(II) Arqueología contemporanea en Val de San Lorenzo

LA CASA ARRIERA, LA CASA DEL LABRADOR Y LA CASA DEL ARTESANO

7. EL ESPACIO HABITADO.

Dentro del mismo contexto cultural preindustrial poseemos tres ejemplos bien distintos, resultado de aprovechamientos económicos diferenciales: las casas de artesanos textiles en Val de San Lorenzo, casas de labradores en Val de San Román y casas arrieras en Lagunas de Somoza.

Pese a todo la mayor parte de las casas y dueños que hemos encontrado se encontraban ya muy transformadas por contextos modernos. El significado de la casa se ha ido perdiendo para pasar a medirse por su valor económico. Dentro del pequeño mercadillo que es cada pueblo hemos conocido bien este sistema de compra-venta que todos conocen y del que quien más quien menos todos participan, donde se intercambian ventanas, piedra, puertas, cerraduras, aperos de labranza, etc. En este juego las casas han comenzado a ostentar un papel importante desde el incremento del interés desde entornos urbanos por edificios vernáculos. Pese a que en León, a diferencia de Galicia, la importancia de la asimilación casa-familia es menor, todavía hemos conocido muchas personas ancianas que se niegan a vender sus casas por cuestiones no económicas, bien porque se considera que es un patrimonio que se debe ceder a los hijos pese a que su valor económico sea escaso, bien porque pertenece al mundo del sentimiento como forma de vinculación a un pasado. La venta de la casa supondría entonces una ruptura con la tradición familiar y las costumbres que muchos no están dispuestos a asumir.

 

8. LAS CASAS ARRIERAS.

“Las mujeres nunca se alejan de sus casas y al contrario que sus poco domésticos maridos, llevan la trabajosa vida de las antiguas mujeres ibéricas y se las ve atareadas en los campos desde mucho antes de salir el sol hasta bastante después de ponerse. Resulta bien penoso contemplarlas esclavizadas en ocupaciones tan poco femeninas”

1774, W. Dalrymple en C. Casado y A. Carreira (1985).

La casa de mayor calidad y más ostentosa es evidentemente la casa arriera, propia de la elite social de la burguesía maragata. Sobre ella existen algunos trabajos de buena calidad (Sastre, 2009) por lo que no incidiremos más en cuestiones morfológicas y técnicas. Los materiales no difieren esencialmente de los de otras casas de la región, empleando la piedra cuarcítica de la tierra, tapiales y madera. La diferencia la marca el volumen de las construcciones, la disposición espacial de la casa y el empleo de los propios materiales constructivos. Se usa la madera, pero se trabaja meticulosamente y se decora. Se usa la piedra pero la calidad de las juntas es muy buena y las paredes dan la sensación de ser muy recias, incrementando la sensación general de la casa maragata como fortaleza (realidad reforzada en el interior por pestillos y trancas en toda puerta y ventana. El maragato levanta grandes muros, no quiere ser visto, no abre ventanas al exterior – algo que sólo se hará con el paso del tiempo y ya en tiempos más recientes – y construye cuadriláteros que más que residencias parecen baluartes. Una construcción muy semejante a las casas musulmanas donde la intimidad era un valor de gran importancia, junto al “enclaustramiento” de la mujer. Esta organización en cuadriláteros permite, como hemos visto en Lagunas, una cierta ordenación ortogonal del paisaje urbano, también funcional de cara al movimiento de caballerías y carros.

Debido al total abandono de las casas maragatas, carecemos de la visión de proceso en el estudio de la casa maragata, de cómo se han transformado los espacios de acuerdo con las nuevas concepciones mentales asociadas a la modernidad, y qué papel ha jugado la mujer en estas transformaciones. Dejamos claro por tanto que pretendemos exclusivamente abrir una vía a trabajos de investigación que se acerquen a lo maragato desde una perspectiva fenomenológica y cognitiva centrada en la cultura material. Esquema dentro del cual la casa juega un papel primordial.

