. Mientras tanto, nuestro Bartolo, asomando a la ventana, lleno de pavor y miedo contempló inmóvil el paso de las almas purgantes,sin que esperase el retorno de la fúnebre procesión. Repetido este espectáculo de ultratumba por tercera vez, se sintió Bartolo con fuerzas para salir de su escondrijo, y al pasar el cojo, como más débil sin duda, se acercó a él y con violencia le quitó la vela de su mano, y al momento se convirtió ésta en la mano de Bartolo en un árido y descarnado hueso que arrojó al suelo, y se dio a la fuga. Movido por el remordimiento, se resolvió a esperar la noche siguiente la venida de la procesión, recoger el hueso y devolverlo al cojo desvalido.

Al efecto, el rondador y compungido Bartolo esperó en su escondrijo, y al llegar la procesión del purgatorio, vio con sorpresa que el hombre cojo iba sin vela. Se aproximó a él y trémulo y silencioso le entregó el humano hueso; y ¡cosa extraña! al instante se convirtió de nuevo en ardiente vela”. Bartolo se retiró tranquilo, y de seguro, aunque no me lo dijo la viejecita, dejó sus andanzas de mozo rondador.

Jerónimo Probanza Antón “Santa Colomba de Somoza. Su pasado y su presente” 1930

Espero que hayáis disfrutado de la historia y que no tengáis que cruzaros con tan terrorífica comitiva.

 David Andrés Fernández 07/XI/2012

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2 respuestas a La “Santa Compaña” en Maragatería

  1. Xana Llión dijo:

    Estas historias de ánimas y aparecidos también existían en la contorna de Coyança, concretamente la mi guela, de Villacé, nos contaba a los nietos las historias de “La Gueste” que conocía de los filandones o veladas de su infancia (nació en 1892).

  2. Pingback: Cuarto Milenio rastrea el culto de los muertos en Maragatería | Blog del tamboritero maragato

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