José Vega Carrera,”Pepe” el artesano de Santa Colomba de Somoza

“De Artesano a guardián de música”

José Vega Carrera elabora, a golpe de escofina y formón, objetos e instrumentos musicales como flautas, castañuelas y tambores en su taller de Santa Colomba de Somoza.

Rodeado del paisaje y la arquitectura maragata, a las faldas de las montañas del Teleno, trabaja José Vega Carrera, en su pequeño taller en el que a golpe de escofina y formón, esculpe y da forma a los objetos e instrumentos musicales que elabora a partir de madera y que mantienen intacto el singular sonido de antaño. La pareja de castañuelas, la flauta, el tambor… se mantienen vivos en el imaginario colectivo y en la memoria de José, quién se resiste a someterse a las estructuras que marcan la industria y la automatización en la producción de diversos elementos.

Sus enseñanzas no provienen de su padre tal y como cabía esperar. Él nació en la comarca de La Cabrera, aunque desde muy pequeño ha vivido entre Tabladillo y Santa Colomba de Somoza, su lugar actual de residencia. Este artesano es autodidacta, una especie en extinción más aún en una zona que ha sufrido en las últimas décadas la despoblación de sus pueblos. Desde niño, confiesa, tuvo una navaja entre sus manos que le servía para moldear los palos que en sus tardes de paseos y juegos entretenían sus ansias de artesano.

Sus manos son testigo de su mayor pasión. Cortadas y con grietas, no dejan lugar a dudas. Al igual que las piernas son para un futbolista su mayor activo para José lo son sus manos y sus trucos para trabajar la madera, algo que se niega a desvelar. El conocimiento ha pasado de padres a hijos gracias a la tradición oral en la Maragatería. El futuro, según indica, parece no estar asegurado en sus hijos, quiénes desconocen el arte de trabajar la madera, quizá, dice, porque se pierden las bases de la cultura tradicional de la provincia.

Música tradicional es lo que resuena en su espíritu. Las canciones y composiciones que sustentan estos instrumentos le acompañan a diario y sobre todo, dice, en los momentos de mayor soledad. Su amor por estos ritmos hace que en su persona se concentren el arte de la interpretación y el de la fabricación manual y única. Eso es lo que precisamente hace incomparables sus instrumentos frente a los que se comercializan en establecimientos especializados. Esa parte de “tamboritero” no lo ha explotado y tan sólo toca en momentos de diversión rodeado de sus parientes más íntimos.

Esta actividad que no le da de comer ni a él ni a su familia, junto a los que regenta el mesón “El artesano”, al que da nombre. A diario combina sus labores cotidianas con la fabricación manual de estos instrumentos y otros objetos como cucharas de madera que desde siempre han removido las carnes y las legumbres, ingredientes imprescindibles de suculentos cocidos maragatos.

Su producción no es amplia, son pocos al mes e incluso al año. A veces por encargo y otra por iniciativa propia, intenta sacar tiempo para producir estos instrumentos. La materia prima, procede de su entorno. Nogal, brezo o moral que compra o busca en los montes de Santa Colomba de Somoza. Entre los meses de noviembre a marzo y en periodos de menguante de la luna es el momento óptimo para la corta. El paso siguiente es cocer la madera durante tres horas o enterrar las piezas en abono durante ocho días. Tras un año de secado en lugar donde no reciba la radiación de los rayos solares y ni corrientes de aire, está lista para ser trabajada.

Con la madera lista inicia el pulido de la madera, dándole forma y haciendo de pequeños trozos grandes instrumentos. En el caso de la flauta, agujera su interior y la afina, algo que le permite su experimentado oído. Más complicado resulta la fabricación del tambor a partir de madera de nogal. Por una cantidad que ronda los 600 euros cualquiera puede adquirir uno y por 80 euros por ejemplo, una flauta.

Sus clientes son en su mayoría componentes de grupos de música tradicional de la provincia y de la Escuela de Música de León. También, muchos visitantes que acuden a la zona e incluso peregrinos que aprovechan su paso por estas tierras leonesas para llevarse como recuerdo alguno de estos instrumentos musicales. Según dice entre risas José Vega, sus productos deben haber llegado “a todo el mundo”.

La globalización no ha irrumpido y parece que tardará en hacerlo. Una pequeña exposición en su laboratorio etnográfico recoge toda su contribución a la cultura y a la sociedad actual. Pequeñas piezas, pero grandes tesoros que resisten el paso de los años y el olvido que conlleva su falta de uso. Eso es lo que precisamente ha provocado que José Vega sea uno de los pocos artesanos especializados en instrumentos que continúe todavía con su labor. A principios de siglo todas las celebraciones se conmemoraban con bailes regionales y jotas que precisaban de un buen tamboritero, con su chifla o flauta y su tambor. Una forma de diversión que hoy día ha sustituido el mp3 y la música más comercial.

Jorge Alonso 16/03/2008

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