“Entre las ruinas de Labor”, el cuento de una flauta y un pastor

"Labor de Rey", de la colección "Los pasos perdidos" de Ignacio Evangelista. Año 2000

La asociación cultural “La Caleya” ha organizado durante los últimos años un certamen de relatos cortos y de poesía en Llionés. En la edición 2009 presenté el relato “Entre las ruinas de Labor” que resultó galardonado con el 2º Premio. Espero que os guste:

Ezequiel y Braulio acababan ese día la escuela obligatoria en Piedrasalbas. Eran primos carnales y vivían en las casas pobres de Busnadiego que se distinguían bien del resto por sus tejados de paja. Al volver a casa después de la escuela sus padres les dieron la noticia. Al día siguiente tenían que ir a Labor de Rey(1) y preguntar por el Ti Dionisio, pues era quien a partir de ahora les iba a dar cama, comida y mucho trabajo. Era la casa más rica del
pueblo y los mejores amos que podían tener. Allí les recibió Armentina y Dionisio, un matrimonio mayor y sin hijos. Pronto les explicaron todas las tareas y les enseñaron el viejo escaño mullido con paja que les serviría de cama a los dos. A los pocos días conocían cada rincón del pueblo y de su monte. Eran muy trabajadores y nunca perdieron una oveja. Ezequiel destacaba por encima de su primo Braulio; era muy listo y avispado y había
entrado por el ojo derecho de sus amos.

Después de un largo verano de siegas y tormentas llegó la recompensa. Armentina les había prometido que si trabajaban duro les llevaría e la romería de los Remedios. Y así fue. Dionisio preparó el carro con dos buenos machos y marcharon el sábado para Luyego a
buena hora. La romería les pareció algo increíble, todo estaba lleno de gente de todos los pueblos, incluso vieron a algún amigo de Busnadiego. Allí quitaron el hambre de meses, se hartaron de comer chicharro con cebolla, pulpo desalao, congrio al ajo arriero, bacalao al respingón… Todo aquello les recordaba a la romería de la Encarnación que cada 25 de marzo se hacía en Busnadiego(2). Pero lo más le impresionó a Ezequiel fue el gran baile que se organizó por la tarde. Era un corro enorme de baile lleno de mozas, de rodos y pololos que se movían en perfecta armonía. Aquel tamboritero arrancaba una tonada tras otra. Los bailadores la gozaban. Ezequiel comprendió enseguida aquella antigua danza y disfrutaba con cada nota que salía de aquella flauta y con cada palotazo del tamborín.

Al regresar en el carro, camino de Labor, bajo el camino de estrellas, comía los perdones(3)y cerraba los ojos recordando cada, baile, cada moza, cada tonada… Soñaba con aquella tarde y aquel baile y en algún día llegar a ser tamboritero. Se acordó entonces del Ti Roque, un viejo pastor de Prada de la Sierra al que había visto tocar la flauta en el fondo del valle. Ezequiel empezó a llevar las ovejas del Ti Dionisio a una majada cerca de Prada. Allí coincidía con el Ti Roque, que pronto vio el interés que mostraba el rapaz por aprender. Y, entre algún trago de la bota, le enseñó los secretos que tenían aquellos tres buracos de la flauta. El tamborín como no lo podían llevar con las ovejas lo simulaban colgándose un cayado del brazo con el que tocaban la flauta y percutiendo un palote (4) con el otro. Braulio los miraba con indiferencia o con recelo y mientras cazaba algún lagarto o pescabaalguna trucha.

Un día el Ti Roque al ver los progresos que había conseguido Ezequiel le regaló una flauta. Era una flauta de urz negral que aquellas sabias manos habían labrado. Una flauta perfecta, de voz muy dulce que siempre le acompañaba. Con aquella flauta Ezequiel alegraba las veladas en las viejas cocinas de Labor y a sus amos en las largas tardes de invierno. Junto al calor de la lumbre. Las rapazas siempre buscaban un sitio junto a el en las veladas y
Braulio celoso buscaba atención contando historias de algún lobo que le salió al camino.
De este modo fue como Ezequiel se ganó el cariño de Armentina y las mejores tajadas de los guisos. Incluso el Ti Dionisio le soltaba alguna moneda los días de fiesta. Braulio se dio cuenta y mancó a Ezequiel donde más le dolía.

