El desaparecido baile del “Canizo”

Richard Ford realizó un viaje por España en el año 1830, fruto de este viaje publica la obra  «Handbook for travellers in Spain» en la que refleja las costumbres maragatas, el uso de una “gaita mora” y de un baile desaparecido, el baile del “canizo”:


<<Astorga es el centro de la Maragatería, es decir, el país de los maragatos, quetiene una superficie de 4 leguas cuadradas. En ella están comprendidos hasta treinta y seis pueblos, siendo San Román el mejor de ellos. Algunos piensan que la palabra maragato constituye una desviación de Mauregato, el rey que tuvo que pagar a los moros cien vírgenes españolas como tributo anual. Los maragatos no sienten orgullo de tal origen, y lo mas posible es que esta historia no sea cierta. Otros, por el contrario, sitúan el origen del nombre en los moros godos, o godos españoles que convivieron entre los moros, es decir, los muzárabes.
Ahora los maragatos, como los gitanos y judíos, viven exclusivamente entre los suyos, conservando sus vestidos y tradiciones, sin casarse con nadie que no sea de su raza.

Casi todos son arrieros y se caracterizan por su proverbial honradez y diligencia. Son gentes tranquilas, graves, adustas que van directamente al grano. Sus servicios son caros, pero están compensados por la seguridad que transmiten, ya que se les puede, con toda confianza, entregar cualquier cantidad de oro. Canalizan todo el tráfico entre Galicia y las dos Castillas, siendo infrecuente verles en las tierras del Sur y del Este. Visten justilla de cuero, que les aprietan como corazas, dejando los brazos libres; su ropa aunque basta está limpia, sobre todo el cuello de la camisa o «gorguera» también llamada «lechuguilla»; alrededor de la cintura llevan un grueso cinturón de cuero, del que pende una bolsa. Los calzones se llaman «zaraguellos». Gastan polainas de tela oscura y larga, sujetas con ligas rojas, el pelo lo llevan corto, aunque algunos se dejan curiosos mechones. Esta ropa, sumamente incómoda para el viaje, viene rematada por un sombrero bajo y suelto.

El vestido de la maragata es igualmente pintoresco, lleva, si esta es casada, una especie de tocado o «caramiello», en forma de media luna, cuya parte redonda le cae sobre la, frente, costumbre mora que recuerda el tocado de las mujeres que se encuentran en el bajorrelieve de la Capilla Real de Granada. El cabello lo llevan suelto sobre los hombros y el delantal, curiosamente atado en la espalda con una faja, les cae abierto por delante y por detrás. En sus fiestas lucen sus adornos, la «joyada», de grandes cadenas de coral metálicas, con cruces, reliquias y medallas de plata. Sus pendientes son muy pesados y se sujetan con hilos de seda como las judías de Berbería.

La gran fiesta son las bodas. Es entonces cuando se reúnen en grandes grupos que eligen un presidente o padrino, que da al camarero una cierta suma de dinero, con lo que obliga al resto de los invitados a entregar la misma cantidad. La novia está envuelta en un manto que lleva puesto todo el día y que nunca más se vuelve a poner, hasta el día de la muerte de su marido. Ella no baila en la fiesta de bodas.

A la mañana siguiente, muy temprano, le son llevados a la cama a la feliz pareja dos pollos asados y por la tarde abren el baile los novios al son de la gaita mora. Sus danzas son serias y graves como su carácter. A los maragatos con sus semblantes honrados y curtidos por la intemperie, se les puede ver con sus recuas de mulas a través de todo el camino real hasta la Coruña. Generalmente van andando y, al igual que los demás arrieros españoles, aún con cantar y maldecir algo menos, están siempre apedreando y golpeando a sus machos.

La tribu maragata se reúne dos veces al año en Astorga con motivo de las festividades del Corpus y de la Ascensión, allí bailan el «canizo» comenzando a las dos de la tarde y finalizando justamente a las tres. Si alguien extraño a los maragatos se une a ellos, inmediatamente todos dejan de bailar.

Las mujeres nunca se alejan de sus hogares, al contrario que sus maridos, en general, poco caseros. Llevan aquella vida de las antiguas mujeres ibéricas, y ahora como antaño se las ve en estas tierras del Oeste trabajando en sus campos desde antes del amanecer, y es triste verlas fatigándose en estas labores tan poco femeninas.

Los maragatos son conocidos por sus excelentes bestias de carga, ya que las mulas de León gozan de gran renombre y sus asnos son esplendidos y abundantes, sobretodo cuanto más se aproxima uno a la erudita Universidad de Salamanca. Los maragatos tienen prioridad en la carretera, son los amos del camino real, por ser los canales del camino en una tierra en que las mulas y los asnos ocupan el lugar del ferrocarril. Sabedores de su importancia, ellos constituyen la regla, mientras que el que viaja por puro placer se convierte en la excepción.”

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Una respuesta a El desaparecido baile del “Canizo”

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