Se trata de una arquitectura vernácula pero que vehicula un mensaje claro de poder. La casa maragata se aísla del resto de la comunidad manifestando su independencia familiar pero no una excesiva voluntad de identificación comunitaria como suele ser habitual en las sociedades preindustriales (Wilk, 1983, 1990 en González Ruibal, 2003b). La propia morfología de la construcción domina un espacio virtual en su entorno, se dota de un aura que impide la colocación de edificios adosados a ella. La casa se constituye como centro, como parte de un callejero pero aisladamente. En Lagunas podemos ver cómo además las casas arrieras tienden a juntarse formando grupos compactos que incluso pueden cristalizar en barrios fragmentados de otros de peor calidad. Su casa fortaleza genera además un halo de misterio ya que no se puede saber lo que ocurre dentro, aunque el observador externo puede imaginarse que la calidad del interior ha de ser alta por la exposición externa. Por lo tanto los habitantes de la comarca maragata que no eran arrieros, de clases menos pudientes, fueron poco a poco asumiendo las expresiones arquitectónicas y decorativas de los ricos, encandilados por una presentación atractiva de otro lenguaje simbólico más poderoso. Encintados en torno a ventanas, corredores de madera y amplios patios internos fueron algunos de los elementos que poco a poco se fueron asimilando.

Basándonos en los esquemas del arquitecto J. López Sastre podemos hacer alguna observación sobre la disposición interna del hogar. Pero antes un pequeño apunte sobre el estudio de la vivienda: no podemos seguir estudiándola como un ente consecuencia de necesidades funcionales; los arrieros necesitaban espacio para sus caballerías y por ello la casa se dotó de un patio interior amplio con grandes portones. Pero esta verdad de Perogrullo, basada en el enlace de dos verdades a medias no se plantea que esa adecuación funcional pudo haber sido perfectamente bien distinta. ¿Por qué tener las caballerías dentro de la propia casa pudiendo dejarlas en un recinto anexo externo? Y como ésta pueden surgir otras tantas preguntas: no existen las necesidades, las necesidades se crean y satisfacen según esquemas culturales no prefijados y en los que en ocasiones juegan el azar la indeterminación. Es decir, la casa maragata es así, pero pudo no haber sido así.

Resulta sorprendente que las recias casas arrieras una vez que hemos ultrapasado sus gruesos muros externos a través del portón resultan extremadamente permeables y poseen una amplia intervisibilidad. El patio juega un papel central estructurador del espacio; desde él se entra a todas las salas en el plano inferior. La parte baja es el lugar “sucio”, donde se realizan los trabajos, se cuida al ganado, se almacenan los aperos de labranza y el grano, donde algunos animales andan por aquí y por allá, etc.

El la planta alta el corredor hace de patio y da entrada a todas las estancias. Se trata de un espacio de pulcritud, de limpieza, se divide la casa simbólicamente entre lo limpio y lo sucio. De hecho vemos como el pajar que formalmente se encuentra en la planta alta, simbólica y funcionalmente se halla unido con la planta baja por las escaleras que le dan acceso.

La cocina juega un papel de integración tanto a nivel formal – es el punto de encuentro entre los dos “ramales” en los que se expande la casa en ambos pisos – como a nivel simbólico y funcional – une lo sucio con lo limpio, permite la constitución del conjunto en todos los aspectos – .