Ezequiel, como todos los días, se levantó del camastro y buscó su flauta junto a su zurrón. Al no encontrarla le preguntó a Braulio y este con rabia le contestó que la había metido para la lumbre. Ezequiel lo contó entre lagrimones al Ti Dionisio, que con saña tundío a cintazos las costillas de Braulio. Así marcharon los dos para el monte con las ovejas, uno apenado y el otro dolorido. En todo el día no se dirigieron palabra, había un silencio que de vez en cuando rompía el badajo de algún cencerro, aquel día ni si quiera balaban los corderos. Al caer la tarde llegando a Labor Braulio le dijo a Ezequiel que la frauta no se quemó, que la había tirado al pozo del moro por rabia. Ezequiel corrió hasta el pozo y cuando asomó la cabeza pa ver el fondo su primo lo empujó. Casi no gritó, todo fue muy rápido. Tan rápido como marchó la gente de aquellas ruinas y de aquella miseria. Armentina y Dionisio fueron los últimos en marchar esperando por ver si algún día aparecía Ezequiel con su flauta, pero no fue así, no volvió, ni siquiera a enterrar a sus amos.

Dicen que en las noches sin luna de invierno, cuando el valle está en silencio, se oye desde Manjarín las tonadas de una flauta. Y también cuentan que un tamboritero bajó a dormir entre las ruinas de Labor para aprender aquellas tonadas. Lo encontró muerto un pastor,
que dicen era de Prada, junto a un pozo, con la flauta entre los labios y un puñado de perdones en su mano.

Por David Andrés Fernández

(1) Labor de Rey es un pueblo abandonado situado en los límites de Maragatería

(2) En Busnadiego se celebraba una romería a lado de la iglesia hoy abandonada

(3) Avellanas tostadas que se venden en las romerias

(4) Baqueta con la que se percute el tamboril.

Ahora el relato en el habla maragata :

Ezequiel y Braulio acababan esi mesmu día la escuela obrigatoria en Piedrasalbas. Yeran hermanos mielgos y vivían nas casas probes de Burnadiegu que se distinguían bien del restu polos sus teitos de cuelmo. Al volver a casa después de la escuela, sus padres dienon-ys la noticia: Al día siguienti tenían que dir a Labor de Rei y preguntar pol Ti Dionisio, pos yera quien a partir d’agora diba a dar-ys cama, comida y muitu trabayu. Yera la casa más rica’l pueblu y los meyores amos que podían tener.

Eillína recibióu-ys Armentina y Dionisio, un matrimoniu mayor y ensin fiyos. Pronto espliconun-ys todalas tareas y enseñorun-ys el vieyu escañil mullido con paya que-ys serviría de cama a los dous.

A los poucos días coñocían cada rincón del pueblu y del sou monte. Yeran bien trabayadores  y nunca perdieron una ougüeya. Ezequiel destacaba porcima’l sou hermanu Braulio; yera axeitáu y llistu cumu las aviespas, y había entráu pol güeyu dereitu de los sus amos.

Después d’un lluengu branu de siegas y truenas llegóu la recompensa. Armentina prometióu-ys que si trabayaban duro llevaría-ys a la Romeríalos Remedios. Y asína foi. Dionisio preparóu’l carru con dous buinos cebaderos y marcharon el sábadu pa Luyego a buina hora. La romería parecióu-ys dalgu increyíble, todo staba cheno xente de todolos pueblos, incluso vienon dalgún amigu de Burnadiegu. Eillí matanon la fame de meses, afartáronse de comer chicharru con cebolla, pulpo desaláu, congriu al ayu arrieru, bacaláu al respingón…

Todo aqueillo alcordaba-ys a la romería dela Encarnaciónque cada 25 de marzu facíase en Burnadiego.  Pero lo que más impresionóu a Ezequiel foi’l gran baile que s’organizóu pola tarde. Yera un corro enorme de baile cheno de mozas, de rodos y pololos que se movían en perfeuta armonía. Aquel tamburiteiru arrincaba una tonada tras outra. Los bailadores la gozaban. Ezequiel comprendió enseguidina aquella antigua danza y disfrutaba con cada nota que salía d’aqueilla frauta y con cada palotazo del tamburín.

