Recordando a Concha Espina y a la Esfinge Maragata (IV)

Pueblos maragatos mencionados en “La Esfinge Maragata” (2º)                           

Por José Manuel Sutil Pérez

En la última entrega en la que narrábamos el descubrimiento que la jóven maragata Mariflor Salvadores hace de Valdecruces a la mañana siguiente de su llegada a la Maragatería, Concha Espina menciona dos pueblos maragatos muy cercanos a Astorga: Piedralbina y Valdespino. Piedralbina es actualmente solo un recuerdo histórico, ya que en el siglo XIX dejó de existir, conservándose sinembargo, su memoria hasta el día de hoy por la documentación existente y en el recuerdo de tres pueblos vecinos: Oteruelo, Piedralba y Morales; pueblos de la baja Maragatería en el margen del Turienzo. Por otra parte es cierto y fuera de toda duda, que Concha Espina visitó los pueblos más inmediatos a Astorga varias veces: Morales, Piedralba, Oteruelo, Val de San Lorenzo, Valdespino y Val de San Román.

Muchas veces me he preguntado y he comprobado con cierta sorpresa que algunos investigadores coinciden conmigo en la respuesta a la pregunta que nos hacemos: ¿Valdecruces, no lo habrá tomado Concha Espina comop un compuesto de los pueblos maragatos que integran la conocida en los docuemntos como la “zona valense”, integrada por los también conocidos como “los dos Vales”: Val de San Lorenzo y Val de San Román juntamente con Valdespino y también, por qué no con Valdeviejas?

¿Y qué estos Vales que ella visitó le inspiraron el ficticio “Valdecruces” de la novela? Avala esta posibilidad el hecho de que tanto Val de SAn Lorenzo como Val de San Román ofrecían hace cien años (1912) un aspecto totalmente distinto al actual, especialmente Val de San Lorenzo, -un pueblo prácticamente nuevo en sus construcciones- ya que de mi infancia y adolescencia recuerdo la cantidad de viviendas techadas de cuelmo”, que daban al pueblo un aire de pobreza, en el que las casas maragatas de arrieros, con alguna excepción, nrillaban por su ausencia, ya que la dedicación del Val -aunque si hubo arrieros- no fue a la arriería, si no al oficio de tejedores y cardadores. Algún autor del siglo XIX al mencionar al Val de San Lorenzo escribe: “es el pueblo de más habitantes de Maragatería y donde más pobres hay” y lo mismo decir de Val de San Román con una ddedicación casi al por mayor a la agricultura, gracias a las zonas de regadío del Turienzo.

Valdespino, por el contrario, fue uno de los pueblos maragatos que destacó por su dedicación a la arriería, así lo demuestra una abundante documentación, y el hecho de su construcción típica arriera, muy parecida a su inmediato Santiagomillas, sin descartar que también existieron -las menos- construciones techadas de cuelmo o de paja.

Otro dato curioso es la existencia en estos pueblos de la “zona valense” de cruceros en las plazuelas, o cruces de calles o de caminos, con cierta abundadncia como de niños pudimos comprobar, también existentes en otros pueblos maragatos, y que tristemente, sin ninguna explicación que lo justifique han desaparecido, considerando como excepcional el crucero de piedra existente en la actualidad en Valdespino, los demás eran de madera, el de Valdespino construido por canteros gallegos afincados en el pueblo y fallecidos en el mismo según los libors sacramentales de la parroquia, venidos a Maragatería para ocuparse en las obras de cantería de dinteles y arcos de medio punto de puertas y ventanas de las casas maragatas.

Nos preguntamos de nuevo: ¿podría ser este el origen del topónimo Valdecruces de la “Esfinge Maragata”? Ni afirmo ni niego, simplemente constato realidades que pueden darnos un poco de luz.

