El entroido o carnaval en Val de San Lorenzo

“El carnaval de antes.” Por Máximo Palacio

El entroido, se decía. Aunque es palabra gallega (1). Curiosas costumbres aquellas. ¡Y cómo nos divertíamos! El carnaval por aquellas fehas, hace más de setenta años, consistía más que nada en el comer. Ya por la matanza, se preparaba el martino (2) para el carnaval y la morcilla de miel.

Como muchas personas saben ya, el martino se hacía de los huesecillos partidos al deshacer el cerdo y alguno se partía intencionadamente, para ello, se adobaba, esto es, se le echaba pimentón, bastante ajo machacado en el mortero, sal, orégano, aceite en crudo y no se que más.Con ello se hacía una especie de pasta y se rebozan los huesecillos. Lo dejaban así un día o dos. Luego lo metían en el estómago del cerdo, que había sido bien lavado y rallado. Lo colgaban a secar, esto es curar, en la chimenea de la cocina de leña (3), pues no servían de otra cosa.

Las morcillas se hacían de sangre no cuajada, pan migado con caldo de sopas de ajo. Se revolvía todo bien, hasta que estuviera bien desecho todo, lego agregaban miel, azucar bastante. Y las ponían a curar o secar.

Ya tenemos lo principal para el día de carnaval. Un gran pote al fuego, garbanzos cociendo, con costilla adobada, tocino, chorizo, huesos adobados, cecina, ¡qué era el día de carnaval!, se ponía el martino, la morcilla… ¡y ya está la fiesta!

Pero verán lo que pasaba. Tenía la costumbre de darse grandes bromas. Entonces se acechaban unos a otros y cuando una vecina se descuidaba o tenía que ir algún sitio, marchaba, cerraba la puerta, pero había la costumbre de dejar la llave en la gatera por donde entraba el gato. Entonces a sabiendas de donde estaba la llave, entraban a la cocina, cogían el pote y se paseaban con él por la calle y por delante de casa de la dueña. Se daba el caso de que ya había llegado a ella y al salir a la puerta y ver el pote no lo conoció y entre risas decía: -¡Hay que pote más negro y más sucio! ¿de quién será? ¡hay que pote más negro!

Esto despertó las mayores risas que pueden imaginar, pues el pote, bien sabían todos que era de ella. En esto al ver las risas desconfió mal y entró en la cocina y allí no estaba su pote. -¡Ay, qué recochinos! ¡ay, qué recochinos, si es mi pote y me dejaisteis sin comida! Venga pa’ca, venga pa’ca.

Si se lo dieron, pero la morcilla ya se la habáin comido. ¡Menos mal que me dejaisteis algo, menos mal! Por estas fechas también había otra costumbre en la juventud. Se velaba hasta las diez o las once de la noche.

Pues bien, a eso de la media velada, se juntaban algunos rapaces, preparaban un cacharro con brasas del fuego, echaban azufre y otras cosas de mal olor y lo ponían en la gatera de la puerta para que les entrara el mal olor. Y a a esto se le llamaba “el cigarro”. Nada mas poner el cigarro en la gatera, todos los de dentro empezaron a toser y lagrimotear. De poco valía salir corriendo tras ellos, ¿dónde estrían ya?

Extraido del libro “Maragatería” (1989) de Máximo Palacio

(1) El autor interpreta el localismo entroido como palabra gallega.

(2) Botillo, botiello, androlla, chosco… palabras par denominar el mismo producto.

(3) también llamda cocina vieja o cocina de curar

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