Dentro de los esquemas preindustriales se considera que la cocina es el espacio propio de la mujer. Teniendo en cuenta la disposición de la casa maragata la sensación es de que, al igual que las casas árabes y algunas herederas andaluzas, existe una tendencia a la “ocultación” de la mujer, a su encierro en el espacio privado y cerrado de la cocina (es el único espacio de la casa que no da directamente al patio, o lo hace en recodo, y carece de ventana, no puede ser observado ni puede observar). Sin embargo las cuestiones sobre el género en Maragatería son complejas, más aún en familias arrieras donde el hombre se ausentaba gran parte del año empeñado en sus viajes por la península. Por un lado nos encontramos un varón dominante, pater familias, cabeza de un linaje que ha de proteger estando lejos de casa. Por otro una mujer teóricamente subyugada al hombre pero que a la vez desempeña tareas de todo tipo, artesanas, agropecuarias, etc. y que es la encargada de llevar adelante la familia en ausencia del marido. No sería de extrañar por tanto que tanto uno como otro hiciesen provisiones plasmadas en el registro material: el hombre ha de proteger su casa estando lejos: tenderá entonces a procurar que su casa sea una fortaleza inexpugnable, y que dentro de ella su mujer se encuentre en el espacio más recóndito posible, en la torre del homenaje que humildemente será la cocina, lejos también de los portones del castillo – en ocasiones única vía de entrada a la casa, con lo que se refuerza la idea de que sólo se abren para cuestiones de trabajo –. La mujer en cambio se encuentra con un enorme patrimonio a gestionar, una casa de dimensiones considerables y a la vez con la necesidad de realizar trabajos agropecuarios o artesanales. Pero la verdadera riqueza de su hogar sigue proviniendo del comercio del hombre, y las costumbres tan arraigadas en Maragatería mandan obediencia al mismo. Resulta por tanto difícil poder emitir un juicio de valor sobre la posición de la mujer: por un lado el marido no ha llegado a subyugarla como hace en el capitalismo, obligándola a dejar todo tipo de trabajos y encargarse de la casa, y por ello se provee de una casa cerrada. Pero ellas, a la vez que se encargan de gestionar el patrimonio y la propia familia, son conscientes de la verdadera fuente de su poder y posición social. Por todo ello es complejo discernir la situación real de la mujer en contextos de burguesía arriera. Ya que el importante papel de la mujer no suele aparecer en la documentación escrita a nivel general, ya que era cancelada en el mundo preindustrial, quizás sólo una investigación arqueológica en un gran número de casas arrieras permitiese obtener nuevos contextos de análisis cuyos resultados tal vez nos sorprenderían.

8.1. La casa del labrador

Las casas a las que hemos podido acceder en las que la dedicación tradicional de la familia fuese esencialmente agropecuaria cuentan con caracteres comunes tanto en Val de San Lorenzo como en Val de San Román. En cuanto a materiales y técnicas constructivas tampoco se diferencian de las casas de artesanos.

El aparejo empleado es de mampuestos de cuarcita, aunque dentro de esta amplia tipología entran en juego otros muchos factores. Así por ejemplo algunas personas de Val de San Lorenzo han mostrado como saben diferenciar categorías sociales – partiendo del dinero invertido en el trabajo de la piedra – a partir de los tipos de colocación, la argamasa y el tipo de piedra. Se considera que una pared es mejor cuando sus hiladas son más regulares y se ha buscado mejor la cara a los mampuestos. También es importante que en los ángulos se trabaje la esquina y se superpongan piedras alargadas alternativamente en una dirección y en otra del ángulo. Cuanto mayor sea el espacio entre las piedras peor será la calidad, y también una mayor cantidad de barro entre las grietas denota imperfección.

Algunas divisiones internas de la casa que no suelen llegar hasta el techo y también los espacios para los animales suelen ser realizados con diversas técnicas a partir del uso del barro:

– Tapial. Muros levantados tan sólo con barro y paja, enlucidos con mortero de cal.

– Adobes. Hemos documentado su utilización en cocinas, donde se colocan entre dos varas de madera con una cierta inclinación hacia el interior haciendo una forma de V.

– Cañizo. El tipo de pared más ligero, formado por la colocación de varias varas de madera en vertical y un tejido de mimbres alternativamente entre las varas que se cubre de una plancha de barro, y posteriormente se enluce (generalmente cuando va dentro de la casa, cuando se trata de espacios para animales se deja a la vista. Esta técnica puede ya encontrarse en la prehistoria y se documenta también en aldeas altomedievales.

