En recuerdo de Reta

Hoy se cumple el primer aniversario desde que nos dejó Reta, el tamboritero de Argañoso.  Durante este año se le han rendido dos homenajes uno en el Val de San Lorenzo y otro en Valdeviejas. Hoy quiero también recordar a Reta con esta entrevista que Isidro Martínez Rodriguez le hizo en el 2008:

Belarmino Martínez, un tamboritero maragato que estuvo treinta años en las minas del Bierzo.

Belarmino Martínez del Ganso (1940-2011†), es un vecino de Astorga jubilado desde hace unos años, y con pasión por hacer cestos, talegas, talegones, terreros… que ahora ya se usan mucho menos. Reta es un hombre del folclore maragato, pues también es tamboritero.

En su casa de Rectivía, mirando al Teleno y vecina de fincas de centeno, ahora improductivas, Belarmino cuida la huerta y de varias paras, además de pasear con el perro por la campiña hacia Valdeviejas. En el patio, casi siempre tiene un cesto a medio hacer, pero su vida ahora se hunde en las raíces de la mina y de Maragatería.

“Estuve en las minas del Bierzo casi 30 años. Bajé como ayudante en el año 1971, y me jubilé en 1993, con más de 25 años como picador, el trabajo más duro de la minería.”

Belarmino Martínez en ocasiones se mira sus brazos donde aparecen rastros y líneas azules. En el trabajo, las piedras de carbón hacían en los brazos pequeñas heridas, que cicatrizaban con polvo del mineral y sangre, convirtiendo la piel en un recuerdo eterno, del paso por los pozos.

Niño pastor con flauta

“Nací en el pueblo de Argañoso hace 68 años. A los siete ya iba con mi abuelo, Fernando del Ganso, al monte de Arriba, en el pueblo ahora abandonado de Fonfría, y también al Monte de La Marquesa, con las ovejas.

El abuelo tenía más de sesenta ovejas y 25 cabras, que juntábamos con las del resto del pueblo, hasta reunir unas 800 cabezas. A partir de los once años ya iba solo al monte con los animales, en compañía de otros pastores como el Tí Tomás (ya fallecido) y su hijo Luis Escudero, que reside en Astorga con más de 80 años. Llevábamos las ovejas y la cabrada de todo el pueblo.

Estas labores de pastor se ampliaban con el cuidado de las vacas en montes y prados, que se hacía por “vecera”, una vez que se había segado la otoñada de las praderas, para aprovechar las hierbas que aún quedaban.”

La niñez maragata era muy parecida en todos los pueblos. A la escuela lo imprescindible, y más bien en invierno, porque con muy pocos años había que ir a cuidar el ganado al monte.

“En aquellos años, en Argañoso, también fui a cuidar ovejas con otros pastores como Honorino Cordero, ya fallecido. En una ocasión hicimos un pequeño poz, con un palo de urz, en un reguero de un manantial, en el paraje de “Forcas”, en el monte “Cousa”, para bañarnos. Era un charquín ahondado sin pala, que no teníamos, y que acabó siendo bebedero para las ovejas y las vacas.”

Eran los años cincuenta, como dice la canción de Ana Belén, pero no en Madrid yla Puertade Alcalá, sino en los montes maragatos.

“En los largos días de pastoreo aprendí a tocar la flauta maragata. Sus abuelos, Fernando y Bibiana, le traían una flauta de sabugueiro (saúco) que no duraba más de medio año, y los siguientes seis meses me los pasaba esperando que me dieran otra”.

Las flautas de saúco son las más fáciles de elaborar, pues tienen el hueco central ya hecho con la caña del propio tronco de este arbusto, pero ofrecen poca resistencia y duración limitada. Pero ya lo decía la canción, “eran los años cincuenta…” y había lo que había.

“El primer tambor me lo dio mi tio Agapito. No se dónde andará ahora, aunque lo he buscado en ocasiones, porque a los 16 años, y mirando nuevos horizontes, me marché a Madrid, a trabajar. Pero hasta entonces, aprendí a tocar el tambor con mi padre, Fernando Martínez, que era el tamboritero de Argañoso. Y con el tío Quico, que con 93 años todavía sigue viviendo en Astorga. En el pueblo había algunos vecinos más que también tocaban la flauta y el tambor.”

