Recordando a Concha Espina y la Esfinge Maragata (III)

Pueblos maragatos mencionados en la Esfinge Maragata por Concha Espina: ¿reales o ficticios? (1º)  –Por José Manuel Sutil Pérez-

Partiendo del hecho de que Concha Espina escribió una novela sobre Maragatería, no un libro de historia, tenemos que partir de la base de que todo novelista, refleja en sus novelas hechos y aspectos reales, hechos y aspectos ficticios y deja después al lector un amplio margen de libertad para que interprete personalmente un conjunto de aspectos o de hechos como reales o ficticios.

Es curioso que los que han leido la Esfinge Maragata -tengo que decir que un porcentaje bajísimo por parte de los habitantes de Mragatería, ya que cuando en 1914 se publicó la novela, la crítica y el rechazo de los maragatos entonces fue muy fuerte-, pues hemos de reconocer que tanto los habitantes como la tierrra que describe quedan reflejados en una realidad muy dura por parte de la escritora santanderina, aun reconociendo -es una opinión personal como maragato del siglo XXI cien años después de escribirse-, que es lo mejor que hasta ahora se ha escrito sobre nuestra querida Maragatería, por supuesto en el aspecto literario, no en el histórico, después de tanto y como se ha publicado y discutido sobre esta tierra hasta nuestros días.

Es triste que para los que se han decidido a leer la Esfinge Maragata toda su preocupación seaa totalmente localista, es decir, donde se realiza la vida maragata que refleja la novela, qué pueblos refleja, cuales omite, y sobre todo cual es el “dichoso Valdecruces” que protagoniza la vida de la novela: ¿es ficticio o real?

Como “Investigador Mayor de la Maragatería” -reconocimiento que estoy convencido podrían merecer más investigadores, pero para mi como maragato es el más honroso, puedo afirmar que nunca me he encontrado en la documentación del Archivo Diocesano, o en la documentación familiar, o en otras fuentes escritas, que no son muchas, ni dentro de la antigua Somoza más tarde Maragatería, me he encontrado con ningún poblado denominado Valdecruces, ni actual ni desaparecido.

Está claro que Valdecruces es la concentración novelística de los pueblos maragatos que Concha Espina visitó y anduvo, que parace ser fueron una minoría. Da la impresión que en el ficticio Valdecruces la escritora intenta reflejar el drama de la Maragatería que visitó personalmente y que conoció a través de lo mucho escrito sobre la comarca. Por este motivo es absurdo que algunos escritores y autores sobre la Maragatería identifiquen sin ningún escrúpulo a Valdecruces con pueblos concretos de la comarca con nombres y apellidos.

Una coso qe que en el ficticio Valdecruces se reflejen aspectos más pronunciados y concretos de algunos pueblos maragatos que la escritora visitó y que son como “rastros” que intencionadamente dejó Concha Espina para que el posible lector de su novela pudiese loaclizar, y otra muy distinta identificar al Valdecruces de la novela con un pueblo concreto, algo que ella conscientemente evitó, aun pudiendo afirmar que algún pueblo maragato tal como Morales personalmente encuentro rasgos muy concretos que Concha Espina describe en el Valdecruces de su novela, y que alguna vez he publicado, sin pasar de impresión personal.

Mariflor Salvadores hace su entrada en Valdecruces no precisamente triunfal, cuando Concha Espina escribe: “una ansiedad respetuosa y fuerte le empujaba hacia la tierra madre, incógnita y callada, como un secreto de lo por venir”; y entre los “pueblos olvidados” como la escritora califica a los pueblos maragatos, la joven maragata se topa “entre el encaje de las sombras cada vez más espeso, se agazapaban, abocetados, desvaidos, barruntos de una aldea muy pobre, a juzgar por los umbrales”. Empujada por un destino fatal Mariflor Salvadores había llegado a Valdecruces al que jamás abandonaría, por la decisión heroica o trágica de tener que contraer matrimonio de compromiso, es su caso con el primo Antonio Salvadores, al que ni conocía no quería por su “obligación” de salvar la situación económica de la familia, algo muy frecuente en Maragatería, ya que el dinero era uno de los valores indiscutibles para el maragato juntamnete con la familia y la tradición.

Es curioso que el primer pueblo real que concha espina menciona en su novela sea Valdespino de Somoza a 9 km de Astorga, y que me consta que visitó varias veces haciendo noche incluso en la casa maragata de la familia de los “Ares”. Cuando Mariflor Salvadores descubre a la mañana siguiente de su llegada a Valdecruces escribe la novelista: “que vislumbró débilmente el diseño borroso del humilde caserío, techado con haces secas de paja amortecida, confunciéndose con la tierra en un mismo color, agachándose, como si el paso de la macielenta cobertura le hiciese caer de hinojos pidiendogracia y misericordia, en actitud de sumisión y pesadumbre, las casuscas de paja, agobiadas y reverentes exalaban un humo blanco y fino…” No es extraño que la primera exclamación de la maragata fuese “¡parece un nacimiento!”.

Es entonces cuando su prima Olalla para compensar a Mariflor de tan triste visión comenta: “la parroquia tiene la techumbre de teja, y por dentro nuestra parroquia es mejor que la de Piedralbina y tan buena como la de Valdespino…”
Con el permiso y paciencia del posible lector sueguiremos. La Esfinge Maragata tiene muchos que contarnos después de cien años.

José Manuel Sutil Pérez 26/06/2012

Recordando a Concha Espina y La Esfinge Maragata (II)

Recordando a Concha Espina y La Esfinge Maragata (I)

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8 respuestas a Recordando a Concha Espina y la Esfinge Maragata (III)

  1. santiaguin dijo:

    ¿Se nota algo aun de piedralbina o es piedralba la del libro? Aun no he tenido el gusto de leer esta obra

    • David A. Fdez. dijo:

      Hola Santiaguín,

      En el libro se habla de Piedralbina. Este pueblo, que antiguamente también recibía el nombre de “Santa Olalla” (Santa Eulalia en castellano), quedó despobaldo a mediados del siglo XVIII y se volvió a habitar brebemente en el siglo XIX quedando abandonado hasta hoy. Sus ruinas pueden apreciarse detras de la iglesia de Oteruelo, en unas peñas del camino a Piedralba.

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