400 fotografías de un valor antropológico incalculable

Val de San Lorenzo recuperará el archivo fotográfico del verano de 1926 de la Escuela de Cerámica Madrileña

El Ayuntamiento del Val de San Lorenzo y la Escuela de Cerámica de Madrid firmarán, próximamente, un convenio para que el pueblo maragato disponga del archivo fotográfico que cuenta cómo era el Val y sus gentes a principios del siglo XX. Las fotos fueron realizadas por Aniceto García Villar, profesor de la prestigiosa escuela de la capital de España, durante el curso de verano de 1926 en el que 45 alumnos convivieron con los vecinos de la localidad.
Son alrededor de 400 fotografías de un valor antropológico incalculable. Narran cómo se vestían los maragatos, su arquitectura, las faenas agrícolas, las tareas textiles, los modos de vida e infinidad de pequeños detalles de la vida cotidiana. El conservador de los museos textiles del Val de San Lorenzo, Miguel Ángel Cordero, asegura que “no sólo quedó reflejado el pueblo en esas bellísimas imágenes, sino principalmente sus vecinos. Las fotografías realizadas por García Villar a lo largo de su estancia en Val, llaman la atención por su calidad y perfección de imágenes”.
La historia que cuenta este archivo fotográfico se plasmó a lo largo de las seis semanas de estancia de los profesores y los alumnos del curso de verano de la Escuela Madrileña de Cerámica. “La política de la escuela, al estar ligada a la Institución Libre de la Enseñanza, no era venir a un pueblo, pintar y marcharse, sino que convivían y se integraban, de hecho eran acogidos en las casas de los vecinos. Se vistieron de maragatos, asistieron a las veladas por la noche, cantaron… Vieron y conocieron la vida del pueblo”, precisa el conservador. Esto era lo que pretendía Francisco Alcántara, el fundador de la escuela.
Todavía recuerdan a los ‘pintores’
La estancia de los ‘pintores’, como se les conoce todavía en Val de San Lorenzo, fue recordada en 2001 en el 75 aniversario del curso de verano con una reedición de aquel encuentro, y una exposición de 18 acuarelas originales. “Yo atendí aquella exposición y me percaté de algo muy emocionante, los vecinos que entraban reconocían a sus padres, a sus abuelos, y dije: esto no se puede quedar así, tenemos que seguir trabajando para editar todo lo que haya e intentar conseguir traer más acuarelas”, recuerda Miguel Ángel Cordero.
Así es como empezó a ‘tirar del hilo’ hasta dar con la colección de fotografías de la escuela y con otras imágenes recogidas por los alumnos de entonces que hoy guardan sus descendientes. En una investigación realizada casa por casa, está logrando identificar a quienes aparecen retratados. “Estoy cumpliendo con lo que me ha sido asignado por el destino, toparme con parte importante de la historia local de mi pueblo en ese primer tercio del siglo pasado, del cual por desgracia para todos, hay muy poca documentación. Ello es pues un regalo para nosotros y cómo no, para las generaciones venideras”, afirma.
Está claro que la relación entre la Escuela de Cerámica de Madrid y Val de San Lorenzo no se limita a 1926 porque ha traspasado el tiempo. Además de las actividades conjuntas, parte de aquellas fotos están expuestas de manera permanente en el Centro de Interpretación Textil ‘La Comunal’, así como reproducciones fotográficas de diversas acuarelas de los alumnos y profesores.

Un viajero amigo de Sorolla
En 2011 se conmemoró el centenario de la Escuela Madrileña de Cerámica fundada por Francisco Alcántara, “gran viajero y conocedor de España como su amigo Joaquín Sorolla”, subraya el conservador de los museos textiles de Val de San Lorenzo.
El pueblo maragato acogió a los aprendices ceramistas madrileños gracias a la amistad que unía a los dos. El pintor impresionista recorrió la provincia de León entre los años 1902 y 1909 trabajando en ‘Visión de España’, un encargo de la Hispanic Society de Nueva York. Por eso, “es muy probable que Sorolla se acercara hasta Val y aconsejara a su amigo para realizar el curso de verano”, señala Miguel Ángel Cordero.
Sorolla estuvo en Astorga, pintó algunos rincones y compró un collar del siglo XVIII de un platero de Astorga para su mujer. El artista acudía a los mercados y romerías para hacerse con la indumentaria campesina.

La Crónica de León | M.A. Reinares | 02/01/2012

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