Santiago Millas, parada y fonda

Los 44 pueblos que componen la Maragatería tienen, para muchos, costumbres y maneras de ser distintos al resto de sus vecinos.

Los propios maragatos, asentados a lo largo y ancho de 44 pueblos, distinguen alguno de ellos como depositarios más comprometidos de las esencias de este enigmático legado étnico que imprime carácter, y que se hunde en las nebulosas raíces de un presentido origen semítico, cuando no morisco. Cuarenta y cuatro pueblos —según uno de sus más ilustres mentores, Luis Alonso Luengo— «cuyos usos y costumbres, maneras de ser y signo racial, nada tienen que ver con los de otros pueblos que los rodean». Castrillo de los Polvazares y Santiago Millas, pueden servir de ejemplo de las más acusadas características que definen el ser y sentir de la Maragatería.

La primera y principal de las actividades que dieron fama a los maragatos, en el concierto nacional, fue la de la arriería. El hecho de que el erudito polígrafo astorgano, José María Luengo Martínez, descubriese en el año 1966, en La Coruña, una lápida sepulcral del siglo XIV, cuya dedicatoria en puro latín decía: Hic Jact Johannes Andresi Mer (I) Cator, junto a los grabados simbólicos de la arriería, que eran la bolsa y la tralla, fue para muchos signo evidente de que el vocablo ‘mercader’ o ‘mercator’ había dado por afinidad el de maragato, por aquello del tránsito inmemorial que venían ejerciendo como arrieros.

Viene a concordar esta circunstancia, en el tiempo, con otro hecho que se produjo en el mismo siglo, concretamente el 28 de febrero de 1367, en el que el rey Enrique II concede al pueblo de Astorga el «Privilegio de Exención de pago de Portazgo» en todas las ciudades del reino, privilegio que fue disfrutado por los arrieros, a quien iba dirigido en gracia a la probada honradez que habían demostrado los maragatos, y que la Corona compensaba de esta manera, además de confiarles el transporte de la recaudación de tributos Así como el oro procedente de «Las Indias» tras el descubrimiento de América.

Arrieros somos…

La acumulación de méritos corporativos en el dilatado trajín de la arriería maragata, llegó a dar sus frutos más óptimos en los dos primeros tercios del siglo XIX. La figura del maragato al lado de sus recuas o sentado en la vara del carromato, era una estampa familiar en los polvorientos caminos castellanos, y la invariable vestimenta de anchas bragas, gran sombrero borleado, almilla y cinto, fueron el blanco de tantos y tantos escritores románticos.

Madrid, en sus castizas calles de Toledo y Segovia, albergaba a la mayor parte de los maragatos que «repostaban» en la capital del reino, y que dieron pie al celebrado escritor, Mesonero Romanos, para que incluyese a nuestros paisanos de la maragatería en sus famosas Escenas Matritenses, cuando en el año 1840 apareció uno de sus más sabrosos pasajes bajo el título de La Posada o España en Madrid.

Por aquellos tiempos, desde su pueblo natal de Santiago Millas, se había instalado en Madrid don Santiago Alonso Cordero, diputado a Cortes por Astorga durante veinte legislaturas, por cuyas venas corría la más pura sangre arriera y defensor a ultranza de las esencias maragatas. Personaje conocido en los círculos más selectos de la vida social madrileña, tanto culturales como económicos, amigo personal de Espartero y contertulio de Benito Pérez Galdós, que le retrata en uno de los tomos de Los Episodios Nacionales de la manera siguiente: «Es un hombre risueño y frescote, con cara de obispo, de maneras algo encogidas, que no abandona por nada del mundo la etiqueta popular de sus bragas de maragato, de hablar concreto y ceñido a los asuntos. Se enriqueció en el acarreo de suministros y hoy es uno de los primeros capitalistas de Madrid».

Su posición, y la amistad con que le distinguieron el rey Fernando VII y su hija Isabel II, cuajó en la línea regular de viajeros de Madrid a La Coruña, cuyo eje central se encontraba precisamente en el pueblo de Santiago Millas, en el que el ‘Maragato Cordero’ construyó un edificio de grandes y bellas proporciones que sirvió de casa matriz de postas en la cuidada organización viajera del noroeste de España.

El monopolio de los viajes entre la capital de España y los confines gallegos, determinaron la exclusiva propiedad de un parque de vehículos que bien podía competir con los más sofisticados del modelaje de la época, por lo que nuestro maragato de Santiago Millas puso a disposición de la reina Isabel II los mejores carruajes de su extenso surtido.

Y cuentan los biógrafos de don Santiago que el maragato hizo lo que pudo por convencer a la reina para que se aposentara en su mansión de Santiago Millas, sosteniendo con la soberana la siguiente conversación: «Los salones de su residencia estarán pavimentados con onzas de oro, pues Su Majestad no merece menos». A lo que le contestó la reina con cierta sorna: «¿No ves, Santiago, que de esta manera me pisarán la cara todos los que allí entren?». «No pase recelo por eso, señora. Ya me las arreglaré para que esto no ocurra». Y concluye esta legendaria historia asegurando que Cordero ordenó pavimentar «las habitaciones de la reina», con las monedas de canto para que nadie pisara su cara.

Hoy, Santiago Millas, además de ofrecer una bella estampa de la arquitectura popular típicamente maragata y arriera, obsequia al visitante con un delicioso cocido maragato servido con el mejor estilo tradicional.

Diario de León | Enrique Alonso Pérez | 08/01/2012

Santiagomillas: un paisaje pespunteado por castros y peñas furadas

Municipio de gentes esforzadas cuya realidad poco tiene que ver con el mito literario del maragato.

Aunque el nombre de Santiagomillas resuena a peregrinos jacobeos, el origen de este municipio de la Somoza es probable que se encuentre en otro de los itinerarios que surcaba el occidente de la Península Ibérica: la calzada que unía Bragranza y Astorga. En los caminos estuvo su nacimiento y también su esplendor entre los siglos XVII y XIX con la arriería. El municipio está jalonado de ‘castriones’, ‘castrines’ y castros que revelan la enorme explotación a cielo abierto que supuso la minería de oro romana. A pesar de que el agua parece haberse olvidado de su tierra, las cinco pedanías, Morales del Arcediano, Oteruelo, Piedralba, Santiagomillas y Valdespino de Somoza guardan en su paisaje peñas furadas, fonticas y alberques. La literatura y los grandes viajeros de siglos pasados se encargaron de crear un mito, el del maragato, que algunos historiadores ponen en duda. La realidad en el día a día de estos pueblos esquinados en el mapa de la provincia, bajo el manto protector del dios Teleno, nos habla de gentes esforzadas cuyas vidas poco tienen que ver con el maragato Cordero, don Santiago, el ministro de la reina Isabel II, y mucho más con Pepe Ares y su hermano Nicolás, ya fallecido, los últimos herreros de esta comarca hermosa y dura.

La Crónica de León | M.A.R. | 20 /11/2011

En el corazón del país de Maragatos -Santiagomillas-

El municipio de Santiago Millas se encuentra en el corazón de la comarca Maragata, al margen izquierdo del Camino de Santiago. A una distancia de 55 Km de la capital de la provincia y a una altitud de 835 metros sobre el nivel del mar, este municipio con vistas al monte Teleno fue declarado Conjunto Histórico en 1999.

Es cabeza de un Ayuntamiento que engloba los municipios de Morales de Arcediano, Oteruelo, Piedralba, y Valdespino de Somoza y cuenta con cerca de 400 habitantes empadronados. Santiago Millas está dividido en dos barrios, el de abajo y el de arriba. “Dicen que era porque hubo dos hermanos que se enfadaron y alrededor de la casa de cada uno se fue haciendo las diferentes partes del pueblo”, comentan los vecinos. Los del barrio de abajo eran los ‘Cascajos’ y los de arriba los ‘Vejigos’. “Y siempre estábamos peleados”.

Lejos de esas rencillas típicas de pueblos, dejan claro que son muy pocos los vecinos que viven diariamente en la zona y se ayudan entre unos y otros. La mayoría de la población es anciana puesto que la gente joven prefiere vivir en Astorga, que está a tan sólo 7 kilómetros, y ofrece todos los servicios que no tiene Santiago Millas.

La fundación del pueblo permanece oculta en la historia. En los documentos antiguos aparece siempre denominado el pueblo, como Santiago de Millas, probablemente debe el nombre a un millar romano de la calzada de Braganza a Astorga que atravesaba los campos del pueblo. Zona con vestigios de hábitats celtas, fue igualmente valorada por los pobladores romanos por su riqueza aurífera.

La historia de Santiago Millas está indiscutiblemente unida a la arriería, especialmente en los siglos XVII-XIX, época de esplendor del pueblo. Con razón es considerado el pueblo como la indiscutible capital de la maragatería arriera. Los maragatos de Santiago Millas se hicieron famosos en toda España con sus mercancías transportadas en mulas y carromatos. El ferrocarril fue el mayor enemigo de los maragatos y también la causa de la despoblación de la zona. Actualmente los maragatos son campesinos y ganaderos.

Dos parroquias y una iglesia son los monumentos más destacados de Santiago Millas. Pero el valor del pueblo reside en la construcción de las casas, en su arquitectura, con unas galerías exteriores típicas de la maragatería y una distribución en forma de ‘U’ alrededor de un patio interior. Sus casas con dintel cuadrado o con arcos de medio punto en las entradas nos hablan del tráfico arriero. Las amplias calles están pavimentadas con canto rodado que le proporcionan una antigua imagen a Santiago Millas.

Por su parte, el alcalde, Sindo Castro, dice que le resulta complicado reseñar un rincón del pueblo como su favorito puesto que para él “su pueblo es su casa, un lugar donde estar a gusto y desconectar”. Aún así el regidor invita a contemplar el reloj del Barrio de Abajo que data de 1930.

La gastronomía siempre ha destacado en esta parte de la provincia. El plato más conocido es el cocido maragato, cuya característica principal es que se sirve, y por tanto se come, al revés. Es decir, se empieza por las carnes (cuya variedad puede alcanzar los doce tipos), siguiendo los garbanzos, las patatas y la verdura, y la sopa, para acabar con el postre, que habitualmente son natillas. La razón de este cambio en el orden de los platos no se conoce a ciencia cierta, pero la costumbre procedía de los arrieros, que preferían comer antes la carne fría para luego calentar la sopa una vez llegados al pueblo. En Santiago Millas hay tres casas de cocido: el mesón Santiago Millas, Casa Gloria y Arturo. “Todas ofrecen un cocido delicioso”, defiende su alcalde.

El Mundo | S.C.A. | 04/07/2011

La arriería documentada

La antigua escuela, hoy Museo de la Arriería, se encuentra en el Barrio de Arriba de Santiago Millas. Es una construcción de principios de siglo, en una superficie de 580 metros cuadrados. Originariamente fue vivienda de Julián Alonso Rodríguez, que en 1915 la donó para escuela de niños y vivienda de la maestra. Otra parte de la casa fue destinada a escuela de niños en 1926, siendo Ventura Alonso quien sufragó los gastos.

El tipo de arquitectura se corresponde con la construcción rural tradicional de la zona. El visitante puede conocer los aspectos de la vida de esta comarca, costumbres, atuendos, trabajos artesanales, y, sobre todo la actividad arriera.

El Museo de la Arriería Maragata surge como un proyecto de exposición permanente en la que el visitante puede conocer un proceso que, durante siglos y hasta la llegada del ferrocarril, fue la vida y la personalidad de esta tierra. La peculiaridad en las costumbres, en la vivienda y el atuendo de los maragatos tiene una vinculación directa a la dedicación profesional de la arriería. Objetos, documentos, viejas fotografías y grabados que hacen posible la transmisión al espectador de un oficio antaño vigoroso que hoy solo es recuerdo; oficio que sirvió para caracterizar a unas gentes que adquirieron popularidad en la época de los viajeros románticos. Narraciones literarias, textos de viajeros o fuentes documentales interpretadas sirven para apoyar los objetivos del montaje y para singularizar la comarca a través del grupo social que le proporcionó su propia personalidad.

Y es que la situación de Santiago Millas en el contexto geográfico de la arriería y el desarrollo de esta actividad es un hecho documentado históricamente que justifican de manera sobrada la ubicación del museo en este enclave.

El maragato Cordero

Si existe un personaje ilustre en esta zona de la geografía leonesa, y que también tiene su espacio en este museo, ese es Santiago Alonso Cordero, más conocido como ‘Maragato Cordero’.

Destacó como político influyente y en sociedad con su hermano Francisco, ejerció como arriero, fabricante y contratista de obras. Sus carros recorrían una y otra vez las rutas de Galicia y de Castilla, pero nunca perdieron el vínculo con su lugar de origen. Santiago Millas fue siempre un lugar de regreso y donde se construyó una enorme casa que hoy en día está cerrada el público.

Dentro de los liberales ejerció como Diputado en Cortes por Astorga (en el periodo 1846 – 1856), siendo además una persona de gran fortuna gracias al negocio del transporte de mercancías a la Capital. Su influencia le llevó a ser Presidente de la Diputación de Madrid.

Su vida fue tan interesante como para que Benito Pérez Galdós la incluyera en algunas de sus novelas. Fue uno de los primeros ganadores de la Lotería Nacional y el Estado al no prever el gasto total de dicho premio le cedió una casa en la Puerta del Sol en Madrid que recibió su nombre. Cuenta la leyenda que tenía tanto dinero que quiso forrar una habitación con monedas de oro. Así, invitando a la Reina a su Casa de la Puerta del Sol ofreció a su Majestad alfombrar el suelo con monedas de oro, algo que la reina Isabel II rechazó ya que al poseer tales monedas su rostro no quería ser pisada. Ante dicha respuesta, Cordero propuso ponerlas de canto. Dicen.

El Mundo | S.C.A. | 07/04/2011

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2 respuestas a Santiago Millas, parada y fonda

  1. MARAGATA dijo:

    Interesante Blog. Soy española, me gusta León, me encanta Astorga y me siento maragata, qué más puedo decir?

  2. Pingback: Recordando a Concha Espina y La Esfinge Maragata (II) | Blog del tamboritero maragato

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