(I) Arqueología contemporanea en Val de San Lorenzo

Arqueología contemporánea y de la postmodernidad: Gestión e interpretación en Val de San Lorenzo. Por Pablo Alonso González.

Resumen: En el presente artículo se emprende una breve reflexión sobre la Arqueología Contemporánea, una disciplina prácticamente desconocida en España y todavía en ciernes incluso en el mundo anglosajón. Se analizan también las positivas interacciones entre la la gestión del patrimonio cultural y la citada arqueología. Finalmente se expone un caso de análisis arqueológico de la contemporaneidad en Val de San Lorenzo (León), dentro de un contexto de gestión y puesta en valor del patrimonio cultural del municipio.

 1. INTRODUCCIÓN.

El presente artículo nace de la revisión y actualización de una parte del trabajo de gestión e investigación publicado con el nombre de “Etnoarqueología y gestión del Patrimonio Cultural: Maragatería y Val de San Lorenzo”(2009). La labor se realizó desde Septiembre a Diciembre de 2008 en Val de San Lorenzo gracias a la concesión de una subvención dela Junta de Castilla y León de cara al fomento del desarrollo local. La idea era simple: conocer a fondo la cultura del municipio en todas sus facetas para poder diseñar una línea de actuación patrimonial clara y respetuosa con la tradición y expectativas de su población. De este modo se estudiaron arqueológicamente e históricamente todos los periodos en el territorio municipal: prehistoria, mundo castreño, minería aurífera romana, medievo y despoblados, el “mundo rural tradicional”, las innovaciones industriales, la emigración a sudamérica y la descomposición contemporánea del antiguo régimen para llegar finalmente a las nuevas situaciones provocadas por el postmodernismo y las dinámicas de la sociedad postindustrial.

A partir de estos conocimientos previos se plantearon una serie de iniciativas de gestión en forma de posibles proyectos y anteproyectos listos para ser presentados a instituciones y posibles promotores. Los proyectos eran de lo más variado (gestión de bosques, eliminación de la contaminación paisajística en núcleos urbanos, rutas, intervenciones museísticas…) pero tenían en común el hecho de respetar rigurosamente la tradición de la zona y la idiosincrasia de sus habitantes.

Val de San Lorenzo y Maragatería, particular comarca donde se encuadra, comparten con gran parte de los pueblos del noroeste español la dura realidad del despoblamiento y la inactividad económica. Muchos de ellos han visto en el turismo cultural un posible remedio a sus males. Importantes inversiones han llegado a zonas rurales a través de fondos europeos LEADER o PRODER con apoyo de las autonomías. Sin embargo sus iniciativas han carecido en general de una dirección clara en parte por los propios lastres del mundo rural y en parte por la ausencia general de figuras como la del “Gestor del Patrimonio Cultural” que puedan crear un proyecto territorial claro. Este tipo de gestor del patrimonio ha de poseer una formación humanística y preferentemente arqueológica, dadas las posibilidades de esta para una comprensión global de un territorio. Sin embargo existe una gran distancia en la situación leonesa entre la Universidad y su territorio a la que debemos poner remedio. ¿Quién sino la Universidad ha de formar profesionales útiles para la sociedad? ¿Cómo sino se justifica la enorme inversión que supone su mantenimiento a aquella?

5. ARQUEOLOGÍA Y GESTIÓN EN VAL DE SAN LORENZO.

El trabajo aquí presentado es una revisión del apartado dedicado a la contemporaneidad en el trabajo de gestión realizado en Val de San Lorenzo. En su momento, y debido al contexto de gestión, se llevó a cabo más por intuición que por una convicción tras detenida lectura bibliográfica. Estaba convencido de que el conocimiento de la contemporaneidad desde un punto de vista histórico-arqueológico permitiría mejorar los contextos de gestión.

Para dar un contexto al estudio procederé a dar una sucinta visión de la historia reciente del pueblo. Val de San Lorenzo se encuadraba en la comarca de Maragatería. Esta se caracterizó durante el periodo moderno por la dominación de un grupo social claramente diferenciado tanto a nivel económico como social: los maragatos. Estos se dedicaban a la arriería obteniendo enormes beneficios, y usaban estrategias matrimoniales endogámicas que les permitiesen mantener su situación privilegiada. Pese a ser un grupo minoritario tendieron a imponer sus costumbres y algunos modelos arquitectónicos al resto de la población de la zona, esencialmente labradora y, en la zona de Val de San Lorenzo, artesana textil.