Para aprender a tocar los bailes maragatos, Belarmino Martínez, a falta de instrumentos, se arreglaba con la imaginación.

“Tocaba la flauta y para acompañarme con el tambor marcaba el ritmo en la “gallata” (la cacha del pastor) con un “garrancho” (palo) de urz como palillo.”

Pescadero, camarero, pastelero…

La biografía de Belarmino Martínez del Ganso parece calcada de la de tantos jóvenes maragatos de los años cincuenta y sesenta: niñez de monte y ovejas, falta de trabajo en los pueblos y la marcha a Madrid… pero cada uno con su toque personal.

“En el año 1956 viajo a Madrid. Habían convenido en casa que trabajara de pastelero con Emilio Martínez, un maragato de Rabanal Viejo, aunque el negocio lo llevaban sus hijos. Pero… me canso pronto, porque el trabajo en Madrid no me gustaba. Y regreso a casa…”

La vida de cada cual, aunque similar, siempre aporta matices particulares. Reta abandona Madrid, pero por poco tiempo.

“En el pueblo estoy menos de un año, porque no había tocino para todos (es conocido que en Maragatería los jamones de la matanza se cambiaban por tocino, para tener más comida durante todo el año), y regreso de nuevo a trabajar a Madrid. Ahora de camarero en la barra del negocio de unos hermanos gallegos. No había puesto un vaso de vino en mi vida, pero aprendo rápido.”

Pero Belarmino Martínez no se llevaba bien con los trabajos en la capital. Seguía siendo un chico de pueblo que pensaba más en su tierra, que en hacer negocio en Madrid. Después de casi un año en la  hostelería, Reta recala en el oficio más común de los maragatos madrileños: pescadero. Trabajaba en el establecimiento que Manuel Blas Ibáñez, natural de Tabladillo de Somoza, tenía al lado dela Cibeles.

Para entonces la mili no estaba lejos, y Belarmino tampoco disfrutaba en exceso con la pescadería.

“Los cestos de calamares en las costillas, el agua por toda la espalda (en verano y en invierno), y llevarlos andando a lugares alejados, no me parecía el mejor trabajo posible.”

Mientra lo pensaba mejor, en el año 1962, el servicio militar lo lleva a Leganés. Permanece un año y medio en el cuartel, y en julio de 1963, cuando ya habían acabado con la hierba de Argañoso (uno de los trabajos más pesados en el campo maragato de cada estío), Reta se presenta en casa.

Minero para siempre

Seguro que la familia le dijo en aquel verano de 1963, “podías haber llegado un poco antes, para ayudarnos con la hierba…”, pero la “blanca” (la cartilla militar) la daban cuando correspondía, no cuando hacía falta una mano de obra en el campo de Argañoso.

El día 5 de agosto, la fiesta patronal de Las Nieves en el pueblo, comienzo a trabajar en la mina del pueblo de Santibánez de Montes y después en otras empresas en localidades como La Silva, Montealegre para Andrés Calvo…

Pero la mina era fatigosa, y al tamboritero le gustaba cambiar. Belarmino Martínez se había sacado el cané de conducir camiones, y varía un poco su trayectoria laboral.

Durante dos años hago “la ruta” llevando carbón a varias ciudades, hasta que en el año 1971 una gran nevada en el puerto de Pajares, me convence de forma definitiva: dejo el transporte y regreso a la mina. El 28 de mayo de 1999 trabajo el último día en el pozo, siempre de picador, con un tercer grado de silicosis.

Un cestero con flauta

Hace ya casi un siglo el abuelo Fernando del Ganso era cestero en Argañoso. Belarmino Martínez lo recuerda haciendo cestos en el patio de casa, y también llevando las talegas en el burro hasta Rabanal, en donde las vendía por 2,5 y 7 pesetas, según el tamaño.

Aprendí la cestería con el abuelo. Al principio le ayudaba a hacer los bordes de los cestos y las talegas, y un poco más tarde, ya podía con todo.

Pero la variada trayectoria laboral de Reta le llevó a grandes pausas en sus aficiones.

En Madrid no hice cestos ni toqué la flauta.

Pero al regreso definitivo a la propia tierra algunas pasiones se reavivan.

En el año 1964 toco en mi primera boda maragata. Me pagaron 400 pesetas. Lo hago con un tambor que había comprado en Andiñuela por 700 pesetas, de las de entonces, y todavía lo conservo en casa, arreglado y remozado.

Durante los años de minero también acudo a muchos lugares, a donde me llaman, para tocar en las bodas y en las fiestas de los pueblos.

Mimbres de La Maluenga

El mimbre, asegura este cestero, es el mejor material.

Los buscaba en Argañoso, pero también en La Maluenga y enPiedralba. También se usaba el piorno (escobas), que se cortaban en abril, con la savia, y se le quitaba la “monda” (corteza) para dejarlas secar y guardarlas. Después, al ir a trabajar se mojaban y recuperaban la elasticidad necesaria para elaborar los cestos. Otros materiales que he usado son las ramas de palera, de piorno sin pelar y de salguera.

En aquellos tiempos por razones de trabajo, y ahora menos, porque el trabajo del campo ha cambiado mucho, los cesteros tenían una amplia gama de productos.

He trabajado los cestos para la vendimia, que eran los más grandes (siempre de mimbre) y muy fuertes, para peso y de gran capacidad; los talegones, las talegas (algo más pequeñas), los cestos para ir a buscar setas, cestos más pequeños para adornos y ornamentación.

La cestería, una artesanía manual que se pierde de forma irremediable en esta tierra (que sepamos sigue vigente en Sardonero, Castrocalbón, en Astorga y en pueblo de Palencia, cuyo artesano estuvo este año en la feria de Val de San Lorenzo).

Todo el proceso se hace a mano. Se cortan las mimbres o ramas, se pelan, se dejan secar a la sombra, y después se mojan durante un tiempo para poder trabajarlos.

Un cesto se puede hacer en tres horas, y Belarmino Martínez, ahora jubilado, puede dedicar dos horas por la mañana y otras tres por la tarde, a hacer cestos de todas las clases, que en ocasiones vende por encargos, y en otras muchas ocasiones, los regala a amigos y conocidos.

Por dinero no lo hago. Los más grandes, y que más tiempo llevan de trabajo, no se dan por más de diez euros, así que…

Reta que sigue con su tambor y su flauta tocando en bodas y en las fiestas de los pueblos, y también en Astorga, adivina en el horizonte por dónde “cae” Argañoso, cuando sale al campo con su perro y recuerda sus años de niño y sus raíces.

Ahora, echando la mirada atrás, se mira las cicatrices azules del carbón en sus brazos, pero nunca ha echado de menos los cestos de calamares a la espalda, o el servir copas en Madrid.

En el caso de Reta, la tierra fue esencial y poderosa; le obligó a regresar a las raíces, y ahora su pasión es la cestería y la música, como hace ya casi un siglo tenía por costumbre el abuelo Fernando del Ganso en Argañoso. Aunque, cuando se cansa de varas y flautas, también tome la navaja y moldee alguna castañuela, cuchara o tenedor, por dar variedad a las aficiones de un minero maragato jubilado en Astorga.

 Por Isidro Martínez Rodríguez | Navidad de 2008

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5 respuestas a En recuerdo de Reta

  1. David A. Fdez. dijo:

    Comentario de David Omaña desde el grupo flauta y tamboril de Facebook:
    “Belarmino era un tamboritero excelente. Me dió mucha pena su fallecimiento. Te recordaremos siempre.”

  2. sonia prieto dijo:

    soy cuñada de belarmino le hechamos muchisimo de menos era la persona mas humana que yo he conocido donde quieras que estes siempre te recordaremos

  3. Judit dijo:

    Soy Judit, la nieta de Belarmino; muchas gracias por acordaros de mi abuelo y en especial a David que ha mantenido muy presente su recuerdo….

  4. Pingback: Antonio Martínez Alonso, “el jamonero”, tamboritero de La Maluenga (II) | Blog del tamboritero maragato

  5. Pingback: “Domingo tortillero” con flauta y tamborín en Rectivía (Astorga) | Blog del tamboritero maragato

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