Un dios como una montaña

Miguel Ángel González presentó el pasado viernes 19 de agosto en Luyego su libro ‘Teleno. Señor del laberinto, del rayo y de la muerte’, donde analiza las causas profundas de los mitos leoneses

El investigador Miguel Ángel González dio a conocer el viernes en el ayuntamiento de Luyego de Somoza, a las 20.00 horas, un libro de título tan enigmático como atrayente, al menos por lo insólito: Teleno, señor del laberinto, del rayo y de la muerte. La elección del lugar no es casual, pues la comarca registró hace tres años el hallazgo de valiosos petroglifos laberínticos que movieron a González a emprender esta obra sobre el significado más profundo de los mitos leoneses. ¿Qué son los cuélebres o dragones?, ¿qué simbolizan los laberintos, tanto en representación como en danza?, ¿por qué esa fascinación histórica por el monte Teleno?

Explica el autor que aquel descubrimiento le supuso «toda una conmoción», ya que, como relata, «siempre he tenido mucho interés por las conexiones culturales del Noroeste peninsular. Supongo que esa fue la razón por la que en el verano siguiente recorrí distintos yacimientos de arte rupestre de la zona de la Costa da Morte, en Galicia. Estando en Santiago encontré el libro Santuarios de la Galicia céltica, arqueología del paisaje y religiones comparadas en la Edad del Hierro de García Quintela y Santos Estévez, que sembró en mí la posibilidad de encontrar una razón de ser a los santuarios de origen prehistórico, algunos cristianizados y otros olvidados».

«Con esta inquietud —continúa— profundicé en materias como la Astronomía, la Historia de las Religiones, la Cultura Megalítica, el Arte Rupestre o la Cultura Tradicional, y particularmente, aquella asociada a celebraciones festivas». Además, Miguel Ángel González, ingeniero de profesión, también emprendió un importante trabajo de campo, identificando lugares que podrían haber tenido un especial significado para el hombre antiguo, «reconocibles por restos arqueológicos de tipo cultual o por tradiciones populares que los singularizaban», indica. Pero, ¿qué es un lugar sagrado, como lo puede ser la Cruz de Fierro o el Teleno? Para González, lo es aquel emplazamiento «que, por alguna razón, se diferencia del resto, es singular, y permite la comunicación del hombre con aquellas fuerzas que, cree, gobiernan los ciclos y procesos del Universo. Influir o controlar estas fuerzas, mediante la magia o la religión era esencial para garantizar la supervivencia de las comunidades humanas que accedían a estos espacios. Y ese es el germen de la ciencia».

«Desde el punto de vista que planteo —explica—, los lugares sagrados debían ser una proyección del cielo en la Tierra y, además, permitir conocer el acontecimiento de las fiestas que marcaban los ciclos del Sol y la Luna, ligados a su vez con los ciclos productivos de la Naturaleza. Constituyen, por tanto, la génesis del calendario, un calendario proyectado en el paisaje». Un conocimiento que facilitaba al hombre antiguo, añade González, «garantizar su supervivencia, sintiéndose en sintonía con el orden del universo y determinando el momento de iniciar la siembra, la recolección o el traslado del ganado de un lado a otro mediante la celebración de una fiesta que al mismo tiempo permitía la cohesión de la comunidad, su articulación social y el intercambio comercial con otras comunidades».

Fuente: Diario de León

Prólogo del libro:

Peñafaciel, 2 de febrero de 2009, 8:35 a.m.: La Albarda es una enorme roca con forma de caparazón de tortuga y un par de marcas en forma de hendidura en su parte superior. La leyenda local dice que es la albarda que perdió el caballo del Apóstol Santiago después de dar un enorme salto desde el paraje próximo de El Vasico.

A esta hora el Sol nace como un pequeño disco rojizo y luminoso en un punto del horizonte que se corresponde con la proyección de la recta definida por las marcas de La Albarda. Progresivamente va ascendiendo y haciéndose más grande, inflamando el cielo, e iluminando el interior de la roca hueca que ha permanecido a oscuras el resto del año.

Es un momento muy emocionante, como arrancar al tiempo un secreto, un rito olvidado hace ya más de dos mil años; es como estar en sintonía con aquellos que lo construyeron. En verdad, afirmar que estas dos marcas están precisamente alineadas con la salida del Sol en esta fecha es infinitamente más pobre que experimentarlo.

Hoy mismo, Filiel celebra Las Candelas, la celebración de la Purificación de la Virgen una vez transcurrido el periodo de cuarenta días posterior a haber dado a luz a Jesús el día del solsticio de invierno. Es también una fecha con un origen festivo muy antiguo, una de los hitos de un calendario solar de origen prehistórico que señala el comienzo del verano y el fin del invierno junto con otras fechas como primeros de mayo o el solsticio estival. Esta transición estacional está presente en multitud de mitos como el rescate de Perséfone del Hades por parte de Hermes, la muerte del Minotauroprisionero en el laberinto por parte de Teseo, el final del tributo de las 100 doncellas, la derrota de Balor por una pedrada de Lug, la muerte y resurrección de Cristo, el despertar de la Bella Durmiente con un beso del príncipe sumida en un centenario sueño después de pincharse el dedo con un huso…

Un año antes, el 3 de febrero de 2008, fiesta de San Blas, Juan Carlos Campos publicaba en su blog[i] el hallazgo de unos petroglifos en la pedanía de Filiel, ayuntamiento de Lucillo, León, muy cerca de Peñafaciel. Fue intensamente analizado y discutido en un conocido portal web dedicado a la Protohistoria hispana, Celtiberia.net, y objeto también de noticias en prensa e incluso de un artículo que ya intuía su papel como santuario prehistórico[ii]. El contrapunto de este gran interés popular por estos grabados rupestres, vestigios del pasado astur de los leoneses, ha sido la lentitud de las instituciones político-administrativas y académicas para su estudio, protección y puesta en valor. En los meses siguientes se produjeron nuevos hallazgos, debidos especialmente al empeño de Campos y al interés de los vecinos de los pueblos maragatos en dar a conocer aquellas piedras con marcas curiosas que formaban parte de sus recuerdos. El proceso de redescubrimiento sigue abierto.

Sin embargo, el significado y función de los petroglifos, aún más enigmáticos por la poderosa proximidad del Teleno, el monte sagrado de los astures, se antojan indescifrables. ¿Por qué y cuándo fueron grabadas estas piedras y no lo fueron otras? ¿Entretenimiento ancestral de pastores? ¿Lugares sagrados de antiguo y desconocido culto?

Desde siempre para el hombre ha habido lugares con una especial consideración, lugares sagrados que permitían la comunicación con los dioses, es decir, con aquellos espíritus de la naturaleza que escapaban a su control y que decidían de forma caprichosa su supervivencia. Estos lugares, integrados en su sistema de creencias, les permitían predecir el comportamiento cíclico de la naturaleza e interactuar con ella, gobernándola con procedimientos mágicos.

Hasta no hace mucho la vida en nuestros pueblos estaba marcada por el calendario que establecía cuándo debía realizarse tal o cual operación agrícola o ganadera. Es lógico pensar que esta necesidad también existía algunos miles de años antes. La producción agrícola y ganadera sigue unos ciclos que se relacionan con los de la Luna y el Sol, y el calendario es el medio del que se ha servido la Humanidad para medir el transcurso del tiempo y para señalar los momentos más significativos de su curso. Sin embargo, ¿cómo sabía el hombre antiguo en qué momento del ciclo anual solar se encontraba? El método más obvio y sencillo es determinar las posiciones de nacimiento y puesta de Sol en el horizonte y su desplazamiento a lo largo del año entre sus posiciones extremas en los solsticios. En esta tarea habrá puntos destacados en el horizonte tales como montañas o cerros que pueden utilizarse como referencias para este fin y habrá unos lugares más adecuados que otros para realizar las observaciones. No quedaría ahí limitada la función de estas áreas santas ya que serían además escenario de otras actividades de tipo político y social como asambleas o fiestas, que además contarían con algún tipo de significado religioso pues estamos en un estadio de la Humanidad en la que lo cotidiano está imbricado en lo divino. Son, en definitiva, lugares sagrados multifuncionales, y una de estas funciones sería constituir un calendario en el paisaje definido por los solsticios, equinoccios y fechas de media estación.

De eso trata este libro, de rescatar del tiempo, de desentrañar la razón de ser de aquellos lugares especiales señalados por restos de materiales arqueológicos de carácter cultual, escenarios actuales de costumbres religiosas o habitados por seres míticos de origen remoto, en el marco geográfico de los valles altos del Duerna y Turienzo, y a la luz de datos relativos a diversas disciplinas como la Historia de las Religiones, Arqueología, Etnografía y Astronomía. De paso, a partir de los restos materiales, mitológicos y tradicionales que han llegado a nuestros días, profundizaremos en la religiosidad y cosmovisión de sus antiguos habitantes que los romanos reconocerían siglos después como los astures y que constituyen el sustrato histórico y cultural de los actuales leoneses.

Comenzaremos aplicando un modelo etnoarqueológico de identificación y localización de espacios sagrados antiguos, para a continuación rastrear los elementos mitológicos, festivos y rituales que componían el calendario antiguo a partir de las noticias de los autores clásicos y tradiciones contemporáneas. Finalmente, detallaremos los modelos matemáticos que vamos a utilizar para calcular la dirección de nacimiento y puesta del Sol u otros cuerpos celestes en distintas fechas como solsticios, equinoccios y fiestas de media estación; veremos el carácter sagrado del espacio y del tiempo para el hombre antiguo; estudiaremos algunos ejemplos de monumentos prehistóricos cuyo objeto era señalar determinadas fechas y buscaremos otros similares en nuestra zona de estudio. Finalmente plantearemos y validaremos un modelo de implantación y articulación de estos lugares en el territorio.

Un profuso acervo mítico-arqueológico sobre la Maragatería

N. MIÑAMBRES 04/12/2011

Teleno. Señor del laberinto, del rayo y de la muerte. Un estudio etnoarqueoastronómico para el estudio de los santuarios antiguos del corazón de la Asturia

No es fácil reflejar en unas líneas el contenido de esta obra, un ambicioso estudio planteado por Miguel Ángel González desde una variada perspectiva, que incluye desde visiones míticas hasta rigurosos planteamientos científicos: estadísticas, tablas, porcentajes y un variado «estimador de probabilidades» referidas a diversos campos. Todo ello está de alguna forma sintetizado en el apartado último, «25. Articulaciones en el paisaje», previo a «Conclusiones».

La obra comienza con un dato esencial: «Una año antes, el 3 de febrero de 2008, fiesta de San Blas, Juan Carlos Campos publicaba en su blog el hallazgo de unos petroglifos en la pedanía de Filiel, ayuntamiento de Lucillo» (p. 3). El sensacional descubrimiento, a la espera de una clave científica, era una confirmación más del misterio que esconden ciertas manifestaciones naturales, artificiales, folklóricas y religiosas de la Maragatería. El Teleno se erige como la «montaña sagrada» que genera y aglutina buena parte de estos «misterios». A él dedica el autor el bloque primero, de condición mitológica, que incluye «Aras sagradas», «Cuevas, túmulos y megalitos», «Arte rupestre», «El Dios-árbol», «Pozos, manantiales, fuentes…».

El bloque segundo, «La génesis del ciclo festivo», se centra en las festividades que se corresponden con las cuatro estaciones del año. Aun considerando la necesaria referencia científica, el panorama de las celebraciones de los distintos pueblos (Europa Atlántica, Germánica, Griega, Romana…) tal vez ensombrezca un poco el panorama festivo de la Maragatería. Con todo, el estudio sobre «La romería de la Virgen de los Remedios» y la Romería de Luyego resultan de gran interés.

Un peldaño sobresaliente es el bloque tercero, «El calendario en el paisaje», en el que se van confirmando in situ muchas de las aportaciones anticipadas en los apartados anteriores, resumidas en el apartado 25. Articulación del paisaje. Se trata de un resumen del «potencial astronómico de distintos lugares de nuestra zona de estudio de reconocido o supuesto origen prehistórico complementado con la deducción del posible contexto cultural e ideológico de los hombres que los construyeron en relación con lo que sabemos de la cosmología de otros pueblos prehistóricos europeos» (p. 267). Se completa con varias tablas de «Declinaciones calculadas…» respecto a los elementos esenciales estudiados.

Como obra de complejo planteamiento científico, se cierra con una aportación esencial, presente en las «Conclusiones»: el intento por demostrar cómo a la sombra mítica del Teleno han ido floreciendo una serie de culturas que, nacidas en tiempos prehistóricos, perviven en los tiempos actuales a través de manifestaciones diversas, a veces inesperadas. El planteamiento y extensión de la obra hace de ella un objetivo intelectual que exigirá tiempo y atención muy especial por parte de cualquier lector.

Más información en el blog del autor: http://asturiense.blogspot.com/

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4 respuestas a Un dios como una montaña

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