Mantas tradicionales de Val de San Lorenzo. El verde y el rojo predominan mezclándose con frases tradicionales de la cultura maragata como “Viva mi dueño”.

En otro apartado del trabajo se abordó la cuestión de la trasmisión de mensajes a través de la cultura material en Maragatería. El elemento más evidente resultó ser el uso del color para la transmisión de un mensaje de dominación que organizaba la sociedad en clases económicas. Para ello se usaba una parte del traje típico de fiestas, el zagalejo, una especie de falda interior que sobresalía ligeramente. Si este era rojo indicaba una posición privilegiada, si era verde clase media, y amarillo para los pobres. De este modo cada familia, a través de la mujer, expresaba y aceptaba su condición mediante un color en los encuentros sociales: bailes, misa, romerías, etc.

Con la llegada del ferrocarril la arriería entró en decadencia y el esplendor de la clase

Colores de puertas y ventanas en Val de San Lorenzo. Azul se convirtió en símbolo de “comunidad”, mientras verde y rojo expresaban diferenciación. El amarillo no aparece. Con la postmodernidad la moda es dejar la madera vista como símbolo de pureza y admiración por la naturaleza. La tradición desaparece.

maragata llegó a su ocaso. Las grandes familias emigraron a Galicia y Madrid reinvirtiendo sus riquezas. Pero su legado perduró: los colores siguieron siendo esenciales para la diferenciación social. Esto se hace evidente en la cultura material: las mantas típicas de Val de San Lorenzo y las puertas se siguen identificando con los colores de la clase dominante, eso sí, con los de las clases verdes y rojas, el amarillo pobre ha desaparecido. Hoy estos colores se han convertido en los colores típicos de la comarca y son apreciados estéticamente, desprovistos de su significado original que prácticamente nadie conoce. Un buen ejemplo de la banalización de los significados postmoderna.

Debido a su tradición textil Val de San Lorenzo era muy sensible a las crisis económicas a nivel nacional ya que exportaba parte de su producción. Por ello sufrió como Palencia o Béjar los vaivenes de los 70 del XIX y de principios del siglo XX. La falta de oportunidades obligó a los jóvenes a emigrar – tema estudiado en otro apartado – esencialmente a Cuba, México y en particular a Buenos Aires, donde llegó a haber más población del pueblo que en el propio pueblo.

Grupo de emigrantes que volvió al pueblo a principios de siglo con periódicos socialistas. A la izquierda de la fotografía un hombre vestido con el traje tradicional maragato en claro contraste con las modas indianas.

En parte gracias al retorno de emigrantes con ideas capitalistas, en parte gracias al contacto con otras zonas industriales, la artesanía tradicional de Val de San Lorenzo comenzó a modernizarse mediante la compra de maquinaria de segunda mano desechada en zonas de industrialización más temprana como Cataluña o Valencia. Algunas familias se subieron más rápidamente que otras al carro del capitalismo, provocando un shock social: mientras la mayor parte de familias continuaron con el modo de producción en casa, con pequeños talleres y una parte de la producción hecha en común mediante la asociación “La Comunal” que agrupaba a la mayor parte de trabajadores, otras familias crearon fábricas modernas donde se llevaba a cabo toda la cadena productiva. Llegados a los años 50 la agrupación comunal dejó de ser funcional mientras las fábricas privadas experimentaban un gran auge gracias al desarrollismo español y a grandes pedidos del ejército. A partir de los años 80 la crisis textil llegó también a los privados dejando al pueblo sin su fuente de ingresos principal. En este contexto se encuadra el intento actual de evolución al sector servicios a través de la gestión y mejora del patrimonio de cara a la atracción de un turismo cultural.

La llegada del capitalismo en el último siglo ha provocado una situación de tensión y enfrentamiento entre las distintas familias del pueblo. Muchas personas se refieren al antes como un periodo de ingenuidad y calma donde más o menos la 

comunidad permanecía vinculada. La fragmentación de este orden propio del antiguo régimen y la llegada de la competencia simbólica y real del capitalismo son visibles en el registro material: los nuevos mensajes de las clases poderosas, los conflictos urbe-mundo rural,etc. En este sentido el trabajo aquí presentado, visto en retrospectiva, podría encuadrarse dentro de un postprocesualismo hermenéutico, donde la cultura material es tratada en cierto modo como texto y metáfora cargada de significados.