En cuanto el comentario de Olalla, la prima de Mariflor: “nuestra parroquia es tan buena como la de Valdespino”, nos confirma las repetidas visitas de la novelista santanderina a este pueblo maragato y concretamente s su iglesia parroquial dedicada a la MAgdalena y una de las mejores de la baja Maragatería, especialmente por su retablo mayor, barroco de 1760 y sin duda, en mejor en su estilo de toda la somoza, juntmante con el de Lagunas (1575) y el romanista de Quintanilla de Somoza, obra de Gregorio Español, de finales del XVI y principios del XVII, sin dejar por menos de mencionar aunque un tanto alejadas de esta zona de Maragatería las iglesias de Turienzo de los Caballeros con restos románicos de los siglos XI y XII más sobresalientes de la comarca y la iglesia de Molinaferrera en la alta Maragatería con su capilla mayor de 1571 y fábrica de tres naves sin duda la más sobresaliente del municipio de Lucillo de Somoza donde la Maragatería deja de ser, “una llanura tan triste y tan inutil” para adquirir tipología de montaña, una Maragatería más apartada y recóndita cobijada por el Teleno, monte sagrado de la región, pues paraece ser que Concha Espina llegó en sus viajes únicamente hasta Boisán al que cita expresamente.
Otor pueblo mencionado en la novela -no podría ser por menos por su cercaníaa Astorga- Val de San Lorenzo paso obligado en el camino a Valdespino.

La ocasión de mencionar el Val de San Lorenzo la sitúa Concha Espina en una de las visitas que Mariflor Salvadores hace a su amiga Ascensión, la sobrina de D. Miguel el párroco de Valdecruces, “paño de lágrimas de la jóven maragata”. Ascensión está preparando en el “cuartico” -habitación en toda casa maragata arriera contigua a la cocina- dividida por cortinajes de alcoba y “salita de estar” en términos actuales. Ascención tine entre las manos un trozo de “blanqueta” y Mariflor le pregunta: “¿la has hilado tu? Sí pero antes lleva muchos trajines. Cada vellón se lava, se esponja, se escarpena, se carda y se hila: todo lo hacemos aquí; despues lo tejen en Val de San Lorenzo”. Como escribió el sacerdote estorgano Esteban Carro Celada: “Concha Espina había aprendido muy bien la lección de sus visitas maragatas”.

No podía faltar entre los pueblos maragatos visitados por Concha Espina, y uno de los más señoriales de la comarca, Santa Colomba de Somoza, corazón de la Maragatería ya que geográficamente hablñando ocupa el punto central de la comarca, situada a la vera del Turienzo que la divide en dos núcleos urbanos: uno más moderno y señorial y el otro más antiguo y tal vez el primitivo del pueblo, algo frecuente en Maragatería el dividirse los pueblos en varios núcleos. Es curioso que Concha Espina no lo mencione con su nombre exacto “Santa Colomba” si no que denomina a esta villa maragata como “Santa Coloma”. Y el mencionarla es con ocasión de hablar sobre Antonio Salvadores, que dice “que a él le gusta más Santa Coloma el pueblo de su madre”. Este apuesto maragato que pretende contarer matrimonio con su prima Mariflor, en las antípodas que la jóven maragata buscaba como compañero de su vida y poderse escapar del trágico destino maragato que la amenazaba, ya que ella estaba enamorada de un joven que ni era maragato ni arriero, si no para más colmo poeta, profesión despreciada por los potnetes maragatos que valoraban siempre y en primer lugar el dinero por encima de cualquier otro valor humano y divino, como demostraron a mediados del siglo XIX, sin escrúpulos de ningún tipo, adquiriendo a precios irrisorios, los bienes robados a la iglesia en la Desamortización de Mendizábal, saiendo o ignorando de buen grado, la pena de excomunión lanzada por la iglesia a los que adquiriesen dichos bienes: especialmente fincas rectorales y monacales, decir no obstante, que al final de la vida podáin incluso, como algún autor ha escrito “comprar el cielo” con las mandas de hasta “mil misas” que dejaban en su testamento como sufragio.

Siempre me he preguntado qué motivos tuvo Concha Espina para cambiar el nombre a este pueblo maragato: “Santa Coloma” por el auténtico de Santa Colomba. ¿Fue un error de percepción?  ¿Lo confundió con otras poblaciones españolas -especialmente en Cataluña- que se denomina Santa Coloma? ¿O pudiera ser un error de imprenta al publicarse la novela en 1914? Nunca sabremos los motivos de equivocación al nombrar a este pueblo maragato.

José Manuel Sutil Pérez  27/07/2012

Recordando a Concha Espina y La Esfinge Maragata (I)

Recordando a Concha Espina y La Esfinge Maragata (II)

Recordando a Concha Espina y la Esfinge Maragata (III)

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