Recordando a Concha Espina y La Esfinge Maragata (II)

La Maragatería que Concha Espina encontró en su viaja a la Comarca en 1912. Por Jose Manuel Sutil Pérez

Podemos afirmar que si Concha Espina regresara a la Maragatería en 2012, cien años después de su visita, su comentario podría ser este “esta no es mi Maragatería me la han cambiado”.

La Maragatería de 1912, era una comarca recóndita un tanto perdida entres Astorga y el Teleno, prácticamente incomunicada, que, no obstante, seguía aferrada a lo único que le quedaba: sus peculiaridades costumbristas en ese círculo cerrado bajo el temido e impresionante Teleno, no obstante haber recorrido sus habitantes todos los caminos de España.

La arriería con la llegada del ferrocaril había fracasado, y el pueblo maragato a finales del siglo XIX había iniciado su particular “éxodo”. En principio a Galicia y a Madrid. Los maragatos con la pérdida del tráfico arriero, al llegar el ferrocaril, perdieron al mismo tiempo su poder, su prestigio y especialmente su trabajo.

Como expresión de esta situación de estancamiento se nos muestran en el pueblo maragato de Santiagomillas esas espectaculares plantas de casas arrieras con su arco de medio punto, casa sin terminar -en el pueblo le llaman cercos- que al fracasar la arriería sus dueños las abandonaron al emigrar y que siguen siendo testigos del “desencanto” que sufrió la Maragatería a finales del siglo XIX. Ha sido como siempre la documentación la que me ha demostrado que no son casas caídas como el pueblo creía, si no casas maragatas iniciadas pero no terminadas; como le hemos dado en llamar un barrio arriero sin terminar.
Ha esta situación añadir la emigración maragata -en su segunda etapa- que abarca las dos primeras décadas del siglo XX, en estos años, especialmente a América del Sur: Argentina, Cuba, México, Puerto Rico y Brasil. No es extraño que en 1912 Concha Espina se encontrara en Maragatería con una población mayoritariamente femenina de caracter matriarcal, los varones brillaban por su ausencia, pero no ya por la arriería, si no por la emigración varonil casi masiva.

Precisamente la protagonista de la novela, la joven maragata Mari Flor Salvadores “nacida y criada en la Coruña”, destino emigratorio de muchos maragatos, tiene que refugiarse en casa de su abuela Dolores en “Valdecruces” porque después de la muerte de su madre, su padre arruinado emprende el camino sin retorno a la Argentina.

El aspecto de los pueblos de la comarca hace un siglo sin luz eléctrica ni agua corriente con calles y caminos embarrizados en invierno y polvorientos en verano, sin carreteras, con la mayoría de las viviendas techadas de “cuelmo” con excepción de las “mansiones” de los arrieros, únicamente el llamado “Camino de AStorga” constituía en muchos pueblos un signo de esperanza hacia otro mundo no maragato. Ante este panorama no es de extrañar que la novelista santanderina escribiera “una mordaza de melancolía atenazó a los viajeros a la salida de Astorga, hasta Boisán donde la naturaleza se engalana con raros alardes de hermosura para subir al Teleno”.

Para compensar lo negativo de la descripción ante la Maragatería que se encontró -hay que reconocer que tal vez un poco exagerada dicha descripción escribe: “Maragatería es muy grande y hay pueblos ricos con casas a la moda: Santa Colomba?, Santiagomillas?, Rabanal?, Castrillo?, como algún autor moderno ha escrito pueblos donde se refugiaba la denominada “burguesía maragata”; en realidad una minoría dentro de la comarca, en el resto: pobreza, desncanto, aislamiento, una lucha despiadada con la dureza de la tierra para arañarle exiguos frutos, como la califica la escritora santanderina: “el más duro y yermo solar del páramo legionense”.

No es de extrañar pues que la escritora proviniente de Cantabria, uno de los vergeles dentro de la Península, se quedara impactada ante la Maragatería que se encontró y visitó hace cien años en 1912: como ella misma escribió “una tierra tan triste y tan inútil, sembrada de pueblos estancados y ruines…”, tal vez un tanto exagerada en su visión y descripción de la comarca, pero reconociendo que la Maragatería nunca fue ningún paraíso en lo tocante a su marco geográfico.

Jose Manuel Sutil Pérez. 22/05/2012

Recordando a Concha Espina y la Esfinge Maragata (I)

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