Ninguna fiesta sin tamboritero

 

Enrique Soto de Soto, autor del libro "Pasión leonesa"

Por Enrique Soto

<<Ninguna fiesta sin tamboritero>>

“En León, al igual que en las regiones vecinas y en general en todo el mundo, estamos viviendo un florecer de las manifestaciones culturales autóctonas, entre ellas están las lenguas, fiestas, símbolos, música y toda clase de tradiciones.
Es algo que ya está bautizado como neorromanticismo y, como el primer romanticismo, también este se afana en buscar las propias raíces.


El objetivo que parece perseguirse con ello es la definición de la propia identidad. Es una necesidad que se deriva de la universalización de la economía, de los elementos de la vida cotidiana y de la relativa pérdida de competencias reales de las tradicionales instituciones de autogobierno más cercanas al pueblo. ¿Quiénes como personas y como pueblo en medio de un mundo cada vez más interrelacionado e interdependiente pero también uniformizado y homogeneizado? ¿somos alguien en este mundo –globalizado- como ahora se acostumbra a decir? ¿Nos vamos a conformar con ser un número anónimo? La respuesta que todos los pueblos del mundo están dando estimar su propia identidad y personalidad, lo que les lleva a fomentar y aveces recuperar y hasta resucitar, los elementos y rasgos propios de su cultura autóctona y tradicional.
Este neorromanticismo está dándose simultáneamente al proceso de globalización y, normalmente, sin conflicto; aunque, como nota discordante, hay algunos individuos en casi todas las sociedades que no comprenden la compatibilidad de ambos procesos porque no son capaces de distinguir los ámbitos propios de cada fenómeno. Son casos que sufren, con frecuencia de modo inconsciente, un complejo de inferioridad que les obliga a renegar de lo suyo, de lo que se avergüenzan, y a adoptar lo foráneo, que siempre consideran por principio como más fino, más moderno, más útil y mejor. Estos casos hay que considerarlos como autenticas victimas de una globalización mal entendida. En nuestro entorno se les detecta fácilmente también por su propensión a acusar a otros de patetismo, de localismo y de ir n en contra del progreso. Los neorrománticos, sin embargo, tienen una alta autoestima; reconocen la igualdad de los derechos y dignidad de todos los hombres, pueblos y culturas; no reniegan de nada bueno que puedan aportarles la multitud de personas y culturas con las que ahora podemos relacionarnos; defienden la tolerancia, estiman la diversidad como una riqueza y están orgullosos de aportar sus propios valores, tradiciones y cultura al tesoro común del humanidad.
En este punto y pensando en la gente exclusivamente práctica y materialista, que los hay quiero aportar la siguiente reflexión. Cuando viajamos y salimos fuera de nuestra tierra nos gusta, y lo buscamos, encontrar algo típico, lo propio, lo autóctono de la tierra que en este momento nos acoge; es evidente que para ver lo de todos los días no merecía la pena haber salido de casa. ¿Queremos hacer del turismo una fuente de riqueza? Entonces tenemos explotar el tesoro de nuestras peculiaridades. La cultura autóctona es patrimonio que merece ser protegido, conservado y fomentado también por razones estrictamente económicas.
Habitualmente uno de los momentos en que más visitantes concurren en lugar es en el de las fiestas locales. ¿No es un gran torpeza la que cometen demasiados pueblos y ciudades leonesas cuando son capaces de organizar las fiestas sin contar sin tamboriteros ni gaiteros; sin sacar en ningún momento el pendón; sin dar oportunidad a los vecinos de que luzcan sus trajes típicos, bailen la jota o practiquen los juegos tradicionales? Creo que además de una torpeza es una vergüenza.
Pues bien, en el caso concreto de la recuperación y el fomento de la música tradicional leonesa, La Caleya ha aportado su granín de arena ya cuatro encuentros anuales de gaiteros y tamboriteros en Astoga y en el marco de las fiestas locales. Esto ha sido posibles gracias a que hemos contado con el respaldo del ayuntamiento de al que estamos sinceramente agradecidos.
Así se ha conseguido que los músicos más auténticos de nuestra cultura leonesa se conozcan, se relacionen y se sintonicen. Se ha conseguido que las instituciones y el público se interesen un poco más por lo nuestro. Y también, y esto es muy importante, se ha
manifestado la necesidad de seguir avanzando y adoptando una serie de medidas que satisfagan necesidades ineludibles para e desarrollo de este aspecto de nuestra cultura.
Entre ellas señalaré las siguientes:
-Hacer el inventario de los músicos tradicionales leoneses
-Confeccionar la guía de músicos tradicionales disponibles para fiestas, celebraciones y otros eventos.
-Proporcionar medios de formación para poder realizar la tarea de recogida, recopilación de temas, canciones, etc. con garantías científicas.
-Confeccionar una web que sirva de escaparate de la música y cultura tradicional de León.
-Y, lo más importante, educar al pueblo, empezando por los políticos, para que no permitan en ningún pueblo leonés se celebre una fiesta sin la presencia del tamboritero o del gaitero.”

Autor: Enrique Soto de Soto

Fuente: Diario de León, 24 de septiembre de 2001

Más información sobre Enrique Soto:

Enrique Soto de Soto nació en 1960 en Trobajo del Cerecedo (León) donde hizo sus primeras letras.

Licenciado en Pedagogía y en Psicología, ejerce de educador en el centro COSAMAI en Astorga, ciudad de la que se confiesa enamorado.

Plural y polifacético en aptitudes e intereses, ha participado activamente en la vida cultural astorgana, sobre todo en lo que a la cultura tradicional se refiere, a través de la Asociación Cultural La Caleya de la que es fundador y destacado animador.

Seriamente comprometido con la causa leonesista, es miembro del Comité Ejecutivo de la UPL y protagonista del proceso de refundación del partido habiendo defendido en el congreso de 2007 una ponencia en este sentido y presidiendo posteriormente la comisión que elabora los estatutos de la nueva UPL.

Es asiduo colaborador de los periódicos El Faro Astorgano y el Diario de León y coautor de la obra colectiva 500 razones por las que habrá una autonomía leonesa, coordinada por Miguel Ángel González y publicada en esta misma editorial.

Enrique es una persona de una gran curiosidad intelectual e interés por múltiples temas. No sólo los directamente relacionados con su formación académica y su actual actividad profesional en el campo de la psicología y pedagogía, sino la historia, la filosofía, el lenguaje, la religión, la ciencia, la técnica, … Y buena prueba de ello es la diversidad de temas que el lector encontrará aquí, que aunque vertebrados en torno a la reivindicación autonómica de León forman un rico mosaico donde podemos encontrar descripciones de costumbres, históricas, autobiográficas, disquisiciones filológicas, semblanzas de personajes, fantasías literarias, debates éticos y filosóficos, etc. Acorde con la diversidad de temas está la diversidad de estilos, unas veces ágil y desenvuelto, otras más metódico y sistemático en las argumentaciones buscando la precisión, otras en forma de diálogo, y siempre hábil en la batalla dialéctica, como buen aficionado al ajedrez desde niño. En todo ello resalta esa gran cualidad, la cortesía del filósofo según Ortega, o sea la claridad. Claridad expositiva, claridad argumental, que nacen de un intento honesto de convencer al lector y no de adormecerlo o decirle sólo lo que le gusta oír.

En segundo lugar está la convicción, pero sin caer en posiciones maximalistas, buscando un sensato equilibrio que algunos echamos muchas veces en falta en la política actual. Los que lo conocemos bien sabemos que Enrique es una persona dialogante ante todo, él mismo se califica de centrista, pero también de profundas convicciones y con capacidad para la duda. El lector no encontrará aquí intentos de adoctrinamiento con machacona repetición de consignas, tan al uso, sino riqueza argumental y estímulos para la reflexión y la toma de decisión propios. Por eso creo que, incluso para alguien que discrepe de algunas de las opiniones vertidas en este libro, éste será enriquecedor.

En tercer lugar yo pondría un rasgo relacionado con el anterior pero no idéntico, me refiero a la ilusión o, si se quiere, el optimismo. Porque qué fácil es que la convicción termine extrayendo su fuerza de la unilateralidad, de esa cirugía del espíritu con que algunos sólo ven una parte de la realidad y que lleva inexorablemente a la intransigencia o al fanatismo. A pesar de que en muchos artículos Enrique nos alerta sobre la penosa situación que desde muchos puntos de vista se vive en León no nos quedamos con una sensación de desánimo o de rencor. Como con un guiño cómplice el autor nos recuerda que la situación puede y debe mejorar, y con paciencia y meticulosidad nos explica las causas y concausas, ya se sabe que para evitar la visceralidad la mejor receta es el conocimiento. Pero, ¿de dónde extrae Enrique esta capacidad para la lucha sin desánimo, sin concesiones a los simplismos anestésicos o a los alineamientos inquebrantables? Creo que una de las claves es su sincera religiosidad, de esas que cumple a la perfección aquello de Kierkegaard de que la religiosidad es la ilusión después del conocimiento.

En fin, estamos ante la obra de alguien enamorado de su tierra y de sus gentes, de su historia y su futuro prometedor, que quiere encender una hermosa luz que ayude en el camino, sin soslayar las dificultades ni buscar fáciles atajos que al final acaben en precipicios.

José Antonio López. Extracto del libro “Pasión Leonesa”

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