El frío invierno de 1709 en un pueblo de La Somoza

“Imaginaciones mías” por Juan Carlos Campos, descubridor de los petroglifos.

En una de las muchas casas de la Somoza que amenazan ruina encontré este dintel en el que salvo la primera palabra, se lee con claridad “…? Santiago Pérez en el año de 1709″
En la ultima línea y un poco mas apretado, aparece el texto “su muger María Rabanal”.

Me imagino a Santiago y María con la ilusión de unos recién casados, dando los últimos retoques a su casa (sobre todo en el exterior y en el tejado, pues estaban en pleno invierno). Desde el día de Reyes permanecían incomunicados incluso de sus propios vecinos, tal era el temporal de nieve y hielo que azotaba la comarca.

El Teleno solo era visible durante las pocas horas de calma y el aspecto de su cima era imponente, con metros y metros de nieve que empezaba a despeñarse por los antiguos circos de los glaciares fundidos a finales del Cuaternario.
Les había dado el tiempo justo para aprovisionar la despensa y acarrear buenos mañizos de leña para calentarse por fuera, y un cántaro de orujo gallego para hacerlo por dentro.
Santiago era un hombre de mundo, pues siendo un guaje empezó a trabajar en la arriería trajinando mercancías desde Galicia a Madrid y no recordaba nada semejante. Los días iban pasando y a duras penas conseguía mantener libre al menos la entrada de su puerta.
Por puro aburrimiento se le ocurrió grabar su nombre en el dintel de moraliza que coronaba la ventana y ni siquiera utilizó las escaleras, pues los dos metros de nieve que la ventisca se empeñaba en mantener debajo le facilitaron la tarea.
Una vez que grabó su nombre y la fecha se quedó muy satisfecho y se lo leyó a María que le pidió un par de veces que repitiese la lectura tocando a la vez las letras grabadas a cincel. Santiago vio como el rostro de María se avinagraba por momentos y cuando le fue a dar una nalgada (que en su idioma de enamorados significaba “vamos p´adentro”) recibió un manotazo.
Santiago vio así a María los cinco días siguientes. No entendía el cambio de carácter de su mujer, a la que había visto trabajar “como un hombre” en la construcción de la casa, y tan ilusionada como estaba con la tarea de engendrar el primer descendiente.
El temporal bloqueaba toda la comarca, pero el aislamiento era un regalo de bodas para los recién casados y en circunstancias normales, Santiago ya debería estar por los caminos mientras María se encargaría de arar y sembrar las tierras.
“Así no hacemos carrera”, rumiaba Santiago sentado en la nieve aprovechando el poco sol que llegaba. Las letras del dintel resaltaban con la luz oblicua del atardecer y entonces lo comprendió.
Por la mañana María se despertó con el ruido del cincel. Pensó que Santiago estaba borrando las letras o algo parecido, se ciñó el mantón y salió tiritando para ver a su marido en lo alto de la nieve.

Santiago leía en voz alta mientras señalaba con el dedo cada letra: su – mu-jer- María- Ra-ba-nal, mientras a María le empezaba a resplandecer la sonrisa. Se lo leyó tres veces hasta que ella le susurró al oído ” vamos p´adentro, que estoy helada”.
La pareja deseó que el invierno fuese largo y vaya si lo fue, tanto que en este 2009 se cumplen 300 años del invierno mas frío y prolongado del anterior milenio. Ese invierno castigó a Europa entera de tal manera que pasó a la historia como “la Gran Helada”, se congeló el mar Báltico hasta mediados de abril, incluso los venecianos patinaron en su lago helado. Imaginaros las penalidades de los aldeanos de Francia cuando en el palacio real de Versalles el Duque de Orleans escribió a su tía en Alemania: “Estoy sentado con un rugiente fuego, tengo una pantalla por delante de la puerta, la cual está cerrada, de forma que pueda sentarme aquí con una piel de marta alrededor de mi cuello y mis pies en una bolsa de piel de oso, y aún así estoy tan aterido de frío que apenas puedo sostener el lápiz. Nunca en mi vida había visto un invierno como este”.
El amor lo puede todo, pero nuestra pareja no tuvo toda la culpa. (Aquí lo explican mejor)

25 de septiembre de 2009

Juan Carlos Campos, descubridor de los petroglifos maragatos

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5 respuestas a El frío invierno de 1709 en un pueblo de La Somoza

  1. J. C. Campos dijo:

    David, gracias por rescatar una de mis entradas del blog preferidas.
    Las piedras no hablan como nosotros, pero son capaces de despertar la imaginación y hacer que viajemos a mundos perdidos. En ese sentido son como los libros, la música popular o las tradiciones.

  2. Santiaguin dijo:

    ¿Dónde está la piedra exactamente para veer si la pueblo leer visitándola en persona?
    Pero yo me imagino el relato con personajes con más mala leche por el frío que habian pasado.

    • David A. Fdez. dijo:

      Hola Santiaguín. Como se que te gustan los juegos te propongo que trates de averiguarlo; a no ser que Campos lo desvele antes, pero Juan Carlos no es el único que sabe su ubicación… ¿mantendremos la intriga?
      Estas piedras “moralizas” son el soporte pétreo de los petroglifos de “Peña Fadiel” y están presentes en muchos sillares de casonas maragatas, en iglesias de la zona y en pedestales de cruceros maragatos. También los maragatos comerciaron con ellas. Tiempo atras algunos se dedicaron a labrarlas y venderlas con los carros por los pueblos de otras comarcas. En una ocasión fuimos a buscar una pila hecha a partir de esta piedra a una escombrera cerca de La Bañeza. Una piedra que podríamos asegurar casi al 100% que salió de la cantera de Filiel, puesto que es el único afloramiento de la veta de este mineral en muchos kilómetros.

      • santiaguin dijo:

        Ahhh no sabía que era secreto… pues bueno… no se me ocurre nada ni me suena la casa. supongo que será Rabanal del Camino o Rabanal Viejo… no sé.

  3. Adolfo B. F. dijo:

    Cuando paso cerca de este caerizo, y no son pocas, no puedo reprimir clavar la mirada en esa piedra. Algún día os relataré mis ensoñaciones con esta y otras piedras talladas…
    Bonita “Historia Pétrea”

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