Las Candelas en Combarros, el filandón y una historia

El pueblo de Combarros celebra el próximo sábada día 4 de febrero la fiesta en honor de La Virgen de las Candelas.  El programa de la fiesta es el siguiente:

– 12:30: Misa y procesión en honor a la Virgen de las Candelas
– 13:30: Baile Maragato con el tamboritero Fran Cepeda y degustación de sopas de ajo.
– 19:00: Filandón y cena de socios y simpatizantes.

El filandón y la cena, como en anteriores años, se celebrará en el restaurante Imperial (Plaza de Santocildes, 9 Astorga). El precio por comensal es de 30€ e incluirá chocolate, mantecadas y bizcochos, y para los que tengan más frío, orujo de hierbas y otros licores. En cuanto a la cena, el menú es el siguiente:• Cecina
• Embutidos variados
• Lacón con pimientos
• Chipirones a la plancha
• Revuelto de ajetes y gambas
• Pasteles
• Café y licores

La Asociación de Amigos de Combarros necesita la confirmación de asistencia para la cena-filandón através del número de teléfono 661 790 297, para la reserva del restaurante. Antes de la cena tendrá lugar la Asamblea General Ordinaria de la Asociación Cultural Amigos de Combarros.

“Las Candelas y un maragato en el extranjero” por Sergio Campanero

Según cuentan nuestros mayores, era moneda corriente que en épocas pasadas los emigrantes maragatos que residían en Argentina recibieran noticias de Combarros  mediante cartas que tardaban varios meses en cruzar el océano. Hoy en día gracias a Internet, los maragatos que nos hallamos lejos de la tierra podemos saber casi al momento lo que ocurre en el pueblo de nuestros orígenes.

Quizá movido por la ancestral tradición viajera de los arrieros maragatos, hace ya algún tiempo que decidí vivir una temporada en un país tan remoto como Finlandia, un lugar caracterizado por su duro clima casi polar y sus interminables inviernos.
Pudiera parecer un contrasentido, pero es bien cierto que cuando mas lejos te encuentras de tus raíces es cuando mas arraigado a ellas te sientes, y cualquier detalle de la vida cotidiana puede aparecer relacionado con algo de tu lejano pueblo en tu más o menos lejana infancia.

Precisamente eso fue lo que me sucedió a mi hace no muchas semanas cuando al caminar hacia casa sobre un suelo alfombrado de nieve, recordé los episodios vividos a lo largo de los muchos años que fui un asiduo participante en las procesiones en honor de la Virgen de las Candelas en Combarros.

Desde que contaba con pocos meses de edad, todos los 2 de febrero de cada año nos desplazábamos mi familia y yo a Combarros con objeto de asistir a la misa y procesión en honor de las Virgen de las Candelas. Tal tradición obedecía, entre otras razones, al amor por su pueblo que profesaba mi padre, y que le instaba a acudir a esa cita cada año a pesar de las posibles contrariedades que pudieran presentarse, ya fueran  mecánicas, meteorológicas o laborales. Sólo la enfermedad logró apartarle de su tradición.

El día de las Candelas comenzaba con los corrillos en la plaza del pueblo en los momentos previos a la procesión donde se comentaban los pormenores del viaje desde Madrid o las inclemencias del tiempo, que por aquel entonces eran más duras de lo que son ahora. Posteriormente, cuando las campanas de la torre repicaban y el ruido de los cohetes enmudecía el aire nos dirigíamos al interior de la iglesia a encender las velas o candelas que habríamos de portar en nuestro recorrido alrededor de la iglesia, y cuando la Virgen de las Candelas se alzaba sobre los hombros de cuatro maragatas, salíamos de nuevo al exterior para comenzar la procesión.

Transcurría ésta entre los cantos a la Virgen, el repicar de las campanas y el molesto y absurdo ruido de los cohetes que sonaban sin cesar. La mayoría de los años, la procesión avanzaba entre la nieve, los carámbanos que colgaban de los tejados y el frío biruji maragato que se empeñaba en apagar una y otra vez las velas que todos portábamos. Hoy mismo, caminando sobre la nieve de Finlandia recordaba aquella vez que el viento apagó las velas de todos los presentes a excepción de la mía, que dado que era el más pequeño de todos, apenas levantaba del suelo lo suficiente como para que el viento me hiciese una jugarreta.

Tras la procesión venía la misa, donde todos tratábamos de entrar en calor acercándonos a las estufas de gas que se encontraban entre los bancos, y cuando la ceremonia terminaba era común acercarse a comer unos callos o a degustar un buen cocido maragato.

La fiesta de las Candelas siempre fue un evento poco multitudinario en comparación con la fiesta de San Roque, y durante algunos años tan sólo acudíamos allí los pocos habitantes que quedaban en Combarros y un puñado de madrileños con origen maragato, como mi familia y algunos miembros de la familia García, entre otros. Era de destacar sin embargo, que muchos de los que acudíamos desde Madrid éramos aún sólo unos niños que nuestros padres llevaban allí desafiando al frío y a la nieve. Algunos años más tarde, y gracias a la incansable labor de propaganda de su pueblo que mi padre realizó año a año, ya fuera verbalmente o escribiendo sus habituales colaboraciones como articulista en El faro astorgano, la fiesta de las Candelas se fue poblando poco a poco de gente de otras generaciones que acudían desde Madrid con una mezcla de atracción por el pueblo y ganas de pasar un fin de semana divertido en compañía de familiares y amigos.

Posteriormente, siendo ya más mayorcito y casi hasta la actualidad, la fiesta de las Candelas ha transcurrido de una manera más o menos similar en cuanto a su liturgia, pero con notables cambios en la climatología que, si bien le han restado parte del encanto propio del pueblo en invierno, han ofrecido la posibilidad de dar largos paseos por los parajes más bonitos de los alrededores de Combarros y así abrir el apetito antes de degustar un exquisito cocido maragato.

Pero no sólo la climatología ha cambiado. Algo más preocupante ha ocurrido, y es que en los últimos años, y seguramente muy a pesar de muchos de los que éramos asiduos, poca es la gente que se desplaza desde Madrid hasta el pueblo para pasar allí esas fechas. A algunos nos retienen las obligaciones, a otros nos ha podido la nostalgia… el caso es que una fiesta del pueblo cargada de encanto está cayendo en popularidad.

Hace ya algunos años que mi padre, Paco Campanero, no acude a las Candelas, pero sus cenizas descansan no muy lejos del pueblo en la cercana Astorga, y estas palabras que escribo para la página web de Combarros pretenden ser un homenaje a un maragato que luchó por que su pueblo y sus tradiciones no cayeran en el olvido. Hoy Combarros se abre al mundo gracias a Internet como en tiempos de mi padre él trató de abrir a través de las palabras que escribía en El faro astorgano, y precisamente a través de esta ventana aprovecho para animar desde la distancia a todos aquellos que algún día acudieron o que nunca lo hicieron pero les gustaría, a que se acerquen a Combarros en las próximas Candelas y, aparte de disfrutar del invierno y la gastronomía maragata, colaboren a mantener vivo ese espíritu que hoy mismo he recordado al hollar la nieve de esta tan lejana Finlandia, como muchas generaciones lo mantuvieron antes que nosotros. 

SERGIO CAMPANERO.

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