 6. LOS PUEBLOS EN LA ACTUALIDAD.

Para la elaboración de este apartado se llevó a cabo un catálogo de los edificios de los tres pueblos del municipio: Val de San Lorenzo, Val de San Román y Lagunas de Somoza. El inventario atiende tan solo a cuestiones externas, no se han tenido en cuenta la realidad de cada casa tanto por la imposibilidad de realizarlo en tan poco tiempo como por ser innecesario de cara a nuestros objetivos que se dividen en dos líneas:

– A nivel de gestión urbana y mejora de la calidad del entorno y del paisaje los mapas son de utilidad ya que se convierten en una herramienta rápida y sencilla para conocer y controlar el espacio urbano y su apariencia externa. Actualmente se tiende a formas arquitectónicas con la piedra vista en entornos rurales, tanto por la voluntad de los propios habitantes como por cuestiones turísticas, y Val de San Lorenzo no es ajeno a este proceso. Por ello aquí se incluye una diferenciación que permite conocer qué edificios son de piedra y cuales la tienen a la vista o podrían tenerla. A la vez puede servir para localizar espacios de derrumbes y viviendas en mal estado que dan mala imagen y constituyen un peligro para sus habitantes o visitantes.

– A nivel de investigación y de conocimiento de los pueblos creemos poder establecer algunas reflexiones de tipo cultural a partir del registro material externo de las fachadas. Nuestro análisis es por lo tanto superficial, externo, hermenéutico, cognitivo, no preocupado por las cronologías sino por las diversas manifestaciones culturales de las personas a través de los objetos, en este caso de la arquitectura. En este apartado quedan fuera por lo tanto distinciones de carácter económico-funcional que posteriormente veremos.

 LEYENDA:

La metodología empleada para la captación de los datos merece una somera explicación. En realidad toda clasificación no trata más que crear un orden racional inexistente en el caos del mundo. El catálogo es por lo tanto de clasificación abierta y subjetiva. Básicamente los criterios de discriminación son simbólicos y culturales. Incluso lo industrial hace referencia a una categoría arquitectónica, aunque sí ha existido una problemática en ocasiones entre edificios industriales de tipo A, que a la vez podrían ser clasificados como edificios de tipo tradicional. Este problema se resuelve asumiendo que simplemente los industriales tipo A poseen también arquitectura con piedra a la vista.

Como tradicional se clasifican los edificios vernáculos con piedra a la vista.

Como tradicional modernizada encontramos construcciones tradicionales que han variado su aspecto exterior tratando de mejorarlo cubriendo la piedra con encalados, capas de cemento, etc.

Como tradicional restaurada entran aquellos edificios tradicionales que han pasado por un proceso de mejora y remodelación pero manteniendo o incluso potenciando los elementos tradicionales y manteniendo la piedra vista. No se tiene en cuenta su posición relativa dentro del pueblo. También se incluyen en este apartado las construcciones de nueva planta que pretenden asemejarse a modelos vernáculos.

Como moderna-pueblo se clasifican los edificios de nueva planta no tradicionales, levantados con materiales que no sean piedra, pero integrados en la urbanística general de la localidad.

Como moderna-chalet se encuadran edificios como los anteriores pero con una disposición aislada, fuera del plano urbano del pueblo o con una posición dominante sobre su entorno.

Como industrial A se clasifican construcciones de carácter tradicional con piedra vista cuya disposición tiene un cierto aire de taller o industrial que difiere de los edificios de viviendas.

Como industrial B se encuentran las construcciones industriales de mayores dimensiones hechas con materiales diversos de la piedra y con una planificación distinta a los talleres tradicionales.

Como Derrumbes se marcan los espacios donde todavía se mantienen en pie partes de construcciones abandonadas como paredes o cimentaciones.

Se utilizará en los gráficos:

Verde: Tradicional.

Azul oscuro: Tradicional modernizada.

Blanco: Tradicional Restaurada.

Rojo: Moderna-Pueblo.

Amarillo: Moderna-Chalet.

Morado: Industrial A (tradicional).

Naranja: Industrial B. (moderno)

Azul claro: Derrumbes.

1. Val de San Román.

A través de la comprensión de esta imagen podemos hacernos una idea de la historia de Val de San Román. Predominan las construcciones tradicionales, algunas de ellas modernizadas, y los derrumbes. Las primeras son la expresión  

material de una cultura preindustrial en su discurrir normal, calmado y equilibrado. Los segundos son la expresión material de la extinción de esa cultura, de la ruptura del equilibrio que la mantenía. Las construcciones modernas, tanto en el pueblo como chalets son mínimas, y muy escasas las restauraciones de casas antiguas. La arquitectura industrial moderna es prácticamente inexistente y se siguen reaprovechando estructuras vernáculas para actividades económicas.

