Poema: “Danza maragata”

Por José Cordero Mendaña

Ya retumba el tamboril…
La flauta vierte, lejana,
un raudal de antiguos ecos
que hace remanso en el alma.
Voz profunda de la tierra,
con devoción escuchada.

Presurosas y dispuestas,
con la ropa de las arcas
(acampanado manteo,
mandil bordado, de gala,
el pañuelo de merino,
el de cabeza, la chambra) ,
las mozas llegan en grupos
pintorescos a la plaza.

Sonando las castañuelas,
salen a bailar “la entrada”
con una hilera de mozos
que aguardándolas estaban.

Uno, barbián, luce enorme
peonía en la solapa,
ya su pareja le dice:
-Da la vuelta, resalada;
bien redonda, que se vean
las puntillas de tu enagua…
Entre intensas amapolas
florece sonrisa blanca.
El tamborilero sueña
canciones desmemoriadas.
En recios “porrom-pom-pones”
los “tiru-lirus” levanta.

Corros, jotas y morenas,
en caprichosas mudanzas,
encienden la sangre joven,
los entusiasmos desatan.
y se inicia un alboroto
y se extiende la algazara,
cuando a bailar con “el Sastre”
sale la ti Mari-Juana,
y el ti Quico y “la Canguela”
y otros viejos de pujanza.
Se oye: -¡Arriba los casados!-
Los jóvenes no se callan…

El aire, espeso, se duerme;
el crepúsculo no avanza.
En sordos “porrom-pom-pones”
los “tiru-lirus” cabalgan.
Viejos, mozos, rapacines;
todos, frenéticos, danzan…

Adquiere el baile un empaque
de seriedad mayestática
severos, los movimientos;
las actitudes, hieráticas.
¿Cuál tu origen, baile activo?
¿Dónde se esconde tu magia?
¿Quién conoce tu secreto,
vieja danza maragata?

Se quiebra el son del tambor;
expira, aguda, la flauta;
tiemblan sinfín de candiles
en las celestes moradas.
Ya la gente, silenciosa,
va camino de su casa,
con la caricia interior
de sabrosas resonancias.

¡Bien haya tu regocijo
tocado de austera gracia!
¡Bien haya el cálido hechizo
que introduces en las almas,
vieja danza de mi tierra,
vieja danza maragata!

Autor: José Cordero Mendaña*

* Hijo de padres maragatos de Quintanilla de Somoza. A la edad de 14 años emigró a Argentina, llevando grabado en mente y corazón el encanto de los bailes maragatos tan animados y alegres en aquella época, cuando había mucha gente joven en los pueblos y también los viejos eran divertidos. Esta composición poética la hizo describiendo aquel auténtico ambiente. Esta poesía figura en el primero de los tres libros de poesía que publicó.
En 2002 falleció en Buenos Aires, capital donde residía.

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