 Ciertas partes de la casa se excavan en la roca madre y se reaprovecha esa piedra para levantar la propia casa. Suelen ser espacios destinados a almacenaje o para animales. Los suelos solían estar cubiertos por alargadas y estrechas lajas de piedra que evitaban el paso de la humedad y poseían también un valor simbólico. Más extraños son los suelos realizados con piedras hincadas como los típicos de las casas arrieras..

Los corredores solían ser de maderas nobles. En cuanto a los vanos la tendencia con el paso del tiempo ha sido a ampliarlos, imitando la decoración maragata en cuanto a encintados con cal alrededor de las mismas.

Las cubiertas solían ser de cuelmo (paja) y poco a poco fueron dotándose de tejas desde finales del siglo XIX. Aunque existían algunos “profesionales” dedicados al trabajo de las techumbres, algunas estructuras para sujetar la cubierta son realmente toscas como la documentada en Val de San Román en una cocina circular consistente simplemente en tender varios troncos hacia un punto donde convergen y se atan, sobre los que se tiende la cubierta vegetal.

Las casas campesinas se caracterizan por tener un tamaño considerable y muchos espacios abiertos. Se trata también de edificios orgánicos, no obedecen al planeamiento al que están sometidas las casas arrieras sino que van ampliándose según las necesidades o según las posibilidades, dentro de los juegos de herencias y compras de pequeñas parcelas y terrenos en muchas ocasiones azarosos. El volumen de las casas se explica evidentemente por su función eminentemente agropecuaria: en ella deben cobijarse tanto las ovejas como algunas vacas, cerdos y gallinas, además de los animales de tiro. Cada uno de estos grupos tenía sus propios espacios adecuados y visibles en el registro material, algo muy importante a la hora de la interpretación de aldeas medievales. El cerdo se encontraba en la “cortea”, un pequeño cubículo individual. Las gallinas solían contar con pequeños entrantes en la pared con un pequeño realce en adobe para cobijarlas, donde se supone que debían dormir y poner huevos. Los ovicápridos eran alimentados con objetos perecederos por lo que su registro material es más complejo, no así el de vacas, burros, caballos o bueyes (aunque estos sólo distinguibles entre sí por sus herraduras o huesos) para los que se podían ahuecar partes de la roca a modo de pesebres.

Un espacio en el que no hemos encontrado diferencias entre hogares artesanos y campesinos es la cocina. En algunas de las casas investigadas la cocina se encontraba en varias ocasiones junto a espacios para animales, siempre en zonas alejadas de la entrada, cuanto más, mejor. La cocina era el centro de la sociabilidad tradicional, espacio de recepción de invitados, de ocio y de transmisión de relatos y cuentos. Era también el espacio de la mujer que al igual que en las casas maragatas era relegada a una zona lo más recóndita posible. Las cocinas suelen ser espacios negros, donde todo está ahumado. El horno suele ser de adobe y colocarse justo debajo de una gran campana hecha en barro y enlucida, que se alarga convirtiéndose en chimenea, también en barro. Pueden verse hornos exentos y también unos más abiertos que los habituales, usados para no perder calor durante el invierno. Diversos palos de los que penden cuerdas atraviesan la cocina de parte a parte, y de ellos cuelgan los productos de la matanza y algunos de los escasos instrumentos de la cocina. Algunos huecos en la pared sirven para depositar objetos al igual que las alhacenas. No hemos documentado bancos corridos y lo más habitual es el asentajo un pequeño taburete de tres patas y el escaño o el escañín, bancos alargados para sentarse varias personas o para dormir al calor del llar. Las abrigancias o cadenas de las que pende el pote son de los pocos elementos metálicos que podemos encontrar en ella. El lugar del fuego, el llar, es el centro neurálgico de la cocina precisamente por la presencia del calor, luz y atracción que proporcionan las llamas. Algunas maseras para hacer el pan pueden encontrarse y también la mesa del pan, mesa muy tosca con un cajón donde se guardaban los restos de la hogaza. El valor simbólico y sentimental de la cocina es fácilmente cognoscible por su general conservación: la casa puede modernizarse echando abajo alguna de sus partes pero siempre se deja sin tocar el espacio de la cocina tradicional que pasa a usarse en ocasiones como cocina de matanza.

En algunas casas existe un espacio anexo a la cocina, cuya denominación no es muy clara, y que era utilizado como lugar de reunión, allí se comía y se contaban historias. Es también posible encontrar estancias en lugares cerca de los animales, o en almacenes, incluso en apartados dentro de las propias cuadras con pequeños muretes de adobe: se trata de “habitaciones” de pastores que pasaban algún tiempo contratados por la familia.

En general se produce una clara diferenciación entre la planta baja como espacio de suciedad y la zona alta como lugar de descanso y de limpieza, por ello arriba se emplazan los dormitorios. Estos eran espacios abiertos con varias camas, aunque también podían existir tabiques de tapial que no llegaban al techo para diferenciar zonas y crear intimidad. Los lechos eran de paja con algún tipo de tejido que la cubría, utilizándose cobertores para taparse en los duros inviernos maragatos. Más recientemente comenzaron a fabricarse estructuras rudimentarias de camas para colocar encima un colchón. Otro elemento muy habitual en los dormitorios son los crucifijos, tanto de metal como de madera. No hemos encontrado prácticamente contextos de dormitorios abandonados tal cual, habiendo existido siempre procesos intermedios tanto en casas artesanas como campesinas.

9. ALGUNOS CONTEXTOS CAMPESINOS

Esta casa del barrio de Sobrao en Val de San Román se encontraba en ruina cuando la visitamos y la segunda planta ya se había derrumbado por completo. Fue imposible también entrar en la cocina. En el espacio denominado sala que hemos encontrado en las dos casas visitadas en San Román había una pared de adobes curiosa por tener un agujero de unos 20 cm de diámetro que permitía mirar a la puerta. ¿Señal de la desconfianza maragata quizás? Hay una alacena con alguna botella de vidrio, una hoz y una alpargata, además de un cesto de mimbre por elsuelo. Entre la cuadra y la sala encontramos una habitación donde dormiría el pastor, extremo confirmado por uno de nuestros entrevistados.

De la casa mostramos solo la zona central, ya que al este había una serie de dependencias cubiertas que servían como almacenes de paja, grano, o como cuadras. Resulta curioso como el espacio de habitación es mínimo en comparación con las dimensiones de la vivienda y la superficie dedicada a los animales. Una parte del espacio habitacional se cede para crear un pequeño recibidor que da entrada a la cocina. La cocina poseía dos hornos, uno externo y otro interno que se usaban dependiendo de la estación del año. Posee un comedor de buena calidad a la entrada que como es habitual, se usaba en contadas ocasiones. En la parte superior además de almacenes se hallaba un pequeño habitáculo dedicado al pastor.

Los objetos encontrados han sido abundantes ya que se ha construido una casa moderna aneja y se ha procedido a la acumulación de materiales preindustriales tanto en el recibidor como en la habitación y sobre todo en el comedor. Las tendencias de conservación muestran un apego a los elementos metálicos y de vidrio esencialmente, además de a algunos objetos simbólicos como el arado y otros aperos de labranza.

 10. LA CASA DEL ARTESANO.

Las casas de los artesanos no difieren en técnicas constructivas y materiales de las de los campesinos. Son de piedra, emplean el adobe y buscan preferentemente una orientación hacia el sur donde poder exponer a la luz un corredor. Pero por cuestiones funcionales y de recursos económicos la vivienda del artesano es más reducida que la de los labradores: los espacios abiertos son más pequeños y carecen de amplias zonas dedicadas a la cría de animales o al almacenamiento de paja y grano del nivel de los labradores. Es también habitual que las construcciones no tengan más de una altura, aunque las más recientes suelen tener siempre dos. La cocina presenta un registro material similar al de las casas campesinas, y también encontramos cuando hay dos plantas la distinción entre espacios limpios y sucios.

La mayor diferencia estriba en que la casa es el lugar de trabajo del artesano y no del labrador. La identificación del espacio de trabajo artesano es compleja en contextos tan variables. Además el lugar de trabajo del tejedor no ha de ser excesivamente amplio, basta con que quepa el único elemento fijo del equipo artesano: el telar, y algún que otro utensilio de trabajo como el torno de hilar, el argadillo o la devanadera. Era habitual que esta zona de trabajo se ubicase justo en una estancia cerca de la puerta de entrada lo que permitía sacar los utensilios al exterior con el buen tiempo. En ese cuarto hilaban las mujeres, se hacían filandones, trabajaban los niños y tejía el padre. En general las casas de tejedores contienen mucha menor cantidad de objetos muebles que las de los labradores.

Arriba, piso superior, abajo, primer piso. Al sur del corredor posee además un pequeño patio no reflejado en el dibujo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Espacios:

1. Cocina con campana y un horno con cimentación en piedra y levantado en adobe.

2. Espacio central donde se desarrollarían las actividades textiles. En él encontramos algunos objetos dispersos, restos de sillas y armarios, plásticos, sacos, una hoz oxidada y una lata de aceite de coche.

3. Un cuarto lleno actualmente de cajas y escombros cuya funcionalidad nos es desconocida.

4. Cuarto con restos de paja y heces que parece haber servido siempre como pequeña cuadra de animales, seguramente un cerdo.

5. Ya en la segunda planta esta zona central podría tener diversos usos. Comúnmente era utilizado para dormir. Comparte su iluminación con el recinto 6, ya que un murete corta el ventanuco por la mitad, alumbrando ambas estancias.

6. Un dormitorio separado del resto del área por un muro de tapial de escasos 2 metros de altura, quedando otro metro y medio hasta el techo. Queda la estructura de la cama y un cubo de madera.

7. Un corredor de madera que da luz también a ambas estancias, muy soleado por su orientación sur.

La casa fue originalmente usada por una familia artesana, posteriormente utilizada como almacén por unos labradores sufrió algunas alteraciones pero sin variar su estructura. La casa se muestra como prototipo tradicional de casa artesana: escaso aprovechamiento ganadero, construcción de una sola altura, cocina reducida y un taller donde se desarrollaba toda la producción. El dormitorio como espacio aislado y “limpio” y el patio como elemento vertebrador del hogar.

Espacios:

Toda la zona sin numerar pero dentro del muro de cierre es un patio que permitía la comunicación entre las diversas estancias. En él había un trillo y una considerable acumulación de objetos de vidrio.

1. Gallinero.

2. Cocina con horno interno de adobe.

3. Taller de artesano. Ha sido este el único taller artesano original que hemos podido localizar. La estructura del telar manual de madera se conserva en regular estado encajado en el fondo de la estancia. Colgados de la pared y sobre unos palos hallamos un huso y rueca, palmares, tijeras, y una estructura de pequeño tamaño para espadar lino. Sobre el telar está la rueda del torno de hilar. Delante de los restos del telar encontramos varios recipientes de vidrio, un tonel artesanal y una máquina para poner semillas y trilladora automática de la reutilización por parte de los labradores.

4. Pequeño espacio con una alhacena y paredes enlucidas en estado de ruina.

5. Estancia principal de una construcción que define una vivienda. Este cuarto tiene la apariencia de un dormitorio funcionando el recinto 6 como almacén. Tanto 5 como 6 han pasado a ser un almacén donde depositar todos los trastos inservibles para sus últimos propietarios. Así aparecen tivas, escaños, vertedera con avantrén, puertas y ventanas, apriscos, rejillas, pedazos de Uralita y varios sacos y bolsas.

6. El patio o huerto de la casa se encontraba en un lugar inaccesible desde la misma, había que dar la vuelta a la manzana para poder llegar a él. Se trata como es habitual en el pueblo de cuestiones de repartos de herencias y la compraventa de parcelas que llevan a situaciones de este tipo.

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