Vinculando esta realidad material al contexto histórico podemos afirmar que el desarrollismo dela Españade los 60-70 tuvo en Val de San Román el efecto de desestructurar abruptamente su economía agropecuaria obligando a las nuevas generaciones al desplazamiento hacia entornos urbanos para desempeñar sus actividades. Situación que por otro lado comparte con la mayor parte del agro español.

Una visita al pueblo puede confirmar estos extremos, y también su aire campesino también expresado paisajísticamente en su distribución espacial: grandes espacios entre casas, zonas de huertas. La disgregación de sus tres núcleos poblaciones incrementa esta sensación de ruralidad e impide ver al pueblo como una totalidad. La disposición de las casas sobre el terreno es además totalmente orgánica, no existe un plan u orden preferente. Quizás la única tendencia perceptible sea la de alargarse a los lados de caminos y carreteras. Curiosamente la iglesia no ejerce ningún efecto de atracción de edificios como suele ser habitual. Su emplazamiento tan aislado y este pequeño detalle han de despertar la “sospecha” del arqueólogo.

Una fragmentación que también, como ya habíamos mencionado, puede provenir de las propias dinámicas de aprovechamiento del territorio campesinas a finales del periodo altomedieval. La pervivencia de este fenómeno se produce por una continuidad de las necesidades funcionales de la comunidad y por la propia reproducción social de las costumbres.

La supervivencia de este aire campestre en Val de San Román lo hace atractivo para los “neorrurales” que buscan entornos apacibles vinculados a la naturaleza para establecer su segunda residencia o una casa de veraneo.

 2. Lagunas de Somoza.

 En Lagunas de Somoza el panorama es aparentemente muy similar al planteado en Val de San Román. Ausencia de arquitectura industrial y edificios modernos y predominio de la vivienda tradicional y de la tradicional modernizada, con algunas restauraciones en el barrio sur. Grandes espacios abandonados dan a Lagunas ese aire entre tétrico y romántico de grandeza en decadencia, de que cualquier tiempo pasado fue mejor. De hecho muchas de las edificaciones calificadas como tradicionales se encuentran en su interior al borde de la ruina.

Pero en Lagunas podemos percibir algo que en San Román no sucedía: la existencia de ciertas diferencias entre barrios. El barrio sur es compacto y su organización tiene algo de racional, incluso algo de ortogonal si atendemos a la disposición de las casas maragatas. En cambio el barrio norte es mucho más orgánico, caótico y disperso. Sus casas son también más tendentes al derrumbe y no existen prácticamente restauraciones del carácter de las del barrio sur. En este se erige además con fuerza su iglesia sucesora de otra de época románica.

Desde los años 60-70, al igual que en San Román, la decadencia del pueblo ha sido imparable por el ocaso de la economía agropecuaria a la antigua. Se trata de la segunda ruptura negativa que experimenta Lagunas: la primera se había producido con el fin de la arriería y la partida de los ricos maragatos a centros urbanos en busca de nuevas fuentes de ingresos. Las ingentes casas-fortaleza maragatas que se ordenan en perfectos cuadriláteros a lo largo del barrio sur quedaban vacías o pasaban a tener un uso estacional. El mayor número de restauraciones en esta zona sur se explica también por la vistosidad de las propias casas y por lo castizo de las mismas como pertenecientes a una tipología cultural particular. Quizás la imagen que mejor defina el actual panorama de Lagunas son las calles sin iluminar ni asfaltar con grandes portones tras los que se esconden imponentes edificaciones en piedra.

La lectura del registro material nos habla de un pueblo dividido, en el que las mayores fortunas tendieron a concentrarse en el barrio sur junto a la iglesia, dejando un barrio norte más dedicado a labores agropecuarias como muestran la dispersión, tamaño y desorganización de las casas, además de una evidente divergencia tipológica en las plantas. La existencia de estos grupos dominantes podría explicar la presencia tanto del molino de viento como del moral (el Moralón) plantado junto a la iglesia – también de una calidad muy destacable respecto a las de los otros dos pueblos –y que algunos dicen que tiene hasta 300 años. Se trata de símbolos de poder expresados en las coordenadas del juego de lenguaje de la exposición superficial maragata, siempre con mesura, siempre con rotundidad. Junto a estos símbolos se levantaba, coronando el espacio áulico al este del barrio sur, una estructura dominante cuya entrada se encontraba un metro por encima del nivel normal y sus muros todavía hoy alcanzan los 5-6 metros de altura. Por todo ello el barrio sur de Lagunas de Somoza merece un tratamiento especial desde el punto de vista de la gestión patrimonial.

