Antonio Martínez Alonso, “el jamonero”, tamboritero de La Maluenga (II)

“El último arriero maragato”(1) por Isabel Herrera

El jamonero, maragato de nacimiento y corazón, Antonio Martínez ha entregado su vida a esta comarca donde fue el último en representar su tradición arriera (1), pionero en la producción de la cecina, guardián de su folclore y coleccionista de antigüedades.

No es amigo de entrevistas, y no porque no le agrade conversar. Se siente más cómodo con el cuaderno cerrado y la grabadora apagada. En un primer momento parece ansioso por terminar. Es escueto cuando se le pide responder a preguntas que ya llevamos preparadas. Desvía la conversación hacia sus verdaderas pasiones: la música tradicional y su asombrosa colección de piezas antiguas de Maragatería.

En verdad este último hobby tarda más en confesarlo. Después de un rato de charla en la oficina de la carnicería que regenta en pleno corazón de Astorga y con una energía impropia no ya de un hombre de su edad, si no de muchos jóvenes, sale del despacho dando a entender que quiere que salgamos.“¿Dónde vamos?”. “Al secadero de jamones”, aunque parece que ha dicho que ya no se usa como tal… Antonio Martínez, “El Jamonero”, como le conoce todo el mundo en la comarca maragata, baja un pequeño tramo de escaleras en silencio, sólo suelta una frase antes de llegar al destino: “Esto lo ha visto muy poca gente”. Enciende las luces y se adentra efectivamente en un secadero pero que en este caso hace las veces de museo. De donde deberían colgar jamones cuelgan siglos de artesanía, en los rincones se amontonan muebles adornados con la rosa maragata (2), candiles, vasijas… Por todas partes huele a madera, a viejo, y es que allí atesora más de un millar de antigüedades que datan muchas de ellas de los siglos XVII y XVIII. Todas únicas de maragatería, apunta. Rodeado de su colección, Antonio se encuentra más cómodo. Rebusca entre su “secreto” la forma de sorprendernos una y otra vez. “Mira, un reloj, de madera, que debió ser un regalo de uno a su novia, es de 1816 y está grabado: “Esperando el tiempo esperado, el tiempo, porque es tanto lo que te quiero, Josefa, siempre te quiero como el primer momento”. Y entre tanto, vamos tratando de saber más de este hombre de más de ocho décadas del que se habla por toda la provincia de León. Antonio Martínez Alonso, natural de Maragatería, de La Maluenga para más señas. Fue pastor, “cómo éramos todos entonces, llegábamos a los diez años y, lo primero, de pastor, al monte”. Allí fue donde aprendió a tocar. Porque Antonio es también emblema del folclore maragato. En 1982 fundó el Grupo Danzas de la Maragatería (3) del que es tamboritero. “Te comprabas una flauta y pasabas el día; y así se pasaban seis, ocho años; luego, como Maragatería era una zona pobre, muchos marchaban a Madrid, de pescaderos, el 90% de los pescaderos de Madrid son de aquí, y los carniceros”.

Sin embargo Antonio se quedó en León. “Andábamos con algo de negocio, mi padre, otro hermano y yo”. 25 años más o menos estuvo dedicado a la arriería por Maragatería (1), el Bierzo y el Páramo, de los 12 a los 35. Se dice de él que fue el último arriero maragato (1). “Todo por las puertas comprando y vendiendo de todo. Se cambiaban los jamones por tocino, le dábamos tocino a cambio de jamón dándole el doble (4). Comprábamos ovejas, ganado menudo, vacuno, caballerías…  (5) Pero bueno, llegó el día en que aquellos pueblos se terminaron. Y aquello se terminó.”

De este modo, con 35 años, Antonio se “baja” para Astorga. “Me puse a trabajar con los carniceros”, hasta que en los setenta se establece por su cuenta. En este local (en la calle Gullón de Astorga) monta un secadero. “Yo estaba de renta en este local, que era un convento, y al final lo compramos y estuvimos en el seis o siete años, luego lo tiramos e hicimos esta casa con el secadero, unas cámaras, pero se nos llegó a quedar pequeño y ahora tenemos una nave en el polígono”, que también se les ha quedado pequeña, por eso a principios de este año tenían que abrir otra más.

“Tenemos mucha petición de género” Y sus palabras suenan a música celestial entre tantas noticias de crisis. “Afortunadamente hemos ido creciendo, tratamos de hacer el género lo mejor posible, que eso de la crisis… puede haberla, pero la gente sigue estando, sigue existiendo y sigue comiendo. ¿Dónde van? Pues donde haya calidad o atención o dedicación a lo que proceda, y entonces nunca te falta”, asegura Antonio, que fue pionero de la cecina en el año 57. Y los números constatan esa buena marcha del negocio de Jamones Antonio Martínez S.L. “El Gran Jamón” que creció en 2010, creció más aún en 2011 y que para este año cuenta con hacer “50 toneladas más de compromiso”.

Todavía inmersos en el secador-museo, admirando los centenares de piezas maragatas que ha ido reuniendo con el paso de los años y que ahora una antropóloga está inventariando con la intención de exhibir en Madrid, Antonio habla también de su afición al folclore. “Fundamos el grupo casi sin querer” (3). Fue en 1982. Desde niño había mamado el folclore maragato, “que se trata de un tambor y una flauta” (6), paro en los años 60 y 80 hubo una decadencia muy grande, relata. “Se perdió todo, y en el año 82 nos juntamos unos cuantos y así empezamos, y hemos ido a más, afortunadamente, pero con mucha labor, porque llevar con uno a 40 personas que no están obligadas porque no están a sueldo es duro”.

Su temor es que esto se pierda porque “los mayores vamos faltando y los jóvenes, si, van saliendo alguno, pero…” El folclore ha reportado a Antonio grandes momentos. Aunque su modestia guarde silencio lo cuentan las paredes de su carnicería, repletas de fotografías del os numerosos homenajes de instituciones y casas que le han realizado a este tamboritero cuya fama no conoce fronteras. Y a modo de despedida, como quien no quiere la cosa, suelta que tiene 500 folios escritos sobre las tradiciones de Maragatería y su trayectoria. “¿Intención de publicarlo?”, le preguntamos. “No” replica Antonio.

 El Mundo | Isabel Herrera | 24/02/2012

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Anotaciones:

(1) Según los investigadores el último arriero maragato del que se tiene constancia fue Manuel Morán, de Luyego de Somoza.

(2) La autora se refiera como “rosa maragata” a la flor hexapétala. Es un simbolo de proteción que se tallaba en los muebles y en la parte interior de las puertas de las casonas arrieras.

(3) Antonio Martínez fue coofundador del grupo Danzas de La Maragatería junto a Maxi Arce, que era el tamboritero del grupo inicialmente.

(4) Según Antonio Martínez en una entrevista realizada en la Revista Montañas del Teleno, la operación de cambiar tocino por jamón contribuyó a “quitar el hambre en Margatería”

(5) Según estas palabras se confirma que el ofico de Antonio era el de tratande de ganado y comerciante de tocino, distante del oficio de la arrieria que funcinaba únicamente como “compañia de transportes”.

(6) En el folclore maragato también intervienen las castañuelas y la pandereta, y porsupuesto el baile.

David Andrés Fernández

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Una respuesta a Antonio Martínez Alonso, “el jamonero”, tamboritero de La Maluenga (II)

  1. adrian dijo:

    A qué se refiere cuando dice: “los mayores vamos faltando y los jóvenes, si, van saliendo alguno, pero…”.
    ¿Esos puntos suspensivos qué significan?

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