José Ares de Blas, “Pepe”, el herrero de Valdespino de Somoza (II)

EL ÚLTIMO HERRERO TRADICIONAL

“Cuando yo lo deje, se acabaron estas navajas

José Ares Blas, con 87 años, sigue al pie del cañón en su tradicional fragua de Valdespino

Su condición de ‘último mohicano’ de la herrería tradicional convierte a José Ares Blas en visita obligada para todos los que pasan por Valdespino. Mauricio se pone a disparar sin descanso su cámara de fotos y el veterano artesano no se inmuta, sigue trabajando con sus navajas, y de vez en cuando se detiene, temira y sonríe: “Aquí vienen y yo no sé quién son. Estuvieron unos de Astorga que pasaron el día entero retratando, la fragua, la piedra de afilar, las navajas, la azuela, a mí… otro día los de la tele esa de Castilla. Claro estas cosas ya no las hace nadie y yo no se hacer otras, llevo en ello toda la vida, desde los 14 años, que aprendí el oficio con mi tío Francisco. Y tengo 87 años, pues ya sabe los que llevo machacando el yunque”.
Mientras lo cuenta llega el secretario, con unos amigos. “Veníamos a verle la fragua pero no la tiene encendida”.
– Es que hoy estuve para el monte y mañana bajo a Astorga, que hay mercado. El jueves la enciendo, si les hace el viaje…
Pepe Ares no es solamente un viejo herrero, de los de siempre, es un arcón lleno de palabras y expresiones con sabor antiguo. En la actualidad hace casi exclusivamente navajas pero sólo escucharle recordar los aperos que en tiempos hacía es un viaje a la memoria de los trabajos y los días: “Hacía herraduras y herraba, rejas, cuchillos, hocines, azadones, tijeras de esquilar, pomos para las puertas, picaportes… y lo que quisiera mandar el cliente”. También conoció viejas costumbres que hablan de la solidaridad de los pueblos, como la de ‘avenidos al pan del año’, es decir, encargar trabajos y pagar en especies cuando se hiciera la cosecha. “Vete a ver si volverá el trueque, según dicen que está la cosa”.
No aparenta Pepe Ares los 87 años. No los refleja su cara pero, sobre todo, no los trasmite su vida. Trabajada todos los días, sube al monte con una agilidad que para sí quisieran otros con varias décadas menos de edad, incluso tiene algunas ovejas y te asombra ver cómo corta con la azuela la madera de encina con la que va a hacer el mango de las navajas artesanales. Se da cuenta de que estás mirando como le pasa el corte al lado de los dedos, a milímetros, y abre la mano y te la enseña. “Aquí la tienes con los cinco dedos”.
Como los romanos
La mayoría de los visitantes buscan de la herrería de Pepe buscan una imagen, la de ver la fragua funcionando, encendida. Entonces es cuando te das cuenta de que allí todo es artesanal, que no hay ni un solo enchufe en el pequeño espacio de su lugar de trabajo, una bombilla que tampoco resultaría muy necesaria pues Ares hace muchas cosas de manera mecánica y busca siempre la luz que entra por su ventana azul para las tareas más finas.
“La fragua va como lo hacían los romanos”, le dice nuestra compañera Toñi Reinares, vecina suya en Valdespino. “Eso dicen, que ya lo hacían así, yo doy fe de que desde mediados del siglo pasado yo siempre lo hice igual”. Y lo sigue haciendo. Como siempre. El carbón, el enorme fuelle renegrido del humo que maneja con una polea, la tobera que dispara el aire que mantiene el fuego, la campana para los humos, el pilón de agua para meter las piezas que saca al rojo vivo del fuego, el yunque que pese a su dureza ya no es liso de la cantidad de veces que el martillo ha golpeado allí, la piedra para afilar que también mueve de manera manual… Y Pepe El herrero. Él sigue siendo el mismo de siempre, con los mismos métodos y las mismas costumbres. “Cuando yo lo deje ya no se harán navajas de éstas, se harán otras, pero como éstas ya no”.
Y mientras habla le hace a la hoja que acaba de colocar una muesca. “Ya está”, musita.
– ¿La muesca es la firma?
– No, la firma es esta otra, pone Valdespino, no hace falta más, en Valdespino no hay más herrero que yo.
No hay más herreros en Valdespinos y no quedan más herreros como él. Hubo muchos. Su hermano Nicolás ejerció en Lucillo, en el museo de Mansilla están los bombos de asar castañas que hacía Domingo el de Hornijas… Hoy la mayoría son puertas cerradas con una historia en su interior, por suerte José Ares Blas sigue abriendo cada mañana, se sigue mostrando encantado con todas las visitas, no le importan las fotos, sonríe, siempre sonríe de verdad, sin alharacas.
– ¿Y la muesca, no me lo dice?
– Es para saber de qué es la navaja. Ésta es de guadaña.

La Crónica de León | F. Fernández | 04/03/2012

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2 respuestas a José Ares de Blas, “Pepe”, el herrero de Valdespino de Somoza (II)

  1. Adolfo B. F. dijo:

    Los “Entrecuesteros” han tenido la suerte de poder hacerse con una de estas reliquias navajeras.

  2. norberto dijo:

    tengo que ver la fragua

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