3. Val de San Lorenzo.

Val de San Lorenzo se presta sin duda a un análisis mucho más complejo que los dos anteriores. Su aspecto general posee un carácter mucho más “urbano”, por lo compacto de su plano y la modernidad general de las edificaciones. Sólo algunas construcciones vernáculas, generalmente pajares en estado de abandono, nos recuerdan que Val de San Lorenzo es un pueblo, y que fue un pueblo pobre. Los grandes espacios industriales al oeste del pueblo nos hablan de un potente desarrollo fabril, al igual que los muchos y dispersos talleres tradicionales en el interior. Consecuencia de este desarrollismo es un núcleo con gran cantidad de construcciones modernas, cuyos gastos no podían ser asumidos de no haber existido tal industria, que además provocó un impulso demográfico que hacía necesarias nuevas viviendas. No sólo encontramos casas modernas en el callejero valuro, sino también una especie de red de chalets que rodea el pueblo , situándose lo bastante cerca para mantener su filiación con el mismo y lo bastante lejos para no integrarse en su planeamiento urbano, mostrando una voluntad de aislamiento y dominio visual, además de individualismo. Por otro lado encontramos un gran número de viviendas tradicionales modernizadas, encaladas, con capas de cemento que recubren la piedra, etc. Estas no suelen poseer una arquitectura espectacular sino que son generalmente casas de pequeñas dimensiones típicas de artesanos.

Chalet con voluntad de aislamiento en Val de San Lorenzo, y con tipología arquitectónica foránea.

La práctica ausencia de zonas derrumbadas nos habla de la vitalidad del mercado inmobiliario del pueblo y de una preocupación por su aspecto externo y limpieza. Las restauraciones son escasas. Val de San Lorenzo carecía de una arquitectura de carácter áulico maragata, por lo que su arquitectura se prestaba poco a la restauración o implantación de edificios de nueva planta imitación de lo tradicional. Al igual que en Lagunas, existe una zona principal en este caso en torno a la ermita donde se concentran las mejores casas, habiendo pasado la mayor parte de ellas por un lavado de cara y restauración. Se produce así una vinculación entre familias pudientes – registro material – mentalidad. Para que se produzcan restauraciones de carácter posmoderno o que sigan pautas tradicionales suelen entrar en juego varios factores: que exista un edificio tradicional de buena calidad que se preste a ser restaurado, que la familia posea un capital a invertir y que haya asumido el orgullo posmoderno de lo vernáculo y tradicional. De ahí que de nuevo la moda posmoderna del chalet tradicional sea de nuevo un capricho que desde las clases más pudientes se va extendiendo y que los demás tratan de imitar.

Val de San Lorenzo nos sirve como espejo para resaltar las sutiles diferencias en las formas de aproximación al registro material. Una búsqueda de cronologías, de intentar retroceder en el tiempo para conocer los espacios o núcleos más antiguos, ha de tratar de alcanzar el objeto en sí: los cimientos de la casa, las estructuras primigenias, etc. donde podría aparecer alguna pista de interés. Nuestro análisis no se ha dirigido al objeto en sí sino a su relación externa con los demás, al objeto en cuanto expresión material superficial y simbólica del Dasein de los individuos. Se trata de la diferencia entre un análisis cronotipológico y uno cultural. En Val de San Lorenzo nos planteamos también la realización de un inventario de tipo funcional, cuyo objetivo era la individualización de todos los edificios que albergasen algún tipo de actividad textil pasada o presente. Rápidamente sin embargo este proyecto demostró ser absurdo: en todas las casas había habido actividades relacionadas con el textil de uno u otro modo, a excepción quizás de algunas casas de buena alcurnia y otras pertenecientes a labradores. La racionalización de la realidad se presentó como absurda ante la complejidad del mundo, en este caso del mundo Val de San Lorenzo. ¿Cómo diferenciar entre lo artesanal y lo industrial? ¿Cómo establecer fases donde cada grupo hizo lo que pudo en cada momento, existiendo prácticamente tantas variables como familias?

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