 Al regresar no carru, caminu de Labor, baixu’l caminu d’estreillas, comía los perdones y cerraba los güeyos recordando cada, baile, cada moza, cada tonada… Soñaba con aqueilla tarde y aquel baile y en dalgún día chegar a ser tamburiteiru.

 Alcordóuse entonces del Ti Roque, un vieyu pastor de Pradala Sierraal que tenía visto tocar la frauta no fondu’l valleyu. Ezequiel empezóu a llevar las ougüeyas del Ti Dionisio a una mayada cerca de Prada. Eillína coincidía cono Ti Roque, que pronto viou l’interés que mostraba’l rapá por deprender. Y, entre dalgún tragu de la bota, enseñóu-y los secretos que tenían aqueillos tres buracos de la frauta. El tamburín cumu nun lo podían llevar conas ougüeyas imitábanlo colgándose una cayata del brazo cono que tocaban la frauta y dando-y con un palote conel outru brazu. Braulio miraba-ys con recelu o con invidia, mientras cazaba dalgún llagartu o pescaba dalguna culuebra.

 Un día, el Ti Roque al ver los progresos qu’había llográu Ezequiel regalóu-y una frauta. Yera una frauta d’urz nigral qu’aqueillas sabias manos habían llabráu. Una frauta perfeuta, de voz mui dulce que siempre acompañaba-y. Con aqueilla frauta Ezequiel allegraba las veladas nas vieyas cocinas de Labor y a los sus amos nas lluengas tardes d’ivierno. Xunto al calor de la llareira. Las rapazas siempre buscaban un sitio xunta él nas veladas y Braulio invidiosu buscaba atención contando historias de dalgún llobu que-y salióu al caminu.

Desti xeito foi cumo Ezequiel algamóu’l cariñu d’Armentina y las meyores tayadas de los guisos. Inclusu’l Ti Dionisio soltaba-y dalguna moneda los días de fiesta. Braulio dióuse cuenta  y  mancóu a Ezequiel onde más dolía-y.

Ezequiel, cumo todolos días, llevantóuse del camastru y buscóu la sua frauta xunta’l sou zurrón. Al nun encontrala preguntóu-y a Braulio y esti con rabia contestóu-y que la había metido pa la llume. Ezequiel lo contóu entre llagrimones al Ti Dionisio, que con saña tundío a cintazos las costiellas de Braulio. Asína marcharon los dous pal monte conas ougüeyas, uno apenáu y l’outro doloríu. Nun falaron en tol día. Había un silencio que de vez en cuando rompía el badayu de dalgúna esquila, aquel día nin tansiquiera balaban los corderos.

Al cayer la tarde chegando a Labor Braulio dixu-y a Ezequiel que la frauta nun se quemóu, que la había tiráu al Pozo’l Mouru por rabia. Ezequiel corrióu hasta’l pozu y cuando asomóu la cabeza pa ver el fondu, el sou hermanu lo emburrióu. Casi nun gritóu, todo foi mui rápido. Tan rápido cumo marchóu la xente d’aqueillas ruinas y daqueilla miseria. Armentina y Dionisio fueron los últimos en marchar esperando por ver si dalgún día apaecía Ezequiel cona sua frauta, pero nun foi asína, nun volvióu, nin tansiquiera a enterrar a los sous amos.

