Apuntes de literatura popular maragata

Algunas muestras de literatura popular en el entorno del País de Maragatos

Por Antonio García Montes

 RESUMEN

Son muchas las formas de literatura popular que permanecen vivas en la sociedad y en las gentes maragatas. Algunas son recuerdos del pasado y otras se repiten una y otra vez en cada ocasión que las circunstancias son propicias: en la gastronomía, la indumentaria, el folclore, las tradiciones, los tratos comerciales, los dictados tópicos… podemos encontrar joyas de la tradición oral o escrita que enriquecen el patrimonio cultural.

ARTÍCULO

La comarca leonesa de la Maragatería(o simplemente Maragatos) ha pasado por ser una de las más enigmáticas y peculiares de España; y sus gentes, los orgullosos maragatos, un grupo históricamente cerrado que ha sabido guardar celosamente buena parte de sus tradiciones intactas prácticamente hasta nuestros días. Si se dedica tiempo y se localizan los informantes adecuados, el investigador se puede encontrar fácilmente con una variada y sorprendentemente rica colección de muestras de literatura popular que han pervivido durante siglos, unas veces en la memoria colectiva de la oralidad y otras fijadas por escrito en los más variados elementos.

Entre los ejemplos más frecuentes de este tipo de manifestaciones literarias, muy variadas como veremos, se encuentran los llamados dictados tópicos o dichos locales, que constituyen por sí mismos un importante capítulo de la literatura popular de tradición oral. En ellos se utiliza un lenguaje ponderativo y se ponen de manifiesto las filias y las fobias de las gentes y de los pueblos respecto a sí mismos y a sus vecinos; rara vez se presentan estos dichos en una forma neutral, ya que lo que suele predominar en ellos es el carácter encomiástico o el denostador. Los tipos de dictados tópicos, según Romero y Espinosa, que a su vez se basa en J. Leite de Vasconcellos, son: 1. los elogios, repetidos por gente extraña a las localidades a que ellos se refieren, no lo son evidentemente por los naturales; suelen ser dictados encomiásticos o elogiosos referidos a una población determinada. 2.

Los dicterios (llamados apodos por Leite de Vasconcellos), por los que se conoce la rivalidad que existe entre poblaciones, especialmente entre las que se hallan situadas a cortas distancias.

Entre los dicterios contra poblaciones o gentes, podemos citar los apodos que se dan entre sí algunas localidades cercanas pertenecientes a los municipios de Val de San Lorenzo, Santiago Millas y Luyego de Somoza: así, los lugareños de Val de San Lorenzo son apodados Valuros; los de Valdespino de Somoza, Bubillos (en referencia a las abubillas); Arbeyos llaman los vecinos a los naturales de Val de san Román, mientras que a los habitantes de Luyego de Somoza y Villalibre de Somoza los conocen como Cigüeños y Renacuajos, respectivamente.

En la misma línea, corre de boca en boca una copla valdornesa que encontramos con muchas variantes a lo largo de nuestra geografía:

No compres madera en Valle

ni en Villalís plantes trigo;

ni en Posada busques novia

ni en Villamontán amigo.

La madera saldrá coca,

el trigo no nacerá,

la novia te saldrá puta

y el amigo te venderá.

Otra muestra de dicterios, con muchas variantes, en este caso contra comunidades cercanas y con intención de denostar, la encontramos en el siguiente ejemplo recogido en el corazón dela Maragatería:

Los gallegos, cuando no tienen qué hacer,

traen un saco por pendón

y sacan un gato de procesión.

Está documentada la licenciosa vida de muchos arrieros, transportistas y comerciantes adinerados que frecuentaban los caminos, las posadas, mesones y ventas, en las que además de saciar el hambre, también se saciaban otros apetitos. El dicho que recogemos, una suerte de carpe diem, está puesto en boca de una mujer que se dirige a su marido antes de emprender el viaje, y lo que le viene a decir es que se harte en casa de todo lo que pueda -y en todos los sentidos- porque hasta la primera parada en una venta del camino no comerá más. Se hace referencia ala Venta de Matanza, pueblo de la vecina comarca deLa Sequeda, una de las más famosas del Camino Gallego:

Fartadevos ahora, narizotas, que hasta la Venta de Matanza non catades.

El poder, la riqueza y la influencia de los comerciantes maragatos llegaron a ser tales que en los siglos XVIII y XIX se convirtieron en prestamistas, por lo que mucha gente les debía dinero y favores. Así, hubo algunos arrieros famosos y ricos, cuyas actividades dieron lugar a dichos y coplas que, con numerosas variantes, se extendieron por otras localidades del País de Maragatos. En el pueblo de Santa Colomba de Somoza fueron célebres algunos de esos arrieros, entre ellos un tal Pedro Crespo, de quienes se decía:

– ¿Quién es Dios?

– Pedro Crespo y otros dos.

– ¿Y quiénes son los otros dos?

– El ti Cristo y el ti Calisto.

Como queda dicho, la literatura popular alcanza también la picaresca, la sátira y la burla en los dicterios contra personas por su oficio, defectos físicos, costumbres… El clero, naturalmente, no podía pasar desapercibido a la inventiva de las gentes y es por ello que tenemos algunas muestras de coplas en este sentido:

Con los curas a oscuras

nunca te quedes,

que aunque llevan faldas

no son mujeres.

Y también la famosa:

En casa del señor cura

dicen que sólo hay una cama.

Si en la cama duerme el cura,

¿dónde coño duerme el ama?

En Valdespino de Somoza nos hemos encontrado con una joya de este tipo de literatura, un logrado ejemplo de síntesis significativa que combina la picaresca con el arte de la sugerencia. Hay que tener en cuenta que la vida familiar giraba en torno a las cocinas de las casas, sobretodo en invierno, en las que se reunían los miembros de la familia y otros parientes o vecinos (los famosos filandones), con presencia de niños, por lo que los temas tabú (fundamentalmente los sexuales) debían ser difuminados o encubiertos bajo otra apariencia.

Nos lo cuenta Miguel García Bolaños:

Pedíselo y ella diómelo

a la sombra de una carqueixa.

La carqueixa (Genistella sagittalis o carquesa menor) es una planta que en su máximo desarrollo no supera los 50 centímetros de altura…

En el ámbito de la toponimia y de la mitología, son frecuentes las noticias acerca de hechos sobrenaturales o extraños relacionados con la existencia de tesoros frecuentemente custodiados por serpientes o moras (todo lo relativo a la antigüedad y cuyo origen se desconoce es “del tiempo de los moros” o “de cuando los moros”).

A tres pasiños de la Fuente de Mouro

hay un saquiño de oro.

En Andiñuela nos aseguraba Manuel Morán Botas que en un pago próximo al pueblo aparecía cada siete años un sapo cubierto de oro, que había que tapar inmediatamente con un paño de lana para poder recuperar esa riqueza; de no hacerlo así, el sapo y el oro se desvanecían y había que esperar otros siete años. Y en Lucillo circula la leyenda de un gran tesoro…

Entre Muga, Remuga

y Campo de Muga

hay un tesoro

que encontrará

el arador con la reja,

el pastor con la cayata

o la oveja con la pata.2

Entre los dictados tópicos también encontramos dichos o refranes que no pertenecen a un territorio o comarca en concreto. Así, hemos hallado algunas muestras en una colección de azulejos del S.XIX, que recogemos respetando la grafía y la puntuación originales:

Mas enseña la necesidad que la universidad.

Seamos usted y yo buenos, y habra en el mundo dos pillos menos

Recoge Emilio Rovalo una costumbre maragata que consistía en “arar la nieve”: en la Alta Maragatería, el día 1 de enero los maragatos araban la nieve en la plaza del pueblo o en sus afueras. Este rito era en realidad una mascarada de invierno en la que ni la tierra era tierra, ni los bueyes que tiraban del arado eran bueyes; y en realidad las mujeres, que eran las que habitualmente realizaban las labores del campo, eran hombres. Toda esta ceremonia estaba rodeada de curiosos personajes, como zamarracos o zamarrones, xiepas, campaneiros, tajones, birrias… que contribuían a crear una atmósfera mágica, pero en un tono burlesco o lúdico. El canto que acompañaba este rito lo cita Rovalo Cilleros, que a su vez lo toma de Alonso Garrote:

¡Oh, rapazas! ¡Oh, muyieres!

¿Pur qué sodes perezousas?

¿Nun vedes qu’auestas ñieves

trayen fugazas y tortas?

Delantre estos asadores

que respetarun las fieras

nun temades en culgari

llardu, butiellu y murciellas.

Prepará los aguinaldus

mas que sean de regiellas,

y nusoutrus vus daremus

cagayas pa las mundiellas.

Las cabras y las ugüeyas

vus darán si lu facéis

muchus cabritus y años

qu’han de ñacer todos reis.

Las interpretaciones de esta suerte de ceremonia y de los cánticos que la acompañaban son variadas: el arado de la nieve es un ritual agrario cuyo objetivo es garantizar o favorecer la procreación, por lo que su relación con el sexo es indiscutible; en él las mujeres no son agentes propiamente dichos, sino que se benefician indirectamente al asimilar su fecundidad y fertilidad a las de la tierra. También están representadas las fuerzas del universo, el antagonismo yin y yang, encarnadas en los zamarrones y en las rapazas o muyieres (Rovalo Cilleros, 1994: 150-161).

En el ámbito de la indumentaria, también encontramos muestras de literatura popular. Por la amplitud de los calzones del traje maragato masculino, se decía en tono de burla:

En la Maragatería no hay en paño economía.

Recoge Ricardo García Escudero en su obra Por tierras maragatas algunas muestras de literatura popular presentes en el traje maragato. Suelen ser promesas de amor eterno, declaraciones y deseos de todo tipo. Entre las distintas prendas que describe está el cinturón, cinto o pretina, de cuero curtido, con cabritilla al exterior, y de 7 a 10 cm. de ancho; dos bolsos contiguos laterales para las castañuelas y hebilla metálica para atrás. Las maragatas, con gran paciencia y habilidad, bordan con hilo de seda fondos de color granate, y sobre ellos letreros alusivos como por ejemplo:

Viva mi dueño

Viva mi amado bien

Viva la prenda que adoro que por ella gimo y lloro

(Con variantes: Biba la prenda que adoro, que por ella jimo y lloro)

Vivan las dos, la que baila y yo (García Escudero, 1955: 49).

Sigue describiendo García Escudero prendas del traje masculino. Los calzones se sujetan en su parte superior, por debajo de las rodillas, con unas vueltas de ligas de varios colores con letreros parecidos a los del cinto:

De que esta paloma vuele te olvidara quien te quiere

El que estas ligas recibe grabado en mi pecho vive

Quien da esta espresion tambien dara el corazón

(García Escudero, 1955: 50).

Inocencio Ares también recoge algunos de estos letreros en

prendas del traje maragato:

Viva mi amado bien.

Viva mi dueño.

Viva la prenda que yo adoro que por ella gimo y lloro (variante)

Vivan los dos, la que baila y yo

(Ares Alonso, 1995: 52).

En una colección privada de Valdespino de Somoza hay un caso curioso dentro de este tipo de muestras presentes en las diferentes prendas del traje tradicional, principalmente en las cintas y en los cinturones; se trata de una promesa de amor eterno en unas cintas de principios del S. XIX, con la particularidad de que el objeto testigo o condición para que el amor perdure (en este caso un pájaro bordado en seda) se incluye en medio del texto, en una combinación de palabra e imagen poco común en aquella época. Evidentemente ese pájaro bordado nunca volará, por lo tanto el recuerdo de la persona amada siempre estará presente:

Quando este pajaro buele [pájaro bordado] te olvidara quien te quiere

En la colección etnográfica de Antonio García Leonato hay también algunos ejemplos interesantes. En una liga o cinta del traje masculino leemos en una línea central en color verde:

Quien te regala esta liga te diera toda su vida

En otra cinta de la misma colección, en bordado amarillo en el centro y blanco en los extremos, se repite el letrero:

Es la maragata gente noble leal i valiente

También en color amarillo y blanco en los extremos encontramos un letrero personalizado:

Soi para uso de Manuela Miranda recuerdo de su hermano

Antonio

Y en otra liga se puede leer:

La que esta cinta recibe grabada en mi pecho bibe

Y en dos cinturones leemos sendos enunciados desiderativos:

Viva mi dueño y señor

Viva la Virgen del Puerto

También Ares Alonso (1995: 53) incluye en su obra algunos textos procedentes de cinturones del traje maragato:

Viva mi dueño amado y libre

Viva mi amo

Te amo dueño mío

Viva mi nobia

En varias colecciones particulares de la comarca maragata hemos encontrado más ejemplos de leyendas de todo tipo bordadas en las cintas del traje, todas ellas originales y del S. XIX o anteriores. Algunas se repiten con pequeñas variantes y otras merecen ser objeto de estudios más detenidos:

El sol y la luna no ygualan tu hermosura

Una linda maragata con sus amores me mata

Si estas firme en lo que me dices los dos seremos felices

Quien te regala estas cintas te da toda su vida

La prenda que adoro que por ella gimo y lloro

Quien da esta corta espresion tambien diera el corazon

Buena esta Dios la bendiga tu pierna con esta liga

De que esta paloma vuele te olvidara el que mas te quiere

Es la maragata gente noble leal y valiente

Ai tienes mi corazon

recibelo con cariño

quedate con el

ya que no puedes conmigo

Si me amas como dices seremos los dos muy felices

La que esta cinta recibe grabada en mi pecho bibe

Ni me presto ni me doi solo de mi dueña soi

Prudencia en la mujer

En el marido bondad

Y ambos bibiran

Con toda felicidad

Soi para uso de…

Los maragatos que emigraron a América fundaron pueblos y ciudades muy conocidos como Carmen de Patagones en Argentina, San Felipe y Santiago de Montevideo, San José de Mayo y Santa Lucía enla República Orientaldel Uruguay. En un periódico de

Montevideo se publicó un poema de Luis Eduardo Pérez, maragato de San José, que dice así:

Soy maragato por fuera

y maragato por dentro

y lo digo dondequiera

porque con fervor lo siento.

Ser maragato no es sólo

el nacer en San José,

sino sentirse con fe

en camino sin recodo.

También encontramos, y son relativamente frecuentes, los cantos relacionados con el trabajo en algunos oficios, como el hilar:

Hilandera del torno

la quiero, madre,

porque la de la rueca

sale a la calle.

Y para el tejer:

Soy tejedora y tejo

con el telar de madera,

Dios me dé mucha salud

pa’ tirar la lanzadera.

Canciones de sementera, como por ejemplo:

¡Arre, buey! ¡Arre, vaca!

¡Arre romera!

Que hoy es el primer día

de sementera.

Eran de mucha tradición las canciones de cuna:

Duérmete, niño, angelito,

antes que venga la mora,

porque anda de casa en casa

por saber qué niño llora.

Recuerda José Luis López la costumbre de ajustar los pastores, una especie de bienvenida en la que quedaba contratado el pastor o la pastora y se le entregaban regalos. Anota la entrada de la pastora Joaquina Fernández, deLa Maluenga, al servicio del maragato Santiago Crespo, de Castrillo de los Polvazares, el día de San Pedro de 1850, y cuyo ajuste consistió en darle el vestido, un pañuelo y una cinta. Estos ajustes se realizaban por San Juan y San Pedro a gusto de los amos, lo que dio origen al cantar de los pastores:

San Juanico, San Juanico,

¡Cuándo acabas de venir!

Soy pastor y guardo ugüeyas,

tiengo ganas de saliri.

Adiós, ugüeyas del alma,

cordeiros del alma miya;

Dios vus traiga outro pastor

que vus dé mejor guarida,

que vus lleve monte abajo,

que vus traiga monte arriba,

a ruyer de la carqueixa

y a beber del agua fría;

a ruyer la urz albar

que vus lliene la barriga.6

Siguiendo con los pastores, es muy conocida la conversación entre un zagal y el mes de marzo, cuando el muchacho al cuidado del rebaño se burla del último mes del invierno, pues al final de este mes ya considera que la estación invernal ha pasado y sus fríos y rigores ya no son una amenaza para sus ovejas:

Un pastor le dijo a marzo:

– Marzo, marzuelo,

tú te vas y yo me quedo

con mi rebañito entero.

Y marzo le contestó:

– ¡Anda, pícaro, ladrón!

¿Aún te quedas alabando?

Con dos días que me quedan

y uno que me preste mi hermano abril

te he de dejar con las pellejas al hombro

y los cencerros al cadril.

La alusión a las pellejas y a los cencerros se refiere al hecho de que cuando una oveja muere en el campo lo único que se aprovecha es la piel, que el pastor se echará al hombro, del mismo modo que se colgará los cencerros del cinturón (el cadril es la zona de la cadera).

Todavía hoy, cuando en el mes de abril hace mucho frío, se suele decir: “Parece que hoy es el día que le prestó abril a marzo”.

En el ámbito de la gastronomía del País de Maragatos también encontramos muestras de literatura popular, empezando por algunos refranes relativos a la siembra de los cultivos más usuales en la comarca:

Por San Marcos, el garbanzal ni nacido ni por sembrar; A

sembrar por San Francisco, aunque sea en un risco; Vale más

arañazo en marzo que surco hondo en abril o mayo; tuerto y hondo,

pan con abondo…

El plato más representativo de estas tierras es el cocido maragato, cuya nota más característica es que se come al revés, es decir, se comienza por la carne porque de sobrar, que sobre la sopa.

Entre los productos maragatos de mayor fama se encuentran los embutidos, el jamón y la cecina: según los labradores dela Somoza, la vaca del país engordada en la cuadra durante tres meses, para que reponga la carne nueva, es la que tiene la piel más fina, la más adecuada para destinarla a producir cecina; tiene que estar varios meses entre los bueyes para que se anime a comer como es debido, con pienso de harina de centeno y raciones de cortes de remolacha con paja de trigo por arriba. Así, a la vaca le cambia el pelaje, se le asienta el estómago y la carne se aprieta junto al hueso de la cadera, momento en que ya es buena para matar, de ahí el dicho:

No hay mejor espejo

que la carne junto al hueso.

Las sopas de ajo, o sopas de pote, habitualmente se servían en tarteras de barro que se compraban en el mercado de Astorga o a las vendedoras ambulantes de Jiménez de Jamuz (localidad dedicada casi por entero a la actividad alfarera), por lo que de vez en cuando se oía cantar:

La cacharrera de Jiménez

hace tiempo que no viene.

Las tarteras de Perigüela

a centeno se venden.

Las sopas de pote se comen para almorzar o para cenar. Se trata de un plato elemental y muy saludable, aceptado por todas las clases sociales, y a veces se suelen servir con huevo, por lo que en fechas señaladas se procura cumplir el dicho.

– ¿Qué queréis para almorzar?

– Unas sopas de ajo

con el señor debajo

Un postre muy típico, sobretodo en época de Navidad, son las peras cocidas, peras carujas conservadas entre el muelo, o sea, entre el montón de grano de centeno. Se trata de una pera muy dura, “como demonios”, pero bien condimentada resulta muy sabrosa, incluso a los paladares más exigentes. La cocción es en un pote medianero con agua; cuando van estando en su punto, se añade vino del bueno y azúcar en cantidad. Peras y almíbar se sirven a la mesa en escudilla grandica, y se come a rancho acompañando con cuartillos de vino por aquello que se suele repetir siempre con el vino delante:

Con peras vino bebas, pues las uvas lo tienen ellas

(Ares Alonso, 1994: 58).

Durante la temporada de la siega, a partir de San Pedro, los días eran largos y apretaba el calor. Primero se tumbaba el centeno, luego el trigo y finalmente la cebada. Los mejores segadores eran gallegos, de Valdeorras o de Lugo principalmente, aunque los había de otras zonas. Se levantaban al amanecer y antes de partir la cuadrilla el

patrón de la casa, ayudado por los criados, invitaba a todos a tomar la parva: rebanadas de pan con aguardiente; las hogazas habían de ser grandes y bien metidas en harina, pero sin jata, según el dicho popular:

El pan con ojos,

el queso sin ellos,

y el vino que salte a ellos.

Y también se dice que:

Para el hombrón,

no hay pan duro

ni currusco morenón.

Los botillos maragatos no deben estar muy salados porque “El vino apaga el pementón en el ivierno, pero la demasía de sal es un infierno”. De cada gocho se suele sacar media docena de botiellos para comer en días señalados: botillo de la Colación de Nochebuena, botillo del día Primero de Año, botillo del Día de los Reyes Magos y martino del Entruejo o botillo del Entruejo.

En la localidad de Rabanal del Camino, en la Ruta Jacobea, es tradicional el gallo del Cristo. En los corrales se sabe muy bien cuál es el animal para sacrificar el día de la fiesta del Santo Cristo, el más fuerte, el más gordo, el más altanero y gallardo. Se le mima durante un año o dos con trigo, cebada, centeno, verdura, patatas cocidas con salvao… Este gallo, que es pedroso, se mata la víspera y se cuelga bien alto para que se enfríe lejos de los atrevidos gatos; se chamusca y se parte en trozos más o menos iguales para que no haya conflictos en la mesa. Ya no cantará más al amanecer, cuando dejaba tranquilas a las amas que siempre se dormían con la oración de San Antonio que les librara del peligroso zorro; ni al atardecer, cuando daba información meteorológica, según el refrán: “Cantando el gallo al solponer, tenemos siempre agua al amanecer”. En una cazuela de Perigüela con manteca, aceite de oliva, cebolla picada y pimientos verdes, se introducen los pedazos y se añade un ungüento de perejil, ajo, tomillo, laurel, vino blanco y una copa de brandy. Mientras cuece se le echan unas cacetadas de agua caliente y se revuelve a fuego muy

lento durante un par de horas. Las últimas destapadas se acompañan del dicho popular:

Tres años vive el gallo,

tres gallos vive el can,

tres canes vive el asno

y tres asnos vivirá el amo

(Ares Alonso, 1994: 104).

En Maragatos no se producía buen vino, salvo en unos pocos pueblos que tenían fama de caldos apreciados por sus habitantes, como el caso de Piedralba. Hoy día apenas quedan viñedos en toda la contorna. Cada casa producía unos 60 cántaros de vino, todos para el consumo familiar, y las cepas eran de las variedades garnacha, prieto, mencía, tempranilla o jerez. La vendimia tenía lugar por los días dela Pilaricay duraba una semana, más o menos. Las cubas se compraban enLa Bañezay, una vez repasadas, se tapaban los últimos días de noviembre, para cumplir el dicho maragato:

Por San Judas se tapan las cubas

y se quitan a los güeis las cuberturas.

El vino acompaña todas las celebraciones y normalmente se estrena en la temporada de la siega, siendo los segadores los que confirman su calidad. Se bebe de la bota y el jefe de la cuadrilla dice “Este vino puede más que las mujeres”, a lo que responden a coro los segadores, para que se entere la patrona:

Y eso que la mujer puede tanto,

que hace pecar hasta a un santo.

En la colección de azulejos que hemos mencionado, hay también cuatro muestras de literatura popular que hacen referencia indirectamente a la gastronomía, con buenas dosis de sentido del humor y filosofía práctica de la vida, y que merece la pena citar aquí:

Come a gusto y placentero, que lo ayune tu heredero.

Gastaté [sic] en juergas y vino lo que habías de dejar a sobrinos.

A la hora del yantar, el que llega es a estorbar.

Quien bien come y bien digiere solo de viejo se muere.

Recogemos un dicho que repite a menudo Antonio Martínez, el Jamonero, natural de La Maluenga y verdadera institución maragata, famoso no sólo por su negocio sino por ser el fundador del Grupo de Danzas de la Maragatería, donde toca la flauta y el tamborín. Antonio hace referencia a la condición de trajineros de sus antepasados, una actividad -la arriería- que practicaban buena parte de los habitantes de la comarca maragata; y a la evolución de aquéllos que no saben seguir la línea de trabajo y sacrificio de sus mayores, y malgastan el capital heredado. Dice así:

Padres arrieros,

hijos comerciantes,

nietos señoritos

y biznietos mendicantes.

También recuerda Antonio el Jamonero otras joyas de la literatura popular del país de Maragatos. Conversar con él es un placer para la mente curiosa, pues su memoria es prodigiosa, y es capaz de recordar los nombres de todas las piezas de los aperos de labranza, así como los de los pagos de todo el campo que recorrió de pequeño, siendo pastor. Bien podemos cerrar estas líneas con otras muestras de sabiduría popular que nos recuerda Antonio Martínez, ejemplos de conducta sabia, prudente y recta, no exentos de enseñanzas prácticas y buen humor:

No compres a quien compró,

compra a quien heredó,

que no sabe lo que costó.

Pa’ subir, una mula;

pa’ bajar, un caballo;

y para terreno llano,

un borrico castellano.

No compres casa en esquina,

mula mohína,

ni cases con mujer

que se llame Catalina.

A la mujer barbuda,

de lejos se la saluda;

si es con dos piedras,

mejor que con una.

(dicterio)

No compres la mula coja

pensando que sanará;

que si la sana cojea,

la coja…

Por Antonio García Montes

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