Dicen que nas nueites ensin lluna d’iviernu, cuando el valle está en silencio, óyese dende Manjarín las tonadas duna frauta. Y tamién cuentan qu’un tamburiteiru baixóu a dormir entre las ruinas de Labor p’aprender aqueillas tonadas. Lo alcuntróu muertu un pastor, que dicen yera de Prada, xunta un pozu, cona frauta entre los llabios y un puñáu de perdones na manu.

 
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8 respuestas a “Entre las ruinas de Labor”, el cuento de una flauta y un pastor

  1. R.Chao dijo:

    ¡Enhorabuena!Un cuento precioso y con un gran sabor tradicional. ¿Está basado en alguna leyenda?

  2. David A. Fdez. dijo:

    Gracias Riacardo. El cuento se me ocurrió tras haber dormido una noche de diciembre en Labor de Rey. No está basado en ninguna leyenda, pero algunos datos son reales; como la romería de la Encarnación en Busandiego, ya perdida, la existencia de un artesano de flautas en Prada de la Sierra (el Ti Tomasín) o la tradición de los perdones en las romerías y su gastronomía propia.

  3. Que bonito! pero muy triste.
    Gran dominio del lenguaje. Da gusto leer palabras que apenas se oyen y que nunca he visto escritas.
    Precioso en el habla maragata, lliones, asturlliones, cabreires. Que todo viene a cuento.
    Enhorabuena

  4. Fito dijo:

    Prestame muito, rapaz.

  5. Santigauin dijo:

    Un cuento muy bonito. La pena es que creo que de los pueblos maragatos abandonados es el que peor lo lleva al no saber casi nadie que existe. Sería interesante un artículo sobre ese pueblo tan bonito en un sitio tan bonito, si no el que más.
    enhorabuena y feliciades por este blog

    • David A. Fdez. dijo:

      Gracias por las felicitaciones, Santiaguín. Los datos que tengo sobre Labor de Rey son escasos para un artículo. Sabemos que era un anejo de Manjarín del Puerto y que ambos pueblos pertenecian al concejo de Andiñuela de Somoza, que tenía en propiedad un hospital de peregrinos en el propio Manjarín. Hoy estos pueblos pertenecen al ayuntamiento de Santa Colomba de Somoza.
      El cuento de la flauta y el pastor es una invención pero lo cierto es que hay historias de Labor de Rey igualmente tremendas. Contaba uno de los últimos habitantes del pueblo que en un invierno muy duro de nieves murió un vecino. Tal era la nevada que casi no acertaban con el cementerio. Pasaron los días esperando por ver si se retiraba la nieve pero el cuerpo empezaba a descomponerse y decidieron enterrarlo. Llegaron a donde les parecía que estaba el cementeria y cavaron cuanto les dejo el frio. Cuando la nieve se marchó tuvieron que volver a cavar el hoyo… ésta vez en la tierra…

      • Santiaguin dijo:

        Gracias por responder. Lo de que se merecería un artículo no iba necesariamente dirigido a tu blog. Leí uno muy bueno en El Faro Astorgano en julio o agosto de 2.007 (tal vez puedas acceder a leerlo) que me convenció para volver después de veinte años. Seguía el pueblo igual pero ya sin tejados, y curiosamente recuerdo que se nota aún la tapia del cementerio. La historia tétrica del cadáver la escuché o leí de Manjarín parecida, que tuvieron que enterrar el cuerpo sin la presencia de un sacerdote, desconociendo yo lo del doble entierro. Parece que cada vez es más fácil encontrar alguna foto en Internet del lugar pero el incremento va como una foto por cada dos años y alguna información cada muchos meses. Ese pueblo me lo enseñó un viejo amigo de Compludo y lo visité hacia 1.980. Volveré.

  6. David A. Fdez. dijo:

    Comentario de Juan Cruz desde el blog del tamboritero en facebook:
    “Precioso. Me hace recordar historias que contaban mis tíos y que se tienen en el olvido. Seguro que el tema da para un relato mucho más largo ambientándolo en esos años en los que la salida de la escuela era para ponerse a trabajar como un esclavo a cambio de comida para que hubiera una boca